Se afianza la coalición y el derecho a disentir
Muchos aseguran que se ha dado un paso atrás con los ajustes que se hicieron al Plan B. Ni es una derrota para la presidenta ni, mucho menos, es un punto de quiebre para que la coalición Seguimos Haciendo Historia se fragmente. De hecho, no existe tal, pues la estructura de la propuesta se avaló a favor.
El mismo Ignacio Mier, coordinador de los senadores de Morena en el Senado, aseguró que la alianza da un paso sustancial para ratificar el compromiso con el proceso de transformación y con la mandataria. Efectivamente, el haber sacado el artículo 35 de la Constitución del dictamen no detonó en un entorno de polarización como la prensa conservadora quiere generar para intentar crispar la sociedad y el compromiso de caminar en unidad, no solo en la agenda legislativa, sino en las elecciones intermedias del 2027.
La misma fuerza que encabeza Alberto Anaya, en retrospectiva, fue clara en su posicionamiento y defendió su postura. Ellos, en efecto, esbozaron sus consideraciones y las propias reservas. Se vale. Vivimos en un país democrático donde, por cierto, el derecho a disentir tiene que ser letra sagrada. Todo eso, de manera general, lo vemos en cualquier parlamento. No veo a un congreso federal votando mecánicamente sin antes discutir y analizar cualquier minuta. La esencia en sí misma tiene una naturaleza que sigue ciertas características o patrones para poder modificar la constitución o cambiar leyes. El simple hecho de que un legislador muestre cierta resistencia se puede justificar en alguna razón democrática o jurídica. México, por lo tanto, no es ni debe ser un estado totalitario. Desde este espacio de opinión, en muchas ocasiones, hemos criticado todo aquel intento por monopolizar el control de las decisiones como en su momento sí lo hizo el PRI.
Uno de los principales objetivos, desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador, fue precisamente que existiera una auténtica división de poderes. Eso, de hecho, ha cerrado la brecha para no pensar en centralizar el poder. Se acabó, lo dijimos hace poco, aquel partido de jerarcas que solo levantaba la mano por deseo presidencial. Hoy, es verdad, es posible hablar de pluralidad y libertad para decidir. La propia coalición Seguimos Haciendo Historia, desde su incorporación como columna vertebral de la 4T, fue clara en acompañar la agenda de la presidenta; sin embargo, también demandó libertad de opinión, básicamente para defender las voces de las minorías que, tiempo atrás, eran sucumbidas por el otrora todopoderoso PRI. De ese modo, nadie en su sano juicio debe validar que se baje línea de esa manera. Es cierto, en un parlamento hay consensos y negociaciones que asumen todo como parte de la naturaleza de un legislativo.
Además de todo, queda claro el propósito o la esencia del Plan B; se mantiene en su totalidad. Eso, como tal, sellará nuevamente la alianza entre los tres partidos que constituyen la coalición Seguimos Haciendo Historia. Y como se sostiene y se afianza, podemos ir haciendo cálculos de lo que puede llegar a suceder en vísperas del ejercicio democrático. Todo eso demuestra que hay, entre muchos aspectos más, compromiso y una congruencia con el derecho a disentir. Seguramente la prensa conservadora, fiel a su estilo, querrá encender la mecha y tratar de polarizar haciendo prejuicios que no corresponden a la realidad. De igual forma, no es, por ningún lado que queramos ver, una derrota para la presidenta. Lo que se consagró, que será ratificado en San Lázaro, fue un avance sustancial para acabar con el enorme techo presupuestal de algunos congresos locales. Tal como se muestra en el contenido, la iniciativa dará un giro preponderante para que existan nuevos mecanismos para llevar a cabo obra e infraestructura en las entidades federativas. Recordemos que, como tal, todo este asunto fue sometido a la propia participación social. Decíamos hace poco que eso, en verdad, se llama pluralidad y democracia.
Hay mucho que podemos rescatar del proyecto del Plan B que detalló la presidenta. Entre lo más sustancial, ahora que vivimos tiempos cambiantes, será la reducción a los altos salarios de algunos funcionarios, así como el final de sus privilegios. Y no solo se pondrá fin, sino que se abrirá un nuevo capítulo del proceso de transformación. De hecho, Claudia Sheinbaum llegó al poder precisamente para eso. Le ha dado continuidad a la filosofía de AMLO, aunque, a su vez, le ha imprimido su propio estilo reformador si nos asomamos un poco a la esencia de cada aspecto que propone; o sea, ha seguido su vocación. Hoy, efectivamente, está muy claro que el Plan B funcionó y, a su vez, unirá más a los partidos aliados. Desde luego que no siempre se avalará todo tal y como se presenta, básicamente porque el principal argumento fue unir más a los partidos que han acompañado esta avanzada. Se evitó, a la par, que hubiese un desgaste innecesario ahora que son momentos de definiciones para encarar un proceso electoral.
Repito, habrá un morbo de la oposición. Manejará claramente una narrativa para tratar de dividir. Claudia Sheinbaum, de hecho, no tendrá ningún problema en someterse a la revocatoria en el año 2028. Tiene, ni más ni menos, el 80 % de aprobación presidencial, tal y como lo dijo el senador Saúl Monreal, que le dio una cátedra de civilidad a la senadora de la República Lilly Téllez. Y sí, la legisladora trató de sobrepasarse con sus comentarios soeces; no lo logró, pues la contención y los buenos argumentos confirmaron que la mandataria tiene un ejército de legisladores que no solo ha ganado terreno social, sino político.
Para finalizar, llama la atención la celebración que hizo el PRI en San Lázaro. De hecho, no pudieron contener la algarabía y, entre gritos, aludieron a que la reforma no pasó. ¿De qué hablan? La coalición Seguimos Haciendo Historia se mantiene fuerte y fiel a la causa.