La jugada maestra de Irán en el estrecho de Ormuz
A estas alturas, ya me es indiferente que Trump clame victoria aún en medio de la peor de las derrotas. Si él quiere adjudicarse la apertura temporal del estrecho de Ormuz, condicionado a que Israel pare su intento de genocidio en el sur del Líbano.
Y digo temporal, porque al momento de enviar esta columna, la República Islámica ha vuelto a cerrar el paso vital para cerca del 20% de los combustibles a nivel mundial (además de hidrógeno, fertilizantes y otros productos) debido al delirante “bloqueo del bloqueo”, anunciado por el régimen encabezado por Donald Trump.
La realidad es que la reapertura parcial del estrecho que antes tuvo libre paso, no duró ni 24 horas. Esa es la capacidad de proyección de poder que tienen en estos momentos los Estados Unidos de América.
Recordando a la diatriba que le dedicaron el propio Trump y el cada vez más desmejorado J.D. Vance, su vicepresidente, al dictador ucraniano Zelenski, el régimen estadounidense “no tiene las cartas”.
¿Usar un arma nuclear? Eso asegura la destrucción de gran parte de la humanidad y no sería en términos fríos cómo los que ellos usan, un “buen negocio”. ¿Seguir con el estrecho bloqueado por Irán? Países como Australia están cerca de agotar sus reservas de combustible y otros “aliados” estadounidenses como Corea del Sur y Japón no están mucho mejor en el corto plazo.
Los creadores del ajedrez nuevamente le han dado una lección a Trump y a su equipo. La única manera que le queda al imperio estadounidense de “ganar” ese juego, parafraseando a los clásicos, es ya no jugarlo.