Un tren Maya para financiar más de 80 supercomputadoras Coatlicue

Leí hoy algunas notas climáticas y tecnológicas en The Guardian: (i) “Ola de calor en Europa: Reino Unido se prepara para temperaturas récord”; (ii) “Italia emite alerta roja para 16 ciudades”; (iii) “Francia registra el día más caluroso de su historia”, y (iv) “Una supercomputadora china supera a las mejores máquinas estadounidenses y se posiciona como la más rápida del mundo”.

Respecto a las supercomputadoras, México tendrá una muy pronto con el proyecto Coatlicue, que no solo entrará en la lista del TOP500, sino que podría llegar a los primeros 50 lugares de esa clasificación realizada por la organización Top500.org.

¿Qué tienen que ver las supercomputadoras como Coatlicue con el calor récord en Europa? Por el lado negativo, consumen energía y agua en cantidades masivas; el equivalente, por ejemplo, al consumo eléctrico anual de más de 500 mil hogares si sumamos los centros de datos necesarios para la red nacional estimada a partir del Proyecto Coatlicue. Por el lado positivo, son herramientas imprescindibles para estudiar e incluso pronosticar con exactitud el clima, lo que ayuda a prevenir crisis mayores vinculadas al calentamiento global.

¿Se justifica Coatlicue en términos de costo-beneficio?

Se ha informado que se invertirán 6 mil millones de pesos en la que será la supercomputadora más poderosa de América Latina. Para entender la magnitud del proyecto en términos de lo que costará cuando esté terminado, calculando su utilidad social para México, lo compararé con el Tren Maya.

Sin ánimo de cuestionar las decisiones que en su momento tomó el presidente Andrés Manuel López Obrador, de entrada expreso que a nuestro país quizá le habría ido mejor —económica y ambientalmente hablando— si, en lugar de gastar entre 400 y 500 mil millones de pesos en el Tren Maya, ese dinero se hubiera destinado a un fideicomiso de ciencia y tecnología.

Con esos recursos se habría podido financiar una red nacional de 12 supercomputadoras avanzadas operando en paralelo por todo México y, además, dejar fondos suficientes para renovar por completo su tecnología cada cinco o seis años durante al menos medio siglo, inclusive considerando los costos de operación y mantenimiento.

No encuentro el beneficio del Tren Maya. Me refiero al beneficio actual. Durante la etapa de su construcción generó empleos en comunidades olvidadas, lo que aplaudo, pero como infraestructura turística no suma un solo visitante al número de personas que ya llegan a Cancún y otros lugares de la península de Yucatán.

¿Costos ambientales del Tren Maya? Muy altos por la destrucción de bosques y cenotes. Numerosos especialistas los consideran irreparables. Otros expertos sostienen que parte del daño podría mitigarse mediante proyectos de regeneración apoyados en nuevas tecnologías; entre ellas, las supercomputadoras, tan necesarias para entender la compleja lógica de la naturaleza que tanto hemos dañado y que solo con mayores avances científicos —por ejemplo, con mejores modelos de inteligencia artificial— podremos empezar a tratar con el respeto que el planeta merece y exige.

¿Costos ambientales de Coatlicue? Los tiene y son elevados, pero se pueden reducir gracias a la propia tecnología y, por supuesto, con una sensata planeación de ingeniería del proyecto actual y de los que se necesitarán cada cinco o seis años para superar la obsolescencia que inevitablemente se presentará.

Mantener vivas 12 supercomputadoras implica el consumo de cantidades gigantescas de electricidad y, también, de miles y hasta millones de litros de agua para enfriar los equipos. Adicionalmente, cambiar las piezas cada 6 años para modernizarlas generará basura electrónica de la que no es fácil deshacerse sin dañar a la Tierra.

Pero tales efectos indeseables pueden reducirse al mínimo con ingeniería y ciencia. El agua se puede reciclar usando circuitos cerrados, y las piezas desechadas se pueden procesar para recuperar sus metales valiosos. La electricidad para la supercomputadora puede —y obligatoriamente debe— generarse, por ejemplo, a través de granjas suficientemente grandes de paneles solares.

Si el Tren Maya no suma turistas a México, una Coatlicue avanzada y mejorada cada cinco o seis años permitirá durante medio siglo predecir sequías para salvar cosechas, diseñar medicamentos más útiles y baratos, pronosticar huracanes con muchos más días de anticipación y contar con inteligencia artificial totalmente hecha en México, esto último para la autosuficiencia que más necesita una nación como la nuestra: la tecnológica.

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