Las bardas no votan, los likes tampoco

Cada vez es más frecuente, conforme se acerca cualquier tipo de elecciones, ver en las redes sociales, medios impresos y electrónicos, así como en lonas, bardas y espectaculares llenos de propaganda a favor o en contra de un cierto candidato, muchas veces en tiempos que no son precisamente los que permite la ley, o bajo un esquema de portadas de revistas que los promueven de forma indirecta para no violar la reglamentación electoral. Sin embargo, ¿qué hay detrás de todo ese mercado?

Una de las premisas que señala el marketing político es que nadie vota por alguien que no conoce, pero ¿en verdad creen las y los políticos que por aparecer en encuestas de dudosa procedencia o trascendencia los electorados van a votar en automático por ellas y ellos solamente por haberlos visto en una publicación de Facebook, en una vinilona o en una revista que nadie lee? No dudo que dichas estrategias funcionen para que más personas te conozcan, es decir, sirven para que el nombre o la cara del aspirante quede en el imaginario colectivo, pero no tienen una injerencia real en la decisión de la o el votante cuando no se trabaja —el campo—, hoy tan despreciado por muchos políticos y asesores inexpertos que piensan que las redes sociales les harán toda la chamba.

Las redes sociales ayudan enormemente a posicionar a las y los aspirantes, pero es bastante ingenuo creer que un like es igual a un voto. Mi padre tiene más de 50 años participando en la política; de él he aprendido mucho, tiene expertise en temas electorales. Un día me dijo algo que se me quedó grabado para siempre: “Las bardas y las lonas no votan”, mensaje que he aterrizado al campo de la comunicación política digital. Si las y los electores no están convencidos de que puedes resolver sus problemas, no tienes nada más que un TikTok lleno de corazones o una biografía con muchos me gusta.

Con base en lo anteriormente descrito, es importante precisar que el reto es grande, puesto que no es fácil trasladar un buen producto comercial a territorio, ya que ¿cuántas candidatas y candidatos hemos visto desfilar en las redes sociales que tienen una “gran fama” o posicionamiento digital, pero que en la jornada electoral se desploman estrepitosamente en las urnas? Caso reciente, el de Antonio Attolini Murra en este proceso electoral en Coahuila, donde Attolini, siendo un personaje político de alto posicionamiento no solo a nivel local sino nacional, que actualmente era diputado local buscando su reelección, militando en el partido más poderoso electoralmente del país, que es Morena, con un mejor manejo de redes sociales si comparamos sus números con los de su adversaria del PRI (Verónica Martínez García), obtuvo un resultado desastroso del 22% de la votación en el PREP.

En ese mismo orden de ideas, el PRI no puede echar las campanas al vuelo por el triunfo en Coahuila ni Morena debe echarse a la hamaca; las campañas se ganan el día de la votación con sufragios, y quien quiera contender debe entender eso claramente. Es importante el posicionamiento, pero si ese no es acompañado de una estrategia de activismo y defensa del voto, no se tiene nada; ni el oficialismo ni la oposición pueden pecar de inocentes. Las campañas evocan hacerse de un equipo de expertos, no de gurús vendehumos ni de charlatanes del marketing. ¡Nos leemos pronto!

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