Maternidades en libertad: el derecho a elegir

Comienzo estas líneas agradeciéndole a la mujer que me dio la vida y a quien yo le dedico mi día a día: mi mami, mi mejor amiga, la mujer de mi vida.

El Día de las Madres suele estar envuelto en una narrativa de sacrificio absoluto y abnegación silenciosa. Desde el feminismo, hoy nos toca cambiar el “regalo” por la exigencia de derechos. La maternidad no debe ser un destino biológico impuesto por la inercia social o la falta de opciones, sino una decisión política, consciente y profundamente personal.

El primer acto de soberanía sobre nuestra propia vida es el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Esto implica que la maternidad sea por elección y no “lo que la vida mande”. Para que esto sea real, el acceso a la información y a la salud sexual es fundamental: las mujeres tienen el derecho irrenunciable a determinar el número de hijos o hijas que desean tener, o incluso el derecho a no tener ninguno, sin ser juzgadas por ello.

Esta libertad debe proteger, por encima de todo, a nuestras niñas. El grito de “niñas, no madres” es una urgencia de justicia básica; forzar a una menor a la maternidad es una de las formas de violencia más crueles que existen. Necesitamos erradicar el embarazo adolescente para que el futuro de nuestras jóvenes no sea truncado antes de empezar.

Para quienes deciden ser madres, el derecho a la salud debe ser integral, digno y libre de violencia obstétrica. Pero la dignidad no termina en el parto. La estructura social actual castiga a la madre trabajadora: se tiene que hacer valer el derecho a continuar carreras profesionales sin techos de cristal ni penalizaciones por cuidar. Y para aquellas que deciden libremente permanecer en el hogar, es vital construir mecanismos que les otorguen una fuente de ingresos y libertad financiera, el trabajo de cuidados sostiene al mundo y no debe ser sinónimo de dependencia económica ni vulnerabilidad.

Hoy también abrazamos las ausencias. Acompañamos con el corazón a las madres que han perdido a una hija o un hijo, una herida que requiere justicia y consuelo social. Y no podemos olvidar el otro extremo de la vida: las madres adultas mayores que enfrentan el abandono. Una sociedad que celebra a la madre en mayo, pero la olvida en la vejez es una sociedad hipócrita.

Ser madre no debe restar derechos como mujeres. Se tiene que garantizar una vida libre de violencia en todos los espacios, incluyendo en el hogar, asegurar que la crianza sea una responsabilidad compartida y no una carga solitaria. Que la maternidad sea un camino de goce, de autonomía y de derechos garantizados.

Juntas y juntos impulsemos los derechos de todas las mujeres que deciden convertirse en mamás.

Jennifer Islas

Política y conferencista

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