La felicidad del pensionado
Sobre el pensionado
Eventualmente, todo hombre no rico quiere ser o estar pensionado; hombre de la clase trabajadora, pues (las mujeres también, pero eso lo vemos otro día). Ya sea como jubilado de su desempeño en el gobierno o la empresa privada. Y hoy, en México, aunque sea con la justa pensión a adultos mayores; y si pueden juntar ambas, mucho mejor, que para la mayoría suele ser insuficiente la una o la otra. A menos que el pensionado sea de la élite corrupta que en México ha llegado a recibir entre 100 mil y 1 millón de pesos mensuales; cuestión que por ley se supone ya no sucederá más, pues el tope serán 70 mil pesos. Lo cierto es que la mayoría, hombres y mujeres, reciben mucho menos que esta última cantidad.
Lo ideal es que el pensionado (averiguo que la diferencia entre jubilación y pensión es que la primera es un proceso administrativo relacionado con el término activo del trabajo y la segunda es la cantidad de dinero mensual que recibe el ya jubilado) no llegue a esa etapa de su vida ni tan viejo ni tan cansado, mucho menos enfermo. Algunos están en el umbral de recibir la pensión y se enferman, o más injusto aún, mueren sin haber recibido el primer pago. Esto quiebra otro ideal: disfrutar por muchos años, los más que se puedan, la estabilidad y aun la felicidad del pensionado, que pueda comer y beber de todo un poco y con equilibrio, viajar, entretenerse, tener acceso a ciertos gustos, que sea capaz de disfrutar de sexo con la esposa, la novia o la amante.
Y es que claro, no se trata de sólo concebir la imagen del abuelo generoso y desdentado –el agüelito güeno–, que disfruta de sus nietos hasta que dios lo llame a su lado.
Felicidad
En realidad, he tomado esta introducción como pretexto para hablar de una película mexicana extraordinaria que se conoce muy poco: Felicidad, dirigida por Alfonso Corona Blake y estrenada durante la séptima edición del Festival Internacional de Cine de Berlín en 1957 (la Berlinale), donde fue nominada al Oso de Oro en la categoría a mejor película. Misma edición en que Pedro Infante ganó, póstumamente, el Oso de Plata a la mejor interpretación masculina por su actuación en Tizoc (Ismael Rodríguez, 1957). En México, Felicidad fue estrenada hasta agosto de 1959.
Es una película realista, cruda y aun brutal en su resolución. Emilio Carballido escribió el argumento original, la adaptación es de Zacarías G. Urquiza y el guion técnico del propio Corona Blake. Es de suma importancia la actuación de los protagonistas: Gloria Lozano, Carlos López Moctezuma y Fanny Schiller, principalmente; también destacan Elsa Cárdenas y Armando Sáenz. En general, el nivel actoral, si vale decirse, es más teatral que cinematográfico.
[La dirección musical, los arreglos y los fondos de música incidental de Felicidad son del quizá mayor musicalizador del cine mexicano, Raúl Lavista; el tema de la película es “Perfidia” (1939), de Alberto Domínguez, bolero interpretado y grabado por muchos nacional e internacionalmente, comparto aquí la primera de dos versiones de Lupita Palomera, que tiene una aproximación más clásica y característica del compositor al combinar marimba, piano y orquesta]:
[En el filme Casa Blanca, Humphrey Bogart e Ingrid Bergman bailan un fragmento de “Perfidia”]:
La interpretación de Lozano en el papel de Emma Solórzano no sólo es de excelencia en los matices de su personaje –que transita de cierta frivolidad juvenil a la tragedia personal–, es realmente conmovedora. López Moctezuma y Schiller son dos profesionales intachables. Pero Lozano es sobresaliente (quien además es la productora de la cinta) porque sorprende que semejante actriz no haya prosperado en el cine mexicano y haya rodado apenas algunas películas más. Un caso semejante al de otras actrices como la magnífica Leticia Palma, que también vio truncada su ascendente y brillante carrera cinematográfica y artística.
Don Mario Ramírez Cuevas es un viejo profesor que a punto de la jubilación recibe un ascenso tardío, dentro del aparato de la secretaría de Educación Pública (donde inicia la escena y el cineasta aprovecha para presumir los murales), que le hace permanecer en el servicio docente a pesar de recibir el consejo del retiro. El proceso hace que le retengan el pago durante siete quincenas. Al mismo tiempo, está por recibir los beneficios de haber pagado una póliza de seguros por más de 25 años. En ambos casos, el público y el privado, la maraña burocrática le impide hacer efectivos los cobros.
Tras vueltas y vueltas (“aquí no es, pase a la otra ventanilla, ¡pero si de allá vengo, me mandaron con usted!”, Carballido y Corona Blake retratan magistralmente esta típica costumbre oficinesca mexicana que a veces todavía es vigente), su encuentro casual con la simpática señorita Solórzano será el inicio de la solución de su problema burocrático, y el principio de otro problema mayor. Moviendo sus palancas, por no decir su influencia entre conocidos y compañeros (algo muy típico también en el medio en que se desarrolla la historia), ella logra que el pago de las siete quincenas al fin salga. En agradecimiento, él la invita a comer a un restaurant de lujo y toman cocteles. Naturalmente, él empieza a sentirse atraído por ella (no porque esté viejo no va a sentir emociones) y a imaginar posibilidades mientras ha olvidado, ese día, su compromiso habitual, por décadas, de ir a comer con la esposa que siempre le ha tenido preparada la comida, lista para servirle en la mesa “al señor”.
[La segunda pieza musical de la película es “Trumpetas del cha cha cha”, del cubano Enrique Jorrín]:
Él miente a Emma, se dice viudo, y empieza a crecer el drama. Ella tiene novio a quien quiere, pero es “un pobretón”. Su madre está enferma, gana poco, quiere una vida mejor, sentirse segura (“no pasar sustos, que alguien trabaje para mí”), y va enredándose en la trampa; pero no tan fácil. Porque en el contexto de los valores de la época –los cincuenta del siglo XX–, ella tiene algo muy importante que ofrecer: es “señorita”, es “virgen”. Sacrificando el amor, procurará entonces un compromiso serio con el profesor, quien no deja de cortejarla engañándola a ella y traicionando esposa y familia.
Frente a la posible felicidad del pensionado en familia, al profesor le emociona la felicidad del seductor por la circunstancia en que la vida le ha puesto de manera impensada. Y para ello tiene que mentir. Y he ahí el núcleo: el engaño y la traición como constante en la trama que tendrá un desenlace argumental y escénicamente brutal, que amenaza con ser trágico, justo cuando la compañía de seguros entregará al profesor y a su esposa los 25 mil pesos acumulados y anhelados por tantos años y que parecían imposibles. Pero antes de que esto suceda, Mario convence a Emma de realizar juntos un viaje a Acapulco.
Y no quiero quemar la película (qué ridículos se escuchan los que creen decir algo muy “cool” cuando articulan “no se las voy a spoilear”; qué horrible es la imitación y la adopción de tendencias y modas; la RAE ha aceptado espóiler, pero ya había “echar a perder”, “arruinar”), así que aquí está el enlace. Bien vale la pena admirar y asombrarse con la trama, la actuación de todos y en particular de Emma Solórzano, es decir, Gloria Lozano:
Héctor Palacio en X: @NietzscheAristo