Minimizó al sombrerudo
“La lealtad compra el silencio, pero rara vez compra la realidad”.
Timothy Snyder
Hay algo paradójico en la política mexicana. Un libro que todavía no llega a las librerías ya provocó una defensa presidencial.
Ken Salazar, aquel embajador de sombrero permanente que durante años fue recibido en Palacio Nacional casi como un invitado de casa, decidió hacer lo que tantos políticos y diplomáticos hacen al retirarse: escribir sus memorias. Y bastaron algunos adelantos de ese libro para que desde Palacio comenzara una operación de control de daños.
Según Salazar, López Obrador estaba preocupado por la información que pudiera proporcionar Ismael “El Mayo” Zambada una vez detenido. La reacción oficial no fue preguntar por qué el exembajador sostiene eso, ni siquiera esperar a leer el libro completo. La reacción fue desacreditar de antemano el contenido y recordar, una vez más, que la verdadera preocupación era la soberanía nacional.
Ya lo he dicho antes: la soberanía es el nuevo “Felipe Calderón” del sexenio. Se ha convertido para el gobierno en una palabra extraordinariamente versátil. Sirve para casi todo. Explica errores, justifica omisiones, evita preguntas incómodas y, llegado el caso, permite presentar cualquier duda como una afrenta extranjera.
Lo curioso es que quien supuestamente estaba tan preocupado por la eventual presencia de autoridades estadounidenses en territorio mexicano era el mismo presidente que se presentó durante seis años como un hombre informado de todo cuanto sucedía en el país. De todo.
Entonces surge una pregunta inevitable. Si se sabía todo, ¿por qué la preocupación? Y si no se sabía todo, ¿por qué insistir en que todo se sabía?
Pero quizá la interrogante más importante ni siquiera está en el libro de Salazar. Está en Sinaloa.
Verán ustedes, mientras el gobierno libra una batalla narrativa contra unas memorias aún inéditas, Sinaloa se convirtió en el expediente que se niega a desaparecer. Un estado con miles de víctimas, secuestros, empresas cerradas, empleos perdidos, funcionarios investigados y una violencia que hace meses dejó de parecer un episodio excepcional para convertirse en lo cotidiano.
La realidad tiene un defecto insoportable para el poder: no puede desmentirse en una conferencia mañanera. Y es justamente ahí donde Claudia Sheinbaum comienza a pagar costos propios.
Quizá no de popularidad. Todavía no. Pero sí de credibilidad.
Cada vez que la presidenta sale a defender explicaciones que chocan de frente con los hechos, el desgaste ya no recae sobre López Obrador. Recae sobre ella. Cada vez que minimiza los dichos del exembajador o intenta reencuadrar los acontecimientos de Sinaloa como un problema de narrativas, es su propio capital político el que se pone sobre la mesa.
La paradoja resulta casi cruel. López Obrador la escogió a ella, entre otras razones, por una cualidad política extraordinaria: su disciplina. Su lealtad. Su disposición a no romper con el proyecto. Y esa misma virtud podría terminar convirtiéndose en su principal carga.
Hay herencias que se administran y otras que se llevan. Y esta carga, por más afectos políticos que la sostengan, tiene un peso muy específico. Más temprano que tarde llega el momento en que quien la lleva encima debe decidir si continúa transportándola o la deja en el camino.
La realidad, al final, no suele tener demasiada paciencia con quienes intentan discutir con ella. Y mucho menos con quienes pretenden derrotarla minimizando los dichos de aquel sombrerudo.
Giro de la Perinola
(1) A quien ha hecho de la escritura su método favorito de defensa, ataque y mofa (me refiero a YSQ, evidentemente) le contestan ahora de la misma manera: con un libro. Será interesante conocer su reacción ante el libro de Ken Salazar quien fue embajador de Estados Unidos ante nuestro país, en el periodo de Joe Biden. No tarda.
Aparentemente, en su libro “Las Fronteras: Mi Lucha por un EU incluyente”, Salazar le dedica más de una tercera parte.
(2) Mas, donde la lucha de narrativas se arrecia, no es lo dicho por el libro de Ken Salazar. Es en realidad todo lo que ha acontecido en Sinaloa desde ese 25 de julio de 2024. Al grado que hoy se tiene a un senador (Inzunza) que no suelta el fuero, pero no asiste a sus obligaciones, a su gobernador con licencia, y dos exfuncionarios sinaloenses en Estados Unidos probablemente haciéndola de testigos protegidos. Todos ellos investigados por sus lazos con el narcotráfico.
(3) Esa narrativa —la real— que incluye más de 2,900 asesinados, 3,300 secuestros y una economía colapsada en Sinaloa, con más de 36,000 empleos formales perdidos y una fuga de más de 30 mil millones de pesos.
(4) En España acaban de condenar a 24 años de prisión a José Luis Ábalos, exministro de Transporte de España. El cargo es corrupción. Se sabe que de sus “negocios”, tuvo más de 58 mil millones de pesos invertidos en nuestro país. Aquí, ¿habrá alguna investigación al respecto?, ¿se interrogará a los funcionarios con los que trabajó? O esta información será tratada como información reservada por cuestiones de seguridad nacional. Valga comentar que las empresas de Ábalos gracias a sus negocios en México, duplicaron ganancias el sexenio pasado. Entre sus contratos figuran parte del Tren Interoceánico y el Tren Maya. Otro trapito sucio.
(5) Ken Salazar menciona a un “susurrador” en su libro. Un gran empresario cercano a López Obrador, que le decía al estadounidense lo que el presidente pensaba. Imposible suponer que se trataba de el ingeniero Slim; ese señor no comenta nada a nadie. ¿Habla de Ricardo Salinas Pliego? ¿De allí en parte el encono y la ofensiva de la 4t contra él?