Reventó la liga. Ahora sí, algo se rompió (¿para siempre?) entre México y España

Se han cansado de continuar viendo a México como tierra de conquista. Ejemplos no faltan: desde las ilegales e intromisoras participaciones en los procesos electorales de 2000, 2006 y 2012, en los cuales no repararon en sembrar, con el vil expediente de la calumnia y el engaño, la discordia entre los mexicanos. Incluso fueron parte toral del ruin fraude electoral de 2006, proceso en el cual, además de los despachos publicitarios encargados de aquellas campañas, el expresidente del gobierno de España, José María Aznar, participó sin pudor alguno en eventos, mítines, giras e incluso spots televisivos apoyando al candidato ganador, Felipe Calderón, sin reparar en difamar al entonces candidato opositor, Andrés Manuel López Obrador, asegurando que era “comunista”, “un peligro para México” y que, si ganaba, el país se iría a la ruina, entre muchas otras descalificaciones. Huelga decir que ocurrió todo lo contrario.

Desde que el entonces presidente López Obrador (2018-2024) envió una misiva de Estado —cobardemente filtrada a los medios por la monarquía—, en España, país plagado de personas atrapadas en un pretérito de hace siglos cuyas glorias jamás volverán, se desató una andanada de ofensas e insultos contra los mexicanos. Es cierto que la presidenta Claudia Sheinbaum tuvo a mal atizar una hoguera que nunca llegó a mayores y que se criticó mucho su reciente viaje a Barcelona; sin embargo, lo hecho en estos días por el esperpento de apellidos Díaz Ayuso rebasa todo límite. De entrada, Sheinbaum —nos guste o no— fue invitada y recibida por su par ibérico; es decir, se trató de una reunión y viaje de Estado, aunque quizá no produzca muchos frutos tangibles para ambos pueblos. Muy distinto al viaje de Ayuso, quien fue recibida por un puñado de opositores repudiados por gran parte de los mexicanos, y no por su par institucional, que habría sido la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, quien ni siquiera pareció enterarse de la presencia de esa señora en la ciudad que gobierna.

Las bajezas de Isabel Díaz Ayuso lesionan no solo la relación bilateral, sino que también constituyen una abierta violación a la Constitución mexicana, la cual —según su artículo 33— habría permitido su deportación desde el primer día, por haberse inmiscuido en política interna. ¿Qué Sheinbaum “trabaja para empobrecer a todos los mexicanos”? Bien, ojalá la próxima vez que viaje a México pueda contar que sacó a 16 millones de seres humanos de la pobreza, porque eso es lo que presume haber logrado el gobierno actual. También podría explicar cómo convirtió a su país en uno con menor tasa de desempleo dentro de la OCDE. Además, afirmó que el gobierno mexicano “siembra división y odio”, que es “populista e ineficaz”, entre otras barbaridades pronunciadas públicamente en suelo mexicano. Parece no enterarse Ayuso de que la presidenta de México goza de altos niveles de popularidad y aceptación, mientras que el partido gobernante mantiene una amplia ventaja en las encuestas de opinión. Precisamente por eso hubo personas en las calles durante su visita, no para aplaudirle, sino para lanzarle insultos y reclamos.

Me pregunto cuántas veces un político mexicano ha viajado a España para entrometerse en temas de política española. ¿Cómo reaccionarían ante un escenario así? Probablemente se rasgarían las vestiduras. Aunque, viendo los acontecimientos recientes, ya no estoy tan seguro. Parecen más obsesionados con el pasado que preocupados por el presente, como el hecho de no controlar sus fronteras o la entrega masiva de nacionalidades. Si de verdad su prioridad fuera el futuro, quizá el tema central no sería la figura de Hernán Cortés, sino el impulso de políticas públicas destinadas a fortalecer la natalidad y evitar el deterioro demográfico. Con las tendencias actuales, España podría enfrentar profundas transformaciones sociales en las próximas décadas. Mientras tanto, en México, la demografía aún proyecta un horizonte relativamente favorable.

Es claro también que para Ayuso, haber sido deportada —como mandata la Constitución— habría significado oro molido, pues habría regresado a España con la etiqueta de “víctima”, obteniendo así lo único que parece buscar: votos. De ahí que se le permitiera toda clase de abusos retóricos. Es cierto: se prohibió utilizar la Catedral Metropolitana para una misa homenaje a Hernán Cortés, para disgusto de Ayuso, Nacho Cano y otros personajes que parecen no comprender que en México las sotanas ya no tienen el poder político que conservan en algunos sectores de España. México es un Estado laico, incluso con una tradición marcadamente jacobina, y muchos consideran eso motivo de orgullo.

Algo, ahora sí, se rompió entre España y México, y es una lástima, porque se habían realizado esfuerzos importantes para fortalecer la relación diplomática. Habrá que agradecerle a Ayuso el deterioro reciente, porque ni México ni ningún otro país aceptan con agrado que extranjeros lleguen a su territorio a despreciar su Constitución, ofender su cultura y vulnerar su soberanía, tal como hizo, sin el menor pudor, la multicitada “señora” Díaz Ayuso. Ojalá algún día entiendan que así como a España se le debe respeto, México exige exactamente el mismo trato.

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