La orfandad intelectual de Maru Campos

Conversaba con el periodista Jesús Escobar Tovar sobre Maru Campos repasando sus confesiones en prensa, la manera en que hablar la exhibe y la comparación con otras figuras políticas frente a esas entrevistas de patrocinio. Escobar Tovar es un periodista experimentado, con tiempo vasto en radio y televisión y la particularidad de haber presenciado desde adentro una evolución comunicacional banalizada, entre muchas otras causas, por las redes sociales y el consumo de lo inmediato.

Las entrevistas a la gobernadora, dice Escobar, son las típicas de patrocinio con horarios estelares y preguntas para lucirse. La más reveladora ocurrió con López Dóriga. Para mí, Joaquín hace su trabajo, indaga, nombra y como hombre cercano a las derechas con aversión personal a la 4T, abre el espacio de la manera más amistosa posible a la gobernadora. Ella entra en confianza, se equivoca confesando intervención de agencias extranjeras. Entonces Campos recibe una pregunta para clarificar su postura sobre la participación de fuerzas norteamericanas en la seguridad de Chihuahua. Primero menciona a la CIA, luego corrige hacia “otras agencias por colaboración” y sonríe como quien sabe que se ha equivocado. Acto seguido da instrucciones al personal de Grupo Fórmula para que se muevan, dice que la tapan; alguien de su equipo le hace señas para que corrija el lapsus. Es limitada en su capacidad de improvisación, no tiene herramientas para sostener la verdad dentro de los márgenes legales, ni recursos oratorios para continuar con elocuencia y estructura, el tono cambia totalmente. El desfile de entrevistas continuó con Pascal Beltrán del Río, Adela Micha y Javier Alatorre, acumulando errores y contradicciones.

En otros tiempos, la formación en oratoria era parte básica en las nuevas generaciones políticas. Por ahí pasaban los perfiles que los partidos seleccionaban para sus filas. Medios como El Universal organizaban concursos estatales y uno nacional que funcionaban como semilleros para vincular a las clases políticas con las juventudes a través de la intelectualidad. Algo bello de la oratoria es que iba más allá de hablar bien. Enseñaba a pensar, a estructurar ideas, exigía un bagaje cultural amplísimo; en las etapas avanzadas de competencia, la improvisación era el último reto con menos de treinta segundos para formular una pieza argumentativa sólida.

Escobar Tovar dice que Maru Campos es más un Vicente Fox que un Felipe Calderón o un Diego Fernández de Cevallos, este último siendo una de las últimas representaciones cercanas a esa oratoria, con todo y su misoginia. Coincido en lo que Escobar llama “orfandad intelectual” de la gobernadora, aunque creo que ni siquiera tiene el humor de Fox. Son, en sus limitaciones, muy parecidos.

Maru Campos es una política hija de su contexto, con la superficialidad que suele estar presente en zonas del norte como símbolo de estatus, con el vacío que acompañó a la clase política de los tiempos peñanietistas, con la falta de teoría que tiene el PAN y esa negación sobre sus verdaderos intereses por no ser populares ni representativos.

Maru Campos desperdició su debut como presidenciable. Su histrionismo y teatralidad funcionan en modalidad discurso; ante la mínima confianza dice cosas legalmente insostenibles, y ante la mínima tensión, los nervios la traicionan. La jornada del desfile mediático ha sido una fuente inagotable de fragmentos que no le ayudan.

Por eso creo que las derechas ahora que parecen tan extraviadas, especialmente el PAN, debería retomar la formación en oratoria, quizás adaptada a la atención limitada que no cede más de tres minutos a un tema, no aquella de Porfirio Muñoz Ledo, uno de los máximos representantes dignos de esa generación de oradores y ganador del Concurso del periódico El Universal que se ha dejado de hacer. El nivel del debate democrático lo requiere.

Al final, entre contradicciones y poco carisma, hoy sabemos que desde 2022, Chihuahua tiene convenios con corporaciones de inteligencia estadounidenses sin facultades para suscribir ese tipo de acuerdos, convenios con Israel para transferencia tecnológica en materia hídrica y que ha cedido a Texas la vigilancia en tiempo real del sistema de cámaras C4 de su estado, todo lo anterior sin autorización federal, fuera de la Ley de Tratados y, principalmente, que la oposición no tiene figura presidenciable en los zapatos de su gobernadora.

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