La impunidad es el combustible del bullying
El Día Internacional contra el Bullying es un recordatorio de que el acoso escolar es, en esencia, una falla sistémica de nuestro tejido social. A menudo se cae en el error de minimizar estas agresiones bajo la etiqueta de “cosas de niños”, pero debemos ser contundentes: no hay aprendizaje en la humillación ni crecimiento en el miedo. Es urgente erradicarlo, sigue costando vidas, sigue lastimando a muchas y muchos estudiantes física y emocionalmente.
Cuando permitimos que un acto de violencia física, verbal o digital ocurra sin consecuencias, estamos lanzando un mensaje devastador a las nuevas generaciones: que el poder sobre el otro justifica la crueldad y que el sistema es ciego ante el dolor ajeno.
La prevención del acoso no puede ser una asignatura aislada, debe ser el aire que se respira tanto en la escuela como en el hogar. Es en la mesa de la cocina donde se siembran las semillas de la empatía; si en casa normalizamos la burla hacia quien es diferente o resolvemos los conflictos mediante el grito y la imposición, no podemos esperar que el patio del recreo sea un espacio de paz.
La responsabilidad no termina en la crianza. Las instituciones educativas tienen el deber ético de abandonar la indiferencia. Un protocolo que no se aplica es una invitación a la reincidencia. Trabajar para prevenir significa dotar a las y los alumnos de herramientas emocionales, pero trabajar para que no haya impunidad significa establecer límites claros donde la falta de respeto tenga un costo real y restaurativo.
Erradicar el bullying exige romper el pacto de silencio de las y los testigos y la pasividad de las autoridades. Cuando un caso queda impune, la víctima es agredida por segunda vez, ahora por la propia institución que debía protegerla. La verdadera justicia en el entorno escolar no busca la venganza, sino el reconocimiento del daño y la certeza de que ninguna agresión pasará inadvertida.
Solo cuando la prevención y la sanción caminen de la mano, lograremos que las escuelas dejen de ser campos de supervivencia para convertirse en los refugios de seguridad que cada niña, niño y adolescente merece. La paz escolar no es la ausencia de conflictos, sino la presencia de una justicia que nunca mira hacia otro lado.
Juntas y juntos impulsemos una comunidad escolar libre de bullying.
Jennifer Islas. Política y conferencista.