Segalmex: ni castigo ni vergüenza (y apenas 1.7%)
“Detrás de cada gran fortuna hay un crimen.”
Honoré de Balzac
“La impunidad no es la ausencia de castigo; es la certeza de que no lo habrá.”
Carlos Nino
Balzac no hablaba de México, pero bien podría. Porque cuando el dinero público empieza a comportarse como fortuna privada, lo que sigue no es un error administrativo: es un crimen con contabilidad.
Hagamos cuentas —las que sí importan, no las otras.
El desfalco en Seguridad Alimentaria Mexicana supera los 15,300 millones de pesos, según la Auditoría Superior de la Federación. No es una cifra menor ni discutible: es el tamaño de un sistema que permitió convertir política social en botín.
Ahora el otro dato, el que revela el verdadero diseño del poder: el Tribunal Federal de Justicia Administrativa inhabilitó por 10 años a René Gavira Segreste y a dos exfuncionarios. La sanción incluye una indemnización por 261 millones de pesos. Traduzcamos: 1.7% del monto observado.
Balzac otra vez: si detrás de la fortuna hay crimen, aquí el crimen sale extraordinariamente barato. Tan barato que deja de ser disuasivo y se convierte en incentivo. Porque ningún mercado ofrece rendimientos del 98.3%. Ninguno… salvo el de la corrupción protegida de la Cuarta Transformación…
El expediente es conocido, pero no por eso menos obsceno: simulación de compra de azúcar, adquisiciones “urgentes” sin sustento legal, pagos por servicios inexistentes, uso de recursos públicos para operaciones financieras. Dinero destinado a los más pobres convertido en mecanismo de extracción. No es desorden. Es patrón.
Y como todo patrón, requiere algo más que operadores: necesita protección. Mucha y de alto nivel. Contra Gavira hay más de 150 denuncias ante la Fiscalía General de la República. Pero el avance judicial es selectivo, fragmentado, cuidadosamente administrado. Se castiga hacia abajo. Se protege hacia arriba.
Ahí es donde el caso deja de ser Segalmex y se vuelve régimen. Régimen obradorista. Ahora claudista.
Mientras algunos funcionarios de segundo y tercer nivel enfrentan procesos, Ignacio Ovalle, exdirector del organismo, permanece sin imputaciones de fondo y hasta fue reciclado dentro del aparato estatal. Eso ni fue ni es descuido: es diseño político morenista, ese sí al 100%.
Y entonces Balzac ya no es una observación literaria, sino una radiografía institucional: la fortuna pública desviada no solo tiene origen criminal; tiene también continuidad administrativa.
Y miren hasta donde llega la falsedad de la deformación: se desmanteló la estructura, sí. Se cambió el nombre, también. Ahora es “Alimentación para el Bienestar”. Pero el mecanismo —ese— sigue intacto.
Cuando el poder decide que el único asunto es el escándalo, pero no el sistema, lo que hace no es corregir: es renombrar. Y encima pretender hacernos creer que hacen algo contra la impunidad.
Giro de la Perinola
(1) Aquí entra Nino, puntual como bisturí. No estamos ante falta de sanciones; estamos ante sanciones diseñadas para no alterar nada. Multas marginales, procesos parciales, responsabilidades diluidas. Justicia suficiente para el boletín… insuficiente para el sistema.
Se criticó —con razón— la Estafa Maestra (7,670 millones de pesos). Pues Segalmex la duplica. Pero la diferencia no es solo el monto: es el contexto político. Antes, la corrupción era el argumento. Hoy, es el inconveniente que se administra.
El modelo de operación estatal —precios de garantía, subsidios, empresas públicas reconfiguradas— sigue generando presiones financieras y espacios de discrecionalidad. No es un accidente: es la consecuencia lógica de concentrar poder sin fortalecer controles.
Y aquí el punto incómodo —el que de verdad conecta con Nino—: cuando el castigo es simbólico y la protección es real, la impunidad deja de ser una simple falla y se convierte en su principal garantía de funcionamiento.
Por eso el 1.7% no es solo una cifra. Es una señal. Una señal de que en México el problema no es robar.
El problema es no estar en el lugar correcto cuando se reparte la protección.
(2) El 10 de mayo se acerca. A quienes han convertido la impunidad en política pública no declarada —y el saqueo en mecanismo tolerado—: ¿qué celebran exactamente? Porque si Balzac explica el origen y Nino describe el desenlace, lo que queda en medio es un sistema que ya no disimula.