Estados Unidos, al borde de una crisis inflacionaria, pierde su tiempo con México
Las pruebas están a la vista para quién las quiera ver: el precio promedio del galón de gasolina en Estados Unidos se acerca peligrosamente a los 5 dólares, casi el doble que antes del inicio del año, antes de que Israel y Trump lanzaran su ataque ilegal contra Irán con las consecuencias que en este espacio hemos relatado.
Y cuando aumentan los combustibles, aumentan todo. Los precios de la comida, en especial la carne de res, cereales, verduras, frutas y hasta de la comida chatarra o “fast food” están por las nubes en suelo estadounidense. No sorprende, por esto, que Trump sea considerado ya el presidente más impopular de la historia de EE. UU., alcanzando apenas un 33% de aprobación en encuestas recientes.
De sus capacidades disminuidas también hemos hablado en este espacio, rivalizando ya en este aspecto a los dos últimos años de “gobierno” de Biden, quedándose abiertamente dormido en actos transmitidos en vivo en la Casa Blanca.
Así, a medio gas y completamente entregado a los intereses del sionismo apocalíptico es cómo Trump y su régimen, buscan intimidar a México (y a quién se deje) publicando rimbombantes directivas para el “combate” al narcotráfico sin mencionar ni siquiera la rehabilitación de sus decenas de millones de adictos o el endurecer penas contra su sistema de salud que receta opiáceos a diestra y siniestra.
Pero ni siquiera perdiendo el tiempo con México podrán Trump y sus secuaces lograr distraer a su población del desastre que ya tienen encima. Cuando el dinero no alcance para ponerle gasolina a sus carros para ir a trabajar, ni para tener un plato que comer, habrá sangre en las calles. Y no son malos deseos. Son realidades históricas.