¿Son la libertad y la democracia las banderas del neofascismo de las ultraderechas?

Se dice que en el nombre de los dioses se han emprendido las más cruentas guerras de la humanidad; sin embargo, hoy que el mito religioso no alcanza en términos narrativos para convocar a la batalla o cuando menos no lo es en la mayoría de los países del norte global, por eso, se han tenido que fabricar nuevos dioses para estas naciones occidentales para llamar a su población a combatir. En ese sentido, no le queda otro camino más al (neo)fascismo que disfrazarse de la libertad (como dios) para querer arremeter contra los gobiernos de izquierda y los derechos sociales, puesto que lo importante es camuflarse bajo las banderas de la libertad y la democracia liberal, pero lo realmente perverso es saber ¿qué se esconde bajo la bandera de la libertad cuando el concepto es usado como un escudo y estandarte por la ultraderecha fascista en varias latitudes del planeta.

Hay mucho detrás de aquellas y aquellos que se visten y ufanan de ser supuestos “libertarios o demócratas”, puesto que, en el fondo, detrás de ese disfraz de político de la new age, existe muy probablemente un camisa negra, azul o dorada esperando a salir a la menor provocación para embestir a quien se le pare enfrente, ya que la Historia nos ha demostrado en múltiples ocasiones que aquellos que se decían defensores de la democracia y la libertad suelen ser los verdugos más crueles, como los nazis o los gringos en cualquier guerra en la que se presenten, pero que, en aras de exportar la libertad y la democracia para “civilizarnos”, han cometido crímenes espantosos, y aunque la crueldad no es propia de la ultraderecha, creo conveniente revisar el pasado para no volver a cometer los errores por los que ya pasamos.

Enfatizo que el problema no es la derecha per se; no obstante, cuando esta se radicaliza, es altamente peligrosa, pues se vuelve en la mayoría de los casos dogmática, excluyente, violenta y patriotera, porque suele confundir a la población en términos narrativos, porque en esa confusión generada desde la propaganda es donde suelen mimetizar la libertad con aberraciones que no tienen nada que ver con la libertad en sí, y ahí es precisamente donde encuentran oportunidad los discursos de odio de cualquier índole para convertirse en movimientos o partidos políticos que llegan al poder para cometer atrocidades contra la población socialmente vulnerada y excluida.

El caso reciente de Colombia me pone a reflexionar sobre si las y los humanos realmente somos tan ingenuos para seguir confundiendo a los lobos con los corderos. ¡Nos leemos pronto!

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