La soberanía no se negocia, se defiende

Frente a los retos que enfrenta la presidenta, comunes en cualquier gobierno, sale a flote la capacidad y la profunda firmeza. Es verdad: hay situaciones que son, en definitiva, un verdadero reto para la administración federal. Así lo vemos todos, especialmente aquellos que estamos conscientes de la perspectiva que se vive; sin embargo, Claudia Sheinbaum, fiel a su estilo, ha defendido la legalidad, la democracia, la justicia, pero sobre todo la verdad. Sus posicionamientos, más allá de lo que asegure la prensa conservadora, se apegan al principio sagrado de la presunción de inocencia. En otras palabras, la mandataria dejó claro que en nuestro país hay bases y autoridades competentes. De hecho, su insistencia ha estado marcada por esa narrativa, mayormente ahora que arreció un clima de señalamientos que, a nuestro juicio, son una cortina de humo ante la visible participación de agentes extranjeros en Chihuahua. Todo eso fue notorio; incluso escaló por las pruebas que fueron presentándose ante la opinión pública. Siendo así, no debemos confundir la colaboración con la intromisión.

La presidenta Claudia Sheinbaum, desde que tomó protesta, ha salvaguardado su posición para defender a capa y espada la soberanía de nuestro país. Eso lo ha confirmado cada que tiene oportunidad de salir ante los reflectores. Hace un par de días, ante un marco perfecto como el aniversario de la Batalla del Cinco de Mayo en Puebla, fue un día especial para refrendar su compromiso. No habrá sumisión ante cualquier poder económico ni mucho menos otra nación que tenga intereses particulares. La soberanía, lo dijo con otras palabras la jefa de Estado, es exclusiva de las determinaciones que se tomen como república. No debe haber, por lo tanto, una injerencia ni interferencia de una nación extranjera bajo ningún argumento. La decisión de defenderla, por supuesto, radica en los principios básicos del proyecto de transformación. Sabemos que siempre habrá fuertes presiones por los intereses que hay de por medio; no obstante, hay marcos de cooperación a fin de alcanzar desarrollos óptimos.

Un distintivo o un referente común de nuestra democracia, desde que la Cuarta Transformación llegó al poder, es precisamente la defensa irrestricta de la soberanía. En el marco de ese respeto, a través de organismos internacionales, México ha fijado una postura clara de que el orden jurídico e institucional solo es competencia de nuestra nación. En ese discurso, de hecho, la presidenta ha encontrado muchas razones para defendernos. Claudia, desde luego, ha demostrado esa firmeza con la que se debe actuar frente a cualquier manifestación que vulnera nuestra identidad nacional. En Puebla, bajo un telón de fondo perfecto por el marco que se conmemoró, dijo que “ninguna potencia extranjera nos va a decir a los mexicanos cómo nos gobernamos, somos libres, como los indígenas que partieron a las montañas durante la conquista”. Vaya mensaje que se mandó la jefa de Estado en compañía de su gabinete.

Podemos decir, revisando a detalle su discurso, que la presidenta se centró en dos grandes temas que, de manera puntual, han impactado. El primero, sobra decir, es defender la soberanía sin dejarse aludir por presiones extranjeras. Y la otra, de igual relevancia, fue el mensaje que les mandó a los de la oposición. Les dijo, en otras palabras, que de nada servirá la sumisión que poseen con otros países, sobre todo cuando tienen en sus manos otro interés. En consecuencia, Sheinbaum aboga por la legalidad de nuestras instituciones, así como por la capacidad de estas para tomar decisiones fundamentadas en un marco jurídico y constitucional. Probablemente, sin temor a equivocarme, este mensaje ha sido uno de los discursos más emotivos que, literalmente, ponen la piel de gallina. Para ello, en definitiva, utilizó un lenguaje apropiado y encontró la narrativa perfecta para frenar cualquier embate.

De igual forma, ese mensaje se reforzó con la intervención del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta. Él, ni más ni menos, dijo a los cuatro vientos que desde Puebla se respalda plenamente a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, en la defensa de la soberanía nacional. “La soberanía no se negocia, se defiende”, así lo dijo claramente en presencia de funcionarios y representantes de las fuerzas armadas de México. Todo esto viene a confirmar, además del orgullo nacional, que estamos con la mandataria en su posición. De hecho, las encuestas hablan de un respaldo sólido en las decisiones que solo le competen al país. Miles, más bien millones, pensamos igual. Con esto, obviamente, asumimos nuestra responsabilidad tratándose de defender a capa y espada la propia soberanía.

Que prevalezca la cooperación, pero no la sumisión. De hecho, me gustó mucho el respaldo de millones de mexicanos que se manifestaron en las plataformas de comunicación, lo mismo que personajes cruciales del gabinete de Claudia Sheinbaum. Y para fortalecer ese espiral de apoyo, los líderes de las fracciones parlamentarias de la Cámara de Diputados, a través de sus redes sociales, no dudaron en mandar un mensaje de solidaridad y respaldo a la presidenta. Lo hizo Ricardo Monreal, pero también Reginaldo Sandoval. Enhorabuena por ello, máxime ahora que debemos actuar en consecuencia para salvaguardar nuestra democracia, nuestra libertad y nuestra soberanía.

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