Barrio bravo de Tepito vs T-MEC: 0 – 1 en favor de la propiedad industrial
Hace un par de años, amigos contaban que durante el tiempo que trabajaron en el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI), hubo una ocasión en que fueron retenidos contra su voluntad dentro de bodegas comerciales al momento de intentar hacer un operativo contra mercancía pirata.
Contaban con documentos, órdenes y todo tipo de respaldo legal pero el barrio bravo tiene ley propia. Los pobres verificadores y abogados estuvieron encerrados con tipos armados, algo común en la zona pues no sólo hay presencia del Cártel Tepito sino que las amenazas de seguridad obligan a los comerciantes a protegerse. Quienes los encerraron solo deseaban proteger su mercancía que por ley, sería decomisada y destruida. No querían hacerles daño. A las tres horas, su jefe se presentó en el lugar e intentó “negociar”, logrando la liberación de aquellos y por supuesto, sin ejecutar las órdenes de decomiso ni el operativo.
Hoy es distinto pues la geopolítica se cuela por donde menos se espera: un balón, una camiseta, un mercado popular. El Mundial de 2026 acumula todas las tensiones entre México y Estados Unidos, por lo que también será un termómetro para medir qué tan en serio México está dispuesto a tomarse la propiedad intelectual frente a sus socios del T-MEC.
Recientemente, México y Estados Unidos volvieron a sentarse cara a cara en Washington para empezar a delinear lo que será la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuyo proceso formal arranca el 1 de julio. La conversación, encabezada por Marcelo Ebrard y Jamieson Greer, no fue menor: acordaron una ruta de encuentros técnicos constantes para afinar detalles que van desde fortalecer la manufactura regional hasta cerrar la puerta a insumos que no cumplen con las reglas del juego norteamericano. Traducido: producir más en casa, depender menos de lo que no se puede rastrear, y hacerlo con reglas claras.
Pero hay otra cancha donde se está jugando y donde México suele ir perdiendo por default: la de la piratería.
Mientras los equipos técnicos diseñan cadenas de suministro más limpias, en el corazón de la Ciudad de México el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI) intenta hacer algo mucho más terrenal: identificar y decomisar camisetas falsas antes de que el mundial las convierta en negocio redondo y en violación a las reglas de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). En Tepito, ese territorio que no necesita presentación, este jueves se desplegó un operativo coordinado por la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que terminó con la revisión simultánea de decenas de locales y bodegas, repletos, como era de esperarse, de mercancía apócrifa.
No es un gesto simbólico. Es una señal de que aún en el mercado de Tepito, en el centro de la Ciudad de México, con toda el aura de sistema paralelo donde la ley no aplica, el acuerdo firmado con la FIFA se haría valer. Hasta el medio día de este jueves 26 de marzo se había decomisado mercancía de 4 bodegas y 15 locales, en su mayoría ropa pirata como uniformes de equipos de fútbol según el titular del IMPI, Santiago Nieto.
Si México logra contener, aunque sea parcialmente, el mercado ilegal de merch mundialista, eso se va a leer como una green flag en la revisión del T-MEC. No por romanticismo legal, sino porque la propiedad intelectual es uno de los nervios más sensibles del tratado, tan es así que ya se gestan nuevas reformas a la ley federal para la protección de la propiedad industrial. Combatir la piratería no es solo proteger marcas; es demostrar capacidad institucional, control territorial y voluntad política.
El problema es que esa voluntad tiene costos reales. En Tepito no se entra con power points ni con buenas intenciones. Esas historias no tan lejanas de personal del IMPI retenido en bodegas, rodeado de comerciantes que no dudan en defender su mercancía, incluso armados demuestra que se trata de una operación de alto riesgo. La informalidad no es un concepto abstracto sino que es una economía viva, organizada y, en ocasiones, violenta. En la Ciudad de México representa millones de pesos y una cantidad de personas muy elevada, que manejan principalmente dinero en efectivo, que mantienen una ubicación estratégica en la que bodegas, callejones, calles bloqueadas por tianguis y distintos “halcones” o personas que alertan sobre la llegada de operativos hacen que la ley opere distinto. En el barrio bravo, las bodegas de hoy se instalan dentro de las vecindades de ayer, algunas conectadas por dentro con otras calles, espacios laberínticos con dobles o triples entradas… como si fueran hormigueros o ratoneras en las que tan sólo quienes habitan ahí o trabajan, saben cómo moverse.
Ahí está el dilema. Mientras en Washington se habla de “opciones específicas” para elevar el empleo manufacturero y blindar las cadenas de valor, en México eso implica meterse de lleno con estructuras informales que llevan décadas operando con sus propias reglas. No basta con decomisar hoy pues la expectativa es demostrar capacidad para sostener mañana.
En paralelo, se cocina con el reloj encima la reforma mencionada a ley de propiedad industrial. No es coincidencia. Cada renegociación con Estados Unidos viene acompañada de esta urgencia por “llegar presentables” con plazos más estrictos para registros de marcas y patentes, posibles sanciones a funcionarios que se retrasen, e incluso la introducción de figuras como la solicitud provisional de patente para facilitar la protección temprana de ideas.
La intención es hacer más eficiente al IMPI, que ya de por sí tiene prestigio internacional. Aún así la eficiencia no se decreta y es complejo reducir tiempos sin fortalecer capacidades técnicas, sin invertir en tecnología, muchas veces basada en IA y sin ampliar el número de examinadores por lo que se corre el riesgo de sacrificar certeza jurídica en nombre de la velocidad o la austeridad. En propiedad intelectual, la certeza lo es todo.
Así que no, el Mundial no es solo futbol. Es una prueba de estrés institucional. Si México quiere llegar a la revisión del T-MEC con algo más que discursos, tendrá que demostrar que puede ordenar su casa incluso en los espacios donde el Estado suele negociar, no mandar. El reto es lograrlo en forma pacífica pues si algo sabe hacer el barrio es defender con ferocidad lo que considera suyo. Al final, entre bodegas de Tepito y mesas de negociación en Washington, lo que está en juego no es una camiseta falsa sino la credibilidad y las razones por las que pueden complicarse las renegociaciones del T-MEC. De ese tamaño.
X: @ifridaita