El verdadero problema de la salud digital en México: las políticas públicas

Durante mucho tiempo, hablar de salud digital en México era hablar del futuro. Hoy, es hablar del presente. Uno en el que las decisiones que se tomen, o se pospongan, van a definir qué tipo de sistema de salud tendremos en los próximos años. Porque aunque suele plantearse como un tema tecnológico, en realidad estamos frente a una discusión más profunda: cómo organizar mejor la atención, cómo usar la información de manera inteligente y cómo garantizar acceso real en un país con brechas históricas.

La digitalización y la inteligencia artificial ya están transformando sistemas de salud en todo el mundo. Pero hay algo que conviene decir sin rodeos: incorporar tecnología no es lo mismo que transformar un sistema. De hecho, hacerlo sin una dirección clara puede generar exactamente lo contrario a lo que se busca.

Organismos como la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han insistido en que la salud digital sólo funciona cuando forma parte de una estrategia integral. Cuando no es así, aparecen los problemas conocidos: plataformas que no se comunican entre sí, información que no fluye y duplicidad de procesos. México no es ajeno a este riesgo. Por ello, la digitalización puede ser una gran oportunidad.

México tiene una alta adopción digital y un uso creciente de herramientas de inteligencia artificial. El problema es que ese dinamismo no necesariamente se traduce en cambios estructurales. Porque la tecnología no ordena sistemas por sí sola. Lo hacen las decisiones públicas, las reglas claras y la capacidad de coordinar a quienes participan en ellos.

La inteligencia artificial ilustra con claridad este punto. La evidencia reciente muestra que estas tecnologías pueden mejorar la precisión clínica y hacer un uso más eficiente de los recursos, algo especialmente valioso en contextos donde el personal médico es limitado. Pero el verdadero reto no está en tener más herramientas, sino en saber cómo integrarlas. No se trata de sumar soluciones, sino de reorganizar la forma en que funciona la atención.

Ahí es donde empiezan las decisiones complejas. Integrar implica coordinar actores, definir estándares y compartir información. También obliga a responder preguntas incómodas: quién gestiona los datos, cómo se protegen y bajo qué reglas se utilizan.

En México, un avance relevante ha sido el reconocimiento de la salud digital dentro del marco legal. Incorporarla en la Ley General de Salud envía una señal importante: ya no es un tema periférico, es parte de la política pública. Pero tener la ley no resuelve el problema. Apenas lo abre. Lo que sigue —y lo más difícil— es llevarlo a la práctica.

En este punto, iniciativas como Transform Health México aportan una idea clave: la salud digital debe construirse con criterios de equidad, inclusión y transparencia. Porque si no, el riesgo es claro: que las herramientas digitales terminen ampliando las brechas en lugar de reducirlas.

Hacia adelante, hay tres temas que van a definir el rumbo. Primero, la interoperabilidad: si los sistemas no se conectan, el resto no escala. Segundo, la gobernanza de datos: la confianza dependerá de qué tan bien se proteja y utilice la información. Y tercero, la integración real de la inteligencia artificial en los procesos de atención, más allá de la fase experimental.

México está en un punto decisivo. Tiene la oportunidad de aprovechar la digitalización para construir un sistema de salud más eficiente y equitativo. Pero también corre el riesgo de avanzar sin una visión clara, acumulando soluciones que funcionan por separado, pero no juntas. Porque los pacientes no esperan. Están adoptando las tecnologías con IA más rápidamente de lo que el sistema alcanza a cambiar para aprovecharlas de manera segura y conveniente para todos.

Al final, la discusión de fondo no es tecnológica. Es cómo se toman decisiones, cómo se coordinan los actores y qué tan claro está el objetivo. Porque la salud digital no es un fin en sí mismo, sino un medio para que las personas puedan acceder a servicios de salud de manera oportuna y con calidad.

Gustavo Ross Quaas, líder de Transform Health México

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