El operativo que, hasta ahora, ha funcionado
En la cobertura del Mundial 2026 en la Ciudad de México hay una frase que se repite con cada partido: saldo blanco. Vale la pena detenerse en ella, no para repetirla sin más, sino para ver qué hay detrás, porque lo que hay detrás es trabajo.
Detrás hay un operativo de Pablo Vázquez, secretario de Seguridad Ciudadana, que ha tenido que resolver un problema poco común: cómo controlar concentraciones de cientos de miles de personas, varias veces por semana, sin que termine en tragedia. Y, hasta el momento, lo ha logrado, partido tras partido, sin perder el control.
Las cifras del despliegue son, en efecto, considerables. Once mil elementos en el estadio. Tres mil cuatrocientos en el Zócalo. Dos mil quinientos en Reforma. Mil setecientos más para acompañar manifestaciones que se desarrollaron sin represión. Son números grandes, y conviene decirlo con claridad: reflejan planeación, coordinación entre corporaciones y capacidad de respuesta, no improvisación.
Lo que sostiene la afirmación de éxito es algo concreto: ausencia de heridos graves o pérdidas en concentraciones de doscientas, trescientas, hasta cuatrocientas mil personas. Eso, en términos de manejo de multitudes, no es poca cosa. Es, de hecho, un resultado que muchas ciudades sede no han podido presumir, y es justo reconocérselo al equipo que lo coordinó.
Lo que distingue a este operativo, hasta ahora, es la velocidad de ajuste. Tras los excesos en Reforma, la respuesta no fue negar lo ocurrido: fue anunciar más pantallas, más elementos y nuevas restricciones a la venta de alcohol en la vía pública para los siguientes partidos.
Tras los robos, la SSC optó por dar cifras concretas en lugar de minimizar el tema. Esa disposición a corregir sobre la marcha, en un evento de esta magnitud y bajo el ojo de medios de todo el mundo, no es lo más común, y dice algo bueno de quién está al frente.
Por ahora, el balance favorece claramente al operativo. Y se nota el esfuerzo detrás de ese balance: el de miles de elementos, el de quien los coordina, y el de una ciudad que, hasta este punto del torneo, ha sabido recibir al mundo sin sobresaltos mayores. Pero un Mundial se juega hasta el final, y también la seguridad que lo rodea.