Los Rolls-Royce del bienestar
La clase política mexicana ha hecho de nuevo de las suyas. Ahora el protagonista de un nuevo escándalo ha sido Alejandro Gertz Manero, ex fiscal general de la República, y hoy embajador de México en el Reino Unido.
Si bien no es miembro formal de Morena, y resultaría impreciso señalar que todos sus cargos públicos han sido bajo el amparo del obradorismo, sí que fue uno de los hombres fuertes de AMLO durante su gobierno. El expresidente maniobró exitosamente para que fuese confirmado como fiscal en 2019, y que se mantuviese en su responsabilidad durante la administración pasada.
Más allá de no haber aportado nada a la nación mexicana, ni como fiscal, ni como diputado ni como embajador, se trata del personaje gris que fue responsable, en tiempos recientes, de la investigación del rancho Izaguirre, cuyas conclusiones contradijeron en todo momento a lo que originalmente habían encontrado los buscadores independientes. ¿Qué se encontró en realidad en ese terreno en Jalisco? Nadie lo sabe, ni se sabrá jamás.
De igual manera, se especuló que su salida de la FGR había derivado de un posible inicio de colaboración entre esa institución y el Departamento de Justicia de Estados Unidos en temas relacionados con políticos mexicanos ligados al crimen organizado, lo que habría sentado mal en Palacio Nacional. No existe, empero, por obvias razones, información verificada.
Y para colmo en términos de grisura y opacidad, trascendió hace unos días que el flamante “diplomático” cuenta con propiedades, relojes, obras de arte y automóviles Rolls Royce que superarían los cientos de millones de pesos. ¿Puede explicarse esta fortuna desde los salarios que puede llegar a recibir un funcionario público durante su paso por sucesivos gobiernos, sumado, quizás, a alguna “herencia familiar” recibida de un acaudalado pariente? Cada uno tendrá su respuesta.
Lo que es una realidad es que el caso de Gertz no es más que otra representación de la voracidad, negligencia, opacidad y círculos clientelares en la clase política, que lejos de mirar hacia el servicio público, se enfoca exclusivamente en servirse, en enriquecerse, y en recibir, en recompensa por su silencio, una prestigiosa embajada en el exterior que les aleje del ruido mediático, pero que a la vez, les ofrezca una salida decorosa. Lamentable.