¿En México terminó el régimen de corrupción y privilegios?
La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró en su conferencia mañanera del pasado 9 de junio que existe “mucha hipocresía y desfachatez” en las acusaciones de corrupción lanzadas por la oposición contra su gobierno.
Sin embargo, el problema es que la narrativa se vuelve hueca y cínica, cuando los principales cuestionamientos ya no provienen de sus adversarios políticos, sino de una realidad que contradice diariamente el discurso de la austeridad republicana.
El movimiento que construyó durante años Andrés Manuel López Obrador se sustentó en la promesa de terminar con el régimen de corrupción y privilegios. Señaló a los gobiernos anteriores por excesos, lujos y enriquecimiento y presentó la Cuarta Transformación como una alternativa moral con funcionarios que vivirían en la justa medianía y asegurando que el poder dejaría de ser un instrumento de beneficio personal.
Frente a la promesa: los hechos
Las evidencias acumuladas durante los últimos años muestran que la austeridad franciscana fue simple propaganda y no una práctica de gobierno.
La familia del expresidente ha protagonizado episodios que contrastan con la narrativa de desaparecer privilegios. Desde la polémica Casa Gris en Houston hasta celebraciones, propiedades y estilos de vida que difícilmente encajan con la imagen de modestia que durante años intentó proyectar AMLO desde Palacio Nacional.
Mismo caso para el círculo de poder que terminó por convertirse en una nueva élite con privilegios. Gobernadores, legisladores, funcionarios federales y dirigentes morenistas han sido exhibidos con propiedades que superan por mucho los sueldos de funcionarios públicos.
Celebraciones y negocios otorgados por la cercanía a integrantes de la familia López Obrador; el patrimonio inmobiliario de funcionarios como Manuel Bartlett y Alfonso Durazo; los viajes en clase ejecutiva o primera clase de Gerardo Fernández Noroña; las estancias en hoteles de lujo de Ricardo Monreal y Mario Delgado; los elevados estilos de vida de gobernadores como Marina del Pilar y Layda Sansores; o la presencia de funcionarios en eventos exclusivos y espectáculos reservados para las élites económicas.
Casos distintos entre sí, pero que contrastan frontalmente con el discurso de austeridad republicana que Morena convirtió en bandera política durante años.
Estos casos destacados y una larga lista más, alimentan una percepción cada vez más extendida de que los privilegios no desaparecieron, simplemente cambiaron de beneficiarios. No luchaban contra ellos simplemente esperaban su turno.
Morena llegó al poder construyendo su legitimidad sobre la base de denunciar los excesos de las élites políticas y económicas. Pero hoy muchos de quienes hicieron carrera en la izquierda mexicana señalando con índice de fuego los abusos del pasado, aparecen disfrutando estilos de vida que antes calificaban como inmorales y hasta ofensivos.
La austeridad nunca llegó
Les faltó congruencia. El proyecto político no podía sostenerse en la condena permanente al pasado para después justificar conductas similares cuando los protagonistas pertenecen a Morena y los suyos.
Mientras millones de mexicanos enfrentan un sistema de salud deteriorado, escuelas con carencias, carreteras abandonadas, inseguridad y una economía familiar cada vez más precaria, la nueva clase gobernante se despega de la realidad cotidiana de los ciudadanos.
Morena sigue diciendo “no somos iguales” pero la narrativa de la pobreza franciscana que fue una herramienta política extraordinariamente eficaz para conquistar el poder, resultó muy difícil de sostener frente a las evidencias que se acumulan día tras día.
El fracaso de una promesa
La pregunta ya no es si terminó el régimen de corrupción y privilegios.
La verdadera pregunta es cuántos escándalos más tendrán que acumularse para que los mexicanos reconozcan y acepten que la Cuarta Transformación no eliminó los privilegios de la política mexicana.
Es quizás donde radica la mayor ironía del obradorismo. Llegar prometiendo erradicar algo y terminar ocho años después, consolidando una nueva élite política tan soberbia, ostentosa e impune como la que prometió sepultar.
X:@diaz_manuel