Pintando el fracaso
Apenas dos días después de que la presidenta Claudia Sheinbaum inauguró la primera fase de la remodelación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), una parte de la techumbre de un puente peatonal cercano a la Terminal 1 colapsó.
Algo injustificable. La remodelación integral para el Mundial de futbol fue anunciada y coordinada directamente por la presidenta de la República, asignándole la ejecución física a la Secretaría de Marina, que la realizó en conjunto con el Gobierno de la CDMX de Clara Brugada.
Más allá de las responsabilidades técnicas, el incidente se convirtió en una metáfora involuntaria de la actual administración capitalina, más obsesionada con la narrativa y por pintar ajolotes, colorear mobiliario urbano y sembrar cempasúchiles en Paseo de la Reforma (fuera de temporada) que por atender el mantenimiento, movilidad, seguridad e infraestructura urbana de una ciudad que se cae a pedazos.
Gobernar la imagen
La administración de Clara Brugada apostó por maquillar los espacios públicos e improvisar proyectos ornamentales que buscan construir una identidad visual que convierte a la CDMX en un gigantesco escenario de propaganda electorera.
No está mal embellecer el entorno. Toda gran ciudad necesita arte urbano, áreas verdes y símbolos que fortalezcan el sentido de pertenencia, el problema es cuando la imagen sustituye a la gestión.
Las intervenciones estéticas inevitablemente arrojan preguntas sobre lo que se considera como prioridad. ¿Cuánto se invierte? ¿Qué criterios determinan su ejecución? ¿Por qué se pintan murales y calles mientras persisten problemas que afectan a millones de habitantes de la capital?
Los contratos que Clara Brugada ha otorgado desde 2019 a la empresa Impacto en Imagen y Color superan los 250 millones de pesos. El diputado Federico Döring, señaló que la acumulación de contratos con el proveedor podría estar relacionado con la elección de 2027 y el legislador Royfid Torres, coincidió en que se expliquen los procesos de asignación y montos involucrados.
Pues más allá del color de una banqueta, está el hecho de si la administración de Brugada destina suficiente atención política y presupuestal a las problemáticas que determinan la calidad de vida de los capitalinos.
La infraestructura olvidada
La Ciudad de México necesita mucho más que una pintadita. Necesita puentes seguros, drenajes funcionales, mejores vialidades y sistemas de transporte confiables.
El caso del Metro es el mejor ejemplo. Después del colapso de la Línea 12, se han presentado múltiples incidentes operativos, retrasos, filtraciones, fallas eléctricas y denuncias por falta de mantenimiento. Millones de usuarios se transportan diariamente en un sistema que opera bajo una enorme presión.
Y la movilidad de la ciudad enfrenta problemas históricos de infraestructura hidráulica que provocan inundaciones en temporada de lluvias, con una red urbana envejecida que pide a gritos mantenimiento.
En seguridad, aunque las estadísticas oficiales intenten presentar una realidad más favorable, la percepción de inseguridad persiste con robos, extorsiones y una violencia cotidiana que forma parte de la experiencia de habitar la ciudad.
Si se trata de prioridades ¿por qué resulta más urgente pintar un espacio público que garantizar la infraestructura que utilizan millones de personas diariamente?
Una ciudad tomada
Y por si faltara más para ilustrar las dificultades de gobernabilidad de la capital, está la situación generada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que durante semanas ha mantenido bloqueos, plantones y cierres de vialidades en zonas estratégicas de la capital.
La percepción que prevalece es que la autoridad ha perdido capacidad para garantizar derechos básicos como la movilidad y el libre tránsito; de que vivir en la CDMX, es vivir en una ciudad rehén de conflictos políticos que terminan por formar parte del paisaje cotidiano, pero cuyo costo pagan todos.
Aunque el gobierno de Brugada busque proyectar una imagen internacional moderna y preparada para recibir la Copa del Mundo, los problemas diarios se siguen acumulando.
Los ajolotes sirven para fotografías atractivas, para generar contenido en redes sociales y para alimentar discursos políticos. Pero nada resuelven del rezago estructural, no reducen los tiempos de traslado, no mejoran el funcionamiento del Metro ni evitan que las vialidades queden bloqueadas durante horas.
Gobernar una metrópoli de más de veinte millones de habitantes exige mucho más que construir una narrativa, exige mantenimiento permanente, planeación técnica, prevención y capacidad de respuesta para evitar que los problemas se conviertan en crisis.
X: @diaz_manuel