El gran perdedor será el PAN
En las condiciones en las que hoy se encuentra el PAN —deplorables, por decir así— resulta imposible que ese partido haga un pronóstico objetivo sobre el proceso electoral que se avecina. La realidad, visible en la actuación de sus liderazgos y de sus gobernadores, revela un síntoma claro de fracaso. En varias entidades, además del desgaste natural del último tramo de gobierno, existe un deterioro profundo que representa el preludio de una alternancia que cada vez empuja con mayor fuerza.
Lo único que queda es esperar a que los tiempos sigan su curso para que la ciudadanía —que ha demostrado votar con conciencia— salga a ratificar el momento favorable que vive el proyecto de transformación. Se trata de una cuestión de lógica y de circunstancias que, conjugadas, pintan un panorama claro sobre lo que podría ocurrir ahora que algunos servidores públicos exhiben su incapacidad.
La falta de resultados en ciertos estados ha precipitado que la sociedad mire hacia otro eje político. En Chihuahua y Guanajuato, entidades gobernadas por el panismo, se concentra un alto número de actividades al margen de la ley, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Los gobiernos del PAN deberían mostrar preocupación por estas cifras. Es un momento complejo que, más allá de las excusas, se les ha salido de control, en buena medida por la falta de voluntad para coordinarse con la federación. Así, la derrota del panismo se vuelve inevitable, pues su falta de oficio para resolver los problemas que aquejan a la población —y su incapacidad para corregir errores a tiempo— ha sido evidente.
En los estados gobernados por el PAN, más allá de los números que presuman, existe una desilusión generalizada. Se percibe soberbia, narcisismo y una desconexión total con la realidad. Las estadísticas muestran resultados negativos en seguridad, desarrollo, obra pública e infraestructura. Esa ausencia de lo más elemental revela que no existe una agenda de prioridades ni una agenda social. El panismo ha quedado atrapado en la retórica de sus dirigentes, ofreciendo excusas en lugar de soluciones. Esa actitud les ha cobrado factura y los ha llevado a perder terreno en el ánimo ciudadano. No tienen ideas ni conexión con la gente. Han dejado, en pocas palabras, un terreno fértil que será aprovechado por el movimiento de la Cuarta Transformación.
La falta de liderazgo es otro factor que acelera su desgaste. No existe, al menos por ahora, una figura capaz de conducir los destinos de una estructura que se percibe vacía. Esa ausencia, sumada al deterioro de la marca PAN, los coloca contra las cuerdas rumbo a las próximas elecciones intermedias. Resulta difícil entender cómo pueden afirmar que son la segunda fuerza política del país cuando Movimiento Ciudadano, sin tanto ruido, los ha ido rebasando. Lo peor es que no lo admiten. Siguen atrapados en un laberinto de improvisaciones y ocurrencias protagonizadas por personajes que han perdido credibilidad. Todo eso se refleja ante la opinión pública, que es, al final, quien evalúa a través de los mecanismos de participación.
Aunque parezca insistente, no encuentro una lectura distinta a la alternancia en los enclaves que hoy gobierna el PAN. Cada mes se fortalece la idea de que el panismo entregará Chihuahua, sobre todo ahora que la entidad atraviesa un entramado de incertidumbres y hechos relacionados con la presencia de agentes extranjeros.
También es importante observar el otro lado de la moneda. Hay entidades que se han tomado en serio la responsabilidad de brindar herramientas para salvaguardar la integridad de la población. Hace poco, por ejemplo, empresarios reconocieron el papel de la gobernadora Evelyn Salgado en Guerrero. Ese reconocimiento no es casualidad: la coordinación con la presidenta Claudia Sheinbaum ha detonado desarrollo y ha permitido que uno de los destinos turísticos más importantes del país siga brillando.
Lo mismo ocurre en Michoacán, donde Alfredo Ramírez Bedolla impulsa un proyecto integral que incluye la construcción de dos teleféricos: uno ya opera en Uruapan y el otro será inaugurado próximamente en Morelia. Esto demuestra que la innovación y la voluntad política pueden combinarse para generar resultados tangibles.
Otro ejemplo es Chiapas, uno de los estados más seguros del país bajo el liderazgo de Eduardo Ramírez. Allí se creó un cuerpo policial altamente efectivo que utiliza inteligencia y tecnología para inhibir actividades ilícitas. Además, la inversión pública y privada ha convertido a Chiapas en uno de los corredores más atractivos del sur. Algo similar ocurre en Yucatán, una de las regiones más seguras del país, donde Joaquín Díaz Mena ha sido arquitecto de un cambio. El sur, en conjunto, se ha convertido en un catalizador de modernidad gracias a la llegada de inversiones y proyectos que detonan desarrollo, eso sí, bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, nuestra presidenta de México.