Sobre las declaraciones de Sara Carter
La nueva cabeza de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos, Sara Carter, aseveró, en una entrevista en un programa estadounidense, que el gobierno de Trump está dispuesto -parafraseando- a dar continuidad al combate contra los carteles de la droga mexicanos y contra los políticos que los defiendan. Hacia el final del intercambio, soltó una última expresión que podría describirse como una amenaza. Todo se queda, como siempre, en el campo de la interpretación.
Sin embargo, también reconoció el trabajo del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en la captura del Mencho, a la vez que señaló los esfuerzos de colaboración de México en relación con la detención de narcotraficantes, y recordó que fue gracias a los trabajos de inteligencia ofrecidos por Estados Unidos que la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas Mexicanas llevaron a cabo la exitosa operación contra el CJNG.
En otras palabras, el gobierno de Trump no ha dejado de reconocer los avances en la lucha contra la delincuencia organizada de sus contrapartes mexicanos, y sobre todo, han señalado el cambio de estrategia en relación con el sexenio de AMLO. No obstante, no han dejado de apuntar hacia la penetración del crimen organizado en las más altas esferas del Estado mexicano, y es allí, según se infiere de las múltiples declaraciones de Carter, de Marco Rubio o del propio presidente Trump, donde México permanece en el campo del rechazo a la cooperación.
Sheinbaum, por su parte, continúa en su negativa de proceder contra Rubén Rocha y los suyos, recurriendo a argumentos falaces como la ausencia de pruebas y una supuesta “injerencia” del gobierno de Estados Unidos en los asuntos internos. Lo hace a pesar de la existencia de una acusación formal avalada por un gran jurado de Nueva York, y ante la evidencia del sometimiento de las autoridades sinaloenses ante el cártel de Sinaloa.
En resumen, debe quedar claro que el gobierno de Estados Unidos sí ha reconocido la colaboración con México en la captura de criminales. Sin embargo, lo que continúa poniendo en peligro la relación bilateral es la decisión de la presidenta mexicana de no dar un paso más hacia adelante: lanzarse contra los narco políticos que no solo permanecen inmóviles frente a los carteles, sino que coadyuvan a la producción y tráfico de drogas hacia Estados Unidos.