La última y la primera

“Nacimos de muchas madres, pero aquí solo hay hermanos.”

“La vida y la muerte bailando, con la cerveza en la mano.”

Rubén Blades, Glorieta del Ahuehuete. 31 de diciembre 2023

El último texto del 2023 y el primero del año que ya entró. Crecer nos implica el enorme reto de lidiar con la melancolía mezclada con júbilo de cada nuevo ciclo del calendario juliano. Pienso como nunca en quienes han llegado, pero, sobre todo, el significado de los recuerdos que construimos a cada momento y que integran el mosaico que tendremos cuando dejemos de estar quienes estamos. Pienso en quienes se fueron.

Veo a mi madre pensando en su madre; a los adultos recordando sus propias versiones de infantes; a los hermanos que viven en ciudades distintas llamarse recordando sus propios episodios infantiles mientras juegan a ser adultos cuidando, ahora, a su descendencia; veo en los ojos de los ancianos la incredulidad del paso del tiempo. Ese balde cargado con agua fría de los años acelerados que en un respiro les robó la juventud.

Albert Einstein pensaba que el tiempo no es una entidad absoluta; más bien, es relativo. Einstein conceptualiza el espacio-tiempo como una unidad inseparable. Aunque comúnmente percibimos el tiempo como transcurriendo de manera constante, al igual que la gravedad puede alterar o deformar el espacio, también puede expandir o contraer el tiempo.

Vivir implica aprender que el tiempo se deforma en la memoria y aquello que nos hizo felices o que nos dolió, eso que, por alguna razón, nos marcó, se sentirá casi igual o con mayor intensidad que cuando lo vivimos así hayan pasado sexenios completos. Aprender las reglas del tiempo nos permitirá disfrutar mejor aquel amor que ya pasó y entender que, dentro de la temporalidad, aquellos momentos bellos pueden ser eternos siempre que los podamos resguardar en la memoria. Probablemente, las fotografías, los olores, los sabores, los detalles y esos símbolos inherentes a las épocas, como el clima o el olor a ponche, son los mejores ganchos para combatir al olvido.

Escuchando a Rubén Blades cantar sobre Paseo de la Reforma al grito de. “Oshun, Ollá, Ashé”, seres míticos de la religión Yoruba que se conoce en el argot popular como santería, no pude evitar pensar en que este 2023, casi medio millón de migrantes se refugiaron en nuestro país con sus manos llenas de recuerdos y las maletas empacadas en los años de memoria que sus cuerpos pueden portar.

Pienso en que en el transcurso de 2023, México ascendió al tercer puesto mundial en términos de solicitudes de asilo. Entre enero y noviembre del año pasado, se registró un incremento del 71% en el flujo migratorio en comparación con el mismo período de 2022, con un total de 486,424 migrantes que fueron “presentados” ante las autoridades. Gran cantidad de ellos provienen de Haití y cerca del 15% provienen de África. La Yoruba tiene origen en Cuba, África y países de América Latina. Oshun es la mujer de los ríos mientras que Ollá es la reina de los panteones y patrona de la muerte. “Ashé” es la energía básica del universo, el átomo que nos une y nos da vida, la magia de los “orishas” y aquello que permite el equilibrio de la existencia.

Pienso en las familias migrantes alojadas en los rincones de México, particularmente en quienes han hecho de la Cuauhtémoc su hogar. Pienso en el júbilo y la nostalgia de recibir en tierras desconocidas un nuevo año, en donde tan solo la música siendo orquesta molecular que transforma emociones tuvo capacidad de hacerles sentir en casa. Los miro bailando con la rabia enorme de saberse vivos, con la sencillez tremenda de festejar la vida por la vida. Sin pretensiones. Felices porque estar y poder recordar es más importante que haber estrenado ropa, hecho rituales, bebido licores finos o haber logrado esos kilos menos que se proponen todos aquellos que viven otro tipo de éxodos. Imagino su sorpresa al escuchar el nombre de los orishas que los apadrinaron en la tierra que los vio nacer, y cuya mención ahora mismo, puede hacerles sentir como un abrazo en la tierra lejana.

Creo que 2023 ha sido un año en que las religiones guardaron sus principios en la frágil naturaleza humana que se corrompe. En una religión judeo-cristiana que pregona amor mientras sus militantes más poderosos operan uno de los peores – y más largos- genocidios de la historia en contra del pueblo palestino. Creo en que la palabra seguirá siendo nuestro vehículo más poderoso, pero principalmente, comienzo a preocuparme por confiar demasiado en la era digital.

Como nunca, valorar las hemerotecas y las bibliotecas, aferrarnos a los periódicos impresos y a la palabra escrita, a los panfletos, a curar y curarnos mediante la escritura y la lectura anticipando cualquier tipo de apagón analógico. Les invito, lectores adorados, a proponerse este 2024 escribir cartas a mano para sus seres queridos. Cuenten a sus hijitos que ahora son bebés, lo que están viviendo y sintiendo. Anoten esa receta que cada año provee de calidez el hogar. Tengan una libreta para cada año en la que puedan solicitar a sus seres cercanos que les dediquen mensajes constantes. Guarden ese recuerdo. Abracen a sus madres y a sus abuelas y a sus padres.

Agradezcamos la vida, la lectura, la palabra, la libertad. Abracemos tanto hasta cansarnos pues esta certeza de compartir un año más tiene fecha de caducidad y debemos aprender a capturar el segundo de goce para extenderlo, relativizarlo en el tiempo, hacerlo nuestro e inmortal, hacerlo vivible y aprovechar antes de que las ausencias pesen más por los “quizás”.

Les deseo un hermoso 2024, lleno de paradigmas rotos y espejos completos. Un año de mesas llenas de amor, abrazos apretados, sonrisas eternas. Que ninguna elección nos separe de nuestras amistades y nuestros amores, que la vida política sea motivo de unión y no de odio ni desencuentros. Que podamos celebrar los tiempos que vivimos porque son grandiosos y lo mejor es que los estamos viviendo. Que podamos seguir recordando a los que ya no están. Que la memoria nos disuelva el tiempo y nos permita seguir sintiendo lo mejor. Que el olvido nos abrace y nos ayude a sanar aquello que nos dolió. Que la vida sea vida para quienes la vivimos, que los días se llenen de coraje para ser felices. Que ninguna muerte de los asesinados se los lleve. Que los desaparecidos se encuentren, que vuelvan los que faltan. Que los que matan dejen de matar y las campanas nunca dejen de sonar. Feliz 2024. Ashé para todos los pueblos.

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