Somos México: luces y sombras
Como ha sido informado, Somos México ha recibido el aval definitivo del INE para convertirse en un nuevo partido politico. Podrá participar en las elecciones de 2027 para elegir diputados, gobernadores y alcaldes. Está formado, en buena medida, por exmiembros del PRD y por otros hombres y mujeres que repudiaron al PRI de Alito Moreno, que se han rehusado a integrarse al PAN, y que no estuvieron de acuerdo en sumarse a las filas del obradorismo en 2013.
El partido cuenta, en principio, con buenos cuadros. Emilio Álvarez Icaza es uno de ellos. Ha sido siempre un hombre de izquierdas, articulado, competente, que debate bien, que sabe plantar cara frente a los morenistas y que se ha ganado paulatinamente un espacio en la vida pública mexicana.
Se celebra que exista un nuevo partido político que ofrezca opciones contra el morenismo, pero que a la vez, brinde un rostro lejano de los de siempre. Será, al lado de Movimiento Ciudadano, la imagen de una aparente izquierda que pretende recuperar lo mejor de la lucha democrática del difunto PRD; batalla que sería más tarde traicionada por AMLO y los suyos.
Sin embargo, el mayor riesgo de la presencia de Somos México en la boleta electoral es la división del voto. Si no es capaz, como el PRI o el PAN, de presentar un proyecto novedoso y coherente de nación que no nada más se configure como la antítesis de Morena y como una plataforma basada solo en la oposición al partido oficial, no hará más que provocar una mayor desintegración del voto anti obradorista. Eso no conviene a los partidos de oposición, ni a la democracia, ni al país, solo a Morena y a sus aplaudidores.
Desafortunadamente, como sucede siempre en la política mexicana, las decisiones no descansarán en la militancia, sino en un puñado de individuos que serán responsables de decidir cuando mejor les conviene presentarse en alianza y cuándo hacerlo en solitario.
Lo que sí que es un hecho es que Somos México tiene el potencial de convertirse en una idea creíble; siempre y cuando los intereses cupulares, guiados por la avaricia, las prebendas y la tentación de repartirse el financiamiento público no imperen sobre los esperados valores democráticos de sus miembros.