El PRI no canta mal las rancheras

En este mismo espacio, ayer, examinábamos el grave deterioro que el PAN está atravesando a nivel nacional. No fue un colapso repentino: los líderes propios, con decisiones erráticas y malas interpretaciones de la coyuntura política, ayudaron a precipitar su caída. El panismo se ha vuelto una estructura débil que no logra responder con seriedad a los asuntos fundamentales de la agenda pública.

No obstante, los líderes de la oposición sostienen que la campaña que han lanzado contra la presidenta es el medio correcto para influir en la opinión pública; sin embargo, ese discurso muestra en verdad lo desconectada que está actualmente la oposición. La disminución que vemos se debe a esa pérdida del sentido de realidad, además de liderazgos que no consiguen formular una propuesta lógica.

Por lo tanto, un partido que llegó a ocupar posiciones de poder ha ido decayendo gradualmente, a pesar de que sus procesos electorales estuvieron caracterizados por intensas críticas, como el conflicto poselectoral de 2006. En la actualidad, el PAN se encuentra en una crisis que parece irse profundizando con cada día que pasa, debido a su pasado controvertido y a la falta de renovación.

Podemos decir lo mismo del Partido Revolucionario Institucional. El PRI, de hecho, ha caído en detrimento por la estridencia de sus dirigentes. Ellos, prácticamente viviendo en el abandono, luchan por la sobrevivencia. Su estrategia, por ejemplo, no ha despertado ningún interés entre la población civil. Es, en efecto, una narrativa repetitiva que no está produciendo eco. Hay muchos otros aspectos que podemos abordar como elementos inherentes al descenso. Todo esto es el resultado no solo de sus malos manejos, sino del flagelo de la corrupción que arrastran. Hay un rechazo notorio que, con el paso de los años, se ha ido agudizando. La única entidad que gobiernan es Coahuila, y ya comienza a notarse el aire de cambio ahora con las elecciones que se vivirán en unas semanas. No sé si eso se deba a lo mal aconsejados que están por sus estrategas o, de plano, al estigma de la podredumbre que cargan sobre sus hombros.

La situación que los aqueja es, en definitiva, grave como para ir pensando en un cambio de rumbo sustancial. Sus derrotas humillantes que les han propinado los han dejado sin ninguna posibilidad de realizar cálculos a favor. Podrán tener al dirigente más ruidoso; sin embargo, ha normalizado esa cadena de tropiezos que, al final de cuentas, es un mensaje claro de que el pueblo ha llegado al límite del hartazgo con fuerzas políticas como el PRI. Y como ya no son una opción, mayormente ahora que no responden a la exigencia de un mosaico electoral en el que se ha elevado el nivel de participación, no les queda más remedio que resignarse.

El PRI, revisando los números, se ha erosionado tanto que ha caído hasta la quinta posición sin toda chance de rentabilidad. Ha entrado, por decirlo de algún modo, a una fase literalmente terminal como para ir adelantando que no se sostendrán, máxime ahora que ningún partido tiene la intención de sumarse con ellos por los tropiezos y los fracasos que han sucedido, principalmente en la última elección presidencial donde perdieron una cantidad importante de militantes.

Lo más preocupante para ello, ahora que han perdido la brújula, es que faltan procesos electorales donde se verá reflejada no solo su decadencia, sino la pérdida de estructura que han venido en pleno descenso. Nadie, ni siquiera el PAN, tiene en mente hacer alianza con ellos. Eso significa que no sucederá lo que pasó en los comicios pasados, donde una alianza variopinta, a la par del desorden, demostró que no tiene un proyecto que les pueda favorecer en el ánimo ciudadano. Siendo así, creemos que lo que vivirá el PRI será la peor derrota en la historia ahora que se celebren las elecciones intermedias del 2027. Todo eso nos ha hecho saber el pulso de la gente y, desde luego, el cúmulo de encuestas que circulan a diario por los medios de comunicación.

Para el PRI, todo indica que se acerca el golpe definitivo. Un escenario muy parecido al que terminó por sepultar al PRD en el ámbito nacional. Todo apunta en esa dirección. Si el PAN atraviesa una crisis profunda, el Revolucionario Institucional no está en mejores condiciones. Alito Moreno, desde que asumió el control absoluto de las decisiones, ha contribuido a desmantelar la estructura que alguna vez sostuvo al tricolor.

Con determinaciones unilaterales y un estilo excluyente, dejó fuera a prácticamente todos los liderazgos relevantes, acelerando así el declive de un partido que en otro tiempo fue hegemónico y que hoy ha perdido presencia en la vida democrática del país. Bajo este panorama, el PRI parece encaminado a ocupar un lugar marginal, tal como ocurrió con el Sol Azteca, que nunca imaginó el desenlace que ahora enfrenta, especialmente tras haber perdido su registro.

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