Nexo causal
Numerosos conflictos y debates en curso remiten a la prueba del nexo causal.
Se trata de la demostración o refutación de la relación entre causa y efecto, las leyes de causalidad, las variables más o menos independientes e intervinientes que determinan un problema o las variables dependientes.
Diferente a la noción de correlación entre unas y otras variables, que se presentan más o menos a la vez en el tiempo y el espacio, la causalidad está en el centro de las justificaciones de decisiones que interpretan hechos, datos o narrativas.
Sacrificado en el altar de la revolución digital, masacrado por las fake y las deep news, burlado hasta el cansancio por prácticas que aún llamamos indebidas, al nexo causal se le acusa de viejo positivista inútil y aprovechando sus límites se le somete al poder del poder de la persuasión mediática.
De la teoría de la evolución con o sin dioses a la del fin de la modernidad occidental y la transición a una época inédita; del ascenso y caída de los imperios a la emergencia y descolonialidad de los pueblos sometidos; del estado de naturaleza al extravío de la pretendida naturaleza jurídica del estado y el poder; de la autenticidad e integridad de la democracia liberal a la aceptación de la diferencia, pluralidad y diversidad de culturas epistémicas, ancestrales, populares, comunitarias o críticas; de la superioridad absoluta del neoliberalismo a la exhibición y prueba de sus carencias, beneficios, daños y perjuicios, y a la no aceptación o enmIenda de sus correctivos; de la legitimidad de las tesis de la ultraderecha a las de ultraizquierda; del impacto de la propaganda en la conducta del electorado o dinero ilícito en la política a la injerencia extranjera en el proceso electoral. El caso es el mismo: ¿Bajo qué condiciones se valida el nexo causal?
El nexo causal no es exclusivo del lenguaje y la práctica jurídica y procesal. Más bien invade y condiciona lo que consideramos verdad, así sea tan solo razonable o probablemente demostrada o refutada. Se aplica en todas las ciencias y me temo que en todos los saberes, de los más formales a los que creemos que son más informales o prácticos, así sea dentro de sus propios códigos de existencia y condiciones de validez. En toda ontología hay epistemología y hermenéutica.
Cuando renunciamos a la prueba racional o razonable de los hechos, en particular en cuestiones básicas o fundamentales, podemos volvernos más inhumanos y más arbitrarios, al punto de envidiar a ciertas especies que llamamos animales o simplemente seres sintientes o entes naturales o de energía, a los que explotamos o extinguimos sin piedad.
No es buena idea desconocer o negar que cierto tipo de racionalidades duras, instrumentales o utilitarias en parte han generado los males y las miserias que a su vez han motivado nuevos humanismos y sistemas de cooperación; pero tampoco podemos abandonarnos a vivir en un mundo sin razones empíricas que sostienen el pensamiento sensible y la acción para, por el contrario, diluirnos en la sola constitución interpretativa de los hechos.
En los temas nacionales: de las reformas y el modelo neoliberal precedente, a las modificaciones estructurales que llamamos Cuarta Transformación con sus respectivas estrategias y políticas; de la superminoría y no nulidad presidencial 2006, a la supermayoría inanulable de 2018 o 2024, o bien, del crecimiento y desarrollo insuficientes a la mínima compartencia entre superricos y superpobres; de la instrucción, a la educación como derecho; del garantismo penal o constitucional incompleto y hasta espurio a intentos aún limitados y urgentes integrales de recambio; de la justicia corporativa endogenizada a su ensayo electivo, política e institucionalmente heterocontrolado y con independencia, imparcialidad y eficacia indispensables.
En todo ello: ¿Requerimos más evidencia sobre el nexo causal? ¿Acaso la democracia epistémica no ha mostrado suficiente el sentido de las decisiones razonadas y apasionadas antier, ayer y hoy, de mayorías populares que se autodeterminan y revisan sus opciones y métodos sin renunciar a sus propósitos y legados históricos para vivir bien y servir mejor a nuestros semejantes, humanos o no humanos?