Aduanas, el riesgo de repetir viejos errores

Actualmente, la coyuntura en la que México se encuentra es compleja. Mientras en Estados Unidos se multiplican las señales de un giro hacia el proteccionismo con Donald Trump, en casa persisten problemas que amenazan con convertir cualquier oportunidad en un nuevo fracaso.

La duda es: ¿México estará listo para beneficiarse o terminará atrapado en sus propias debilidades? El regaño del representante de comercio de Estados Unidos a Marcelo Ebrard, nos hace pensar que nuestros sódicos no están contentos.

Regionalización

Durante décadas, la globalización —o la “globalifilia”, como la definió Ernesto Zedillo— fue el eje del crecimiento económico. Hoy, ese paradigma parece agotarse. Estados Unidos busca reducir su dependencia de Asia, endurecer sus controles comerciales e incluso replantear reglas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

A ello se suma un entorno internacional inestable, donde el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha reconfigurado prioridades estratégicas, particularmente en sectores como energía, seguridad y comercio.

Este tipo de tensiones ha acelerado una lógica de bloques regionales y de relocalización productiva, donde la seguridad nacional pesa tanto como la eficiencia económica, debilitando aún más el modelo de apertura irrestricta que dominó las últimas décadas.

En teoría, este nuevo entorno podría beneficiar a México. El nearshoring coloca al país en una posición estratégica dentro de las cadenas de suministro. Sin embargo, existe una diferencia clave entre aprovechar una tendencia y depender pasivamente de ella.

Sin una política industrial seria —que fortalezca empresas nacionales, impulse innovación y eleve el contenido local de las exportaciones—, México corre el riesgo de quedarse como simple ensamblador dentro de la región. Es decir, más integración, pero no necesariamente más desarrollo.

El problema es que el proteccionismo no es en sí mismo una solución debe acompañarse de capacidades internas.

El costo oculto

El endurecimiento comercial y regulatorio suele tener efectos secundarios que pocas veces se reconocen en el discurso político. Cuando importar se vuelve más difícil, caro o burocrático, los incentivos para evadir la ley aumentan.

En ese terreno, las aduanas se vuelven un punto crítico. No solo como filtro del comercio, sino como espacio donde pueden reproducirse —o combatirse— prácticas de corrupción, discrecionalidad e impunidad.

Diversas denuncias públicas han señalado posibles irregularidades dentro de la Agencia Nacional de Aduanas de México: desde presuntos cobros indebidos para liberar mercancías, hasta manipulación de procesos administrativos o debilitamiento de mecanismos de vigilancia. Son acusaciones graves que deben investigarse a fondo, pero que, independientemente de su resolución, revelan la fragilidad institucional.

Si el cumplimiento de la ley depende de pagos extraoficiales o de redes informales de poder, cualquier intento de fortalecer el control comercial puede terminar generando el efecto contrario: más contrabando, más informalidad y menos recaudación.

Orden interno

El debate no debería centrarse únicamente en si México debe alinearse con una política más proteccionista o mantener su apertura. El verdadero desafío está dentro del país.

Sin una reforma fiscal que simplifique el cumplimiento, sin instituciones capaces de hacer valer la ley de manera consistente y sin una estrategia clara para elevar la productividad, cualquier cambio en el entorno internacional será insuficiente.

Lo mismo ocurre en el ámbito laboral: encarecer la formalidad sin mejorar las condiciones de productividad solo empuja a más personas hacia la informalidad y ahí es tierra fértil para que proliferan los abusos y la precariedad.

México no necesita más controles si estos no vienen acompañados de Estado de derecho. No necesita más barreras si estas pueden ser negociadas en la práctica, ni mucho menos necesita más discursos sobre soberanía económica si, en los hechos, las instituciones encargadas de hacerla valer son vulnerables.

La eventual regionalización de América del Norte (o México y Estados Unidos sin Canadá) podría ser una oportunidad histórica. Pero también corre el riesgo de convertirse en uno de los mayores obstáculos si no se entiende que el desarrollo no viene del exterior, que si México no se desarrolla como se espera, es por las fallas internas que lleva años postergando.

X: @diaz_manuel

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