Gobernar, legislar o impartir justicia va más allá de los likes
He repetido con frecuencia que lo que no se comunica, no existe. Y es verdad. En una democracia sana, la comunicación no es un lujo, sino una obligación. Las y los servidores públicos, las y los políticos debemos mantener un puente directo, permanente y, sobre todo, bidireccional con la ciudadanía y las redes sociales son una gran herramienta para conectar.
En la era de la inmediatez digital, la línea entre informar y simular se ha vuelto peligrosamente delgada. Preocupa que, para algunos y algunas, la imagen en redes sociales sea prioridad sobre su labor real. Olvidan que la ciudadanía necesita saber qué se hace con sus impuestos, el avance de las obras, el beneficio de las leyes y cómo las y los protege la justicia. En definitiva, el enfoque debe estar en cumplir con su responsabilidad, que queda claro no es ser influencer.
Vemos con indignación a gobernantes, funcionarias, funcionarios que parecen más preocupados por su engagement que por su desempeño. Parece que están en una carrera por ser la o el próximo gran político influencer en los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal), y en los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), confundiendo la gestión pública con una producción de contenido constante y deshumanizado, donde el ego se prioriza. Entre el filtro de Instagram y el baile de TikTok, la realidad se desdibuja y se pierde el verdadero significado del uso de las redes en el servicio público.
Hay que decirlo claro: gobernar, legislar e impartir justicia es servir, no posar y mucho menos simular. Ese instante donde se invierte más tiempo en lograr la foto/video perfecto “ayudando” a alguien, que en diseñar la política pública que solucione el problema de raíz, en lugar de generar una conexión real provoca un desencanto generalizado. Lo más grave es que no solo se pierde tiempo que debería ser para el servicio público, se invierten recursos que, entre pautas y agencias, buscan viralizar una imagen mientras las calles, los hospitales, las escuelas, las leyes, la impartición de justicia siguen esperando atención real.
La comunicación política debe volver a su esencia: ser la herramienta para escuchar, para explicar y para construir comunidad. Los “likes” no alimentan, las visualizaciones no pavimentan calles y los bots no garantizan justicia. El éxito de una o un político no debería medirse por su número de seguidores, sino por el impacto positivo en la vida de las personas, tengan o no tengan redes.
Es momento de exigir una comunicación con fondo, no solo con forma. Que el video no oculte la carencia y que la foto no sustituya la acción.
Juntas y juntos impulsemos una política de resultados reales, donde el servicio sea la prioridad y la pantalla sea solo el eco de nuestro trabajo por los demás.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
X: @JennIslas
TikTok: @jenniferislas
Instagram: @JennIslas
Facebook: Jennifer Islas V