Bomba de tiempo en Palacio, pero no la que describe Raymundo
En menos de una semana, Raymundo Riva Palacio ha dedicado dos durísimas columnas a cuestionar a Iván Silva, consultor de Claudia Sheinbaum. No tengo la menor idea acerca de si deban tomarse en serio las acusaciones del columnista de El Financiero contra dicho colaborador de la presidenta, pero dada la trayectoria periodística de don Raymundo, tiendo a pensar que suele faltar a la verdad. Sea como fuere, lo relevante en este caso no es la historia que Riva Palacio cuenta, por más que describa supuestos hechos terribles.
Lo importante, me parece, radica en las “fuentes” del columnista. No tengo la menor duda: tales “fuentes” son evidentemente enemigos internos de Silva. Afirmo esto con base en mi conocimiento de tres décadas sobre cómo se relacionan la prensa y los equipos más cercanos a quien encabeza el poder ejecutivo en México.
Dice Riva Palacio: “Hay una bomba de tiempo en Palacio Nacional y Morena que la presidenta Claudia Sheinbaum, si está enterada, debe desactivar. Y si no lo sabe, averiguar y desactivarla también. El detonante es Iván Silva”.
Aunque el autor suele recurrir a la falsedad, en las palabras citadas hay una gran verdad: el caso de Iván Silva sí es una bomba de tiempo. Sin embargo, no lo es por las razones expuestas en El Financiero, sino porque —a juzgar por las dos columnas de Riva Palacio— el consultor está provocando tantos celos en Palacio Nacional que podría desatarse una seria crisis organizacional si la presidenta no pusiera orden de inmediato.
No conozco a Iván Silva —lo he visto dos o tres veces y apenas hemos intercambiado un par de frases—, así que no estoy en condiciones de defender su trayectoria como estratega político. No obstante, si ha estado cerca de Sheinbaum, una mujer sumamente inteligente, seguro se debe a que posee virtudes que ella aprecia. Sería muy irracional por parte de la mandataria —y definitivamente a ella la caracteriza la racionalidad — mantener a su lado a un asesor que no aporte valor a sus funciones como jefa de Estado.
Para sintetizar la idea: si alguien le filtró a Riva Palacio una biografía convenientemente escandalosa de Silva y logró que este columnista de El Financiero le dedicara en siete días dos columnas brutales, la intención es clara: golpear al asesor para forzar a la presidenta a marginarlo.
Pura grilla, pues. Se trata, sin duda, de un muy perjudicial conflicto latente que la jefa del ejecutivo debería desactivar cortando alguna cabeza, después de averiguar quién en su propio equipo se dedica a esparcir presuntas atrocidades sobre un colaborador clave.