La soberanía de rodillas

A través de un discurso largamente repetido, Andrés Manuel López Obrador convirtió el concepto de soberanía en bandera política, argumento propagandístico y herramienta de confrontación contra Estados Unidos, organismos internacionales y voces críticas. Claudia Sheinbaum sigue la misma línea.

Se apropian de la “dignidad nacional” mientras acusan a sus adversarios de “entreguistas” y “vendepatrias”. Sin embargo, lo que la realidad exhibe es que pocas veces México había mostrado tanta debilidad institucional, dependencia política y vulnerabilidad frente a Washington como en los gobiernos de Morena.

Discurso nacionalista vs la realidad

Más allá de la expansión territorial del crimen organizado, el desastre que enfrenta el Estado mexicano es que perdió capacidad —y en muchos casos voluntad— para aplicar la ley en los casos donde los implicados forman parte del círculo de poder.

Es ahí donde comienza la destrucción real de la soberanía.

Mientras Estados Unidos acumula expedientes, investigaciones y acusaciones contra personajes ligados al crimen, el gobierno mexicano actúa como muro de contención política, a pesar de que la negativa a cooperar plenamente pueda parecer un acto de complicidad y protección política.

Las sospechas sobre personajes vinculados a gobiernos estatales en entidades como Sinaloa, Tamaulipas, Sonora, Baja California, Michoacán y Guerrero son cada vez mayores. Gobernadores, alcaldes y operadores políticos son mencionados en investigaciones periodísticas y reportes de agencias estadounidenses. Pero en México todo se minimiza, se victimiza, se congela o se convierte en propaganda oficial.

El obradorismo se contradice

Morena denuncia “intervencionismo” cuando Washington exige cooperación contra el narcotráfico, pero guarda silencio cuando cede posiciones estratégicas frente a presiones comerciales, migratorias o diplomáticas.

Vale la pena recordar un episodio particularmente revelador. En 2002, cuando López Obrador era jefe de Gobierno de la CDMX, invitó al estadounidense Rudolph Giuliani para diseñar políticas de seguridad bajo el modelo de “Tolerancia Cero”. En aquel momento no habló de soberanía vulnerada ni de intervención extranjera. Al contrario: defendió la asesoría porque el gobierno local necesitaba ayuda para enfrentar la inseguridad.

Hoy el mismo movimiento político acusa agresiones imperiales cuando Estados Unidos exige resultados concretos contra el narcotráfico y el lavado de dinero. La diferencia es que antes buscaban apoyo para combatir el crimen y ahora, lo que parece preocuparles es proteger a personajes de su círculo de poder.

La fragilidad del gobierno mexicano quedó exhibida desde el sexenio de AMLO. Hubo concesiones en materia migratoria, comercial, energética y fronteriza. Donald Trump presumió públicamente que México aceptó desplegar miles de elementos de la Guardia Nacional para contener la migración y evitar amenazas arancelarias. El país terminó convertido en muro migratorio de Estados Unidos.

Estado debilitado y dependiente

Ahora ocurre algo similar con Sheinbaum. El discurso público intenta proyectar firmeza, pero la realidad refleja una gran vulnerabilidad.

El gobierno evita actuar contra personajes de su partido, pero su narrativa nacionalista se desploma cada vez que pierde margen de maniobra en otros temas para mantener estabilidad política y económica frente a Washington.

Es un Estado capturado: la ley deja de aplicarse internamente y el país pierde fuerza al exterior.

Para defender la soberanía no basta con discursos mañaneros ni propaganda ideológica, se necesitan instituciones fuertes, independencia judicial y capacidad para investigar a cualquiera, incluso a quienes forman parte del gobierno en turno.

Pero el sistema judicial fue debilitado y politizado; las fiscalías dejaron de funcionar con autonomía y las fuerzas de seguridad son rebasadas por el control que mantiene el crimen organizado en territorios completos, donde aterrorizan a la población, influyen en elecciones, imponen candidatos y condicionan a gobiernos locales.

La consecuencia es una pérdida progresiva de soberanía. Porque si el país es incapaz de detener y juzgar a sus criminales, las agencias extranjeras terminan por perseguirlos. Y peor aún, un gobierno que protege a políticos bajo sospecha pierde autoridad moral para exigir respeto internacional

Es quizá el mayor fracaso del obradorismo que prometió recuperar la dignidad nacional y ahora cae por el peso de sus decisiones. Volviendo al gobierno vulnerable, condicionado y sometido por sus propias contradicciones.

Mantienen la narrativa de patria y soberanía mientras México se hunde en la impunidad, la dependencia y el descrédito internacional.

Esa es la verdadera amenaza a la soberanía y no viene de Washington, surge de un gobierno que debilitó instituciones, destruyó contrapesos y convirtió la justicia en herramienta selectiva.

Al final, un Estado que deja de servir a la ley para servir a grupos de poder pone a la nación entera de rodillas.

X: @diaz_manuel

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