Diario Reforma y Guadalupe Loaeza: utilizar a una niña para la politiquería

La prensa mexicana está frustrada. Gozó de enormes privilegios durante los sexenios del PRI y del PAN que, con la llegada de la 4T, se terminaron. Si bien persisten las relaciones comerciales entre el gobierno y los medios, estas ya no alcanzan los brutales excesos del pasado. De ahí el resentimiento que empuja a la comentocracia a buscar personajes débiles —chivos expiatorios— para descargar su ira.

Así ha ocurrido con la joven de Tabasco y su fiesta de quince años. Se le ha linchado. Particularmente inmoral resulta un artículo de Guadalupe Loaeza en Reforma, “Los XV de Mafer”, en el que la columnista pregunta: “¿Cuál será el futuro de esta quinceañera tan adorable y millonetas? ¿Con quién se casará? ¿Con uno de la 4T, próximo candidato a un puesto gubernamental? O bien, ¿terminará como contratista de Pemex?”.

No defiendo al padre de la joven; si ha cometido irregularidades en sus negocios con la petrolera, que se le investigue y sancione. Sin embargo, no es ético ni legal exhibir de esa manera a una menor de edad que, con seguridad, padece ya un trauma psicológico que la marcará de por vida. No soy experto en conducta humana, pero resulta lógico suponer que el daño es profundo.

No es válido que el periodismo de espectáculo político utilice a una adolescente para pasar facturas a un gobierno que dejó de tratar a la prensa como un poder superior al Estado. El abuso, tan inmoral como ilegal, no radica en cuestionar el patrimonio de un contratista —labor legítima y necesaria—, sino en dictar sentencias basadas en el lujo de una fiesta y no en investigaciones financieras serias.

Si existen pruebas de corrupción, el deber de la prensa es presentar contratos, desvíos, pruebas. Juzgar el costo del vestido, el tamaño del pastel o la presencia de la cantante Belinda como evidencia de un delito es un recurso fácil e indecente; apela al morbo a costa de una joven que no tiene culpa alguna de los actos de su padre.

Existen leyes que protegen a los y las menores. En este caso, se ha incurrido en un acoso brutal al colocar a la quinceañera en el centro de una tortura mediática por factores fuera de su control. ¿Acaso la comentocracia ignora que una adolescente no tiene la responsabilidad jurídica ni la obligación moral de auditar el origen del dinero de su papá?

Al exponer detalles íntimos en tono de burla —su apariencia, los regalos, sus sentimientos respecto del padre—, la prensa le ha impuesto un estigma permanente. La destrucción de la privacidad de una persona es inaceptable. En SDPNoticias seguramente difundimos la nota y, quizá, hubo columnistas que exhibieron a la festejada. Pediré a la directora editorial, Liz Flores, reflexionar sobre cómo limitar tales excesos. Aunque el gasto haya sido millonario, y por lo tanto insensible frente a las carencias del país, jamás debimos centrar las críticas en una niña —si es que acaso lo hicimos—.

La joven es inocente. Utilizar su imagen para ilustrar la supuesta decadencia del sistema político de izquierda es una forma de violencia psicológica. La Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes establece que cualquier manejo de información que permita la identificación de los y las menores y afecte su dignidad representa una violación a su intimidad. Este es, sin duda, el caso.

Debemos entender que con niños, niñas y adolescentes no se juega. Se les debe proteger con el más fuerte blindaje en los debates periodísticos, independientemente de quiénes sean sus padres o qué tan ostentosas sean sus vidas.

Si en SDPNoticias publicamos imágenes de la menor, ofrezco una disculpa a la joven y a su familia. Me avergüenza participar en un sistema mediático insensible, ruin e inmoral.

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