No es para tanto lo del PRI
La elección de Coahuila, antes de hacer pronósticos a futuro, debe ponerse en un contexto de lo que aconteció. Desde un principio se sospechaba que el gobierno del estado utilizaría todas las herramientas y el recurso para influir en el resultado final. De hecho, ellos aseguran que la elección transcurrió sin sobresaltos; sin embargo, el ejercicio, desde el inicio hasta el final, estuvo plagado de irregularidades de las que el PRI está acostumbrado a realizar.
Claro que eso, por la naturaleza de la situación, tendrá que anularse si hay impugnaciones. Los tribunales electorales tendrán suficiente material que ha circulado en las redes sociales del entramado de inconsistencias que, para fortuna, fueron documentadas en muchas plataformas de información. Sin perder de vista todo eso, Morena tiene muchos elementos a favor para enseñar las estrategias que diseñó el Revolucionario Institucional.
Más allá de eso, a muchos columnistas y analistas conservadores no les importó ver la magnitud del fraude electoral que se perpetró. Ellos, sin ningún reparo, aseguran que este resultado es un síntoma del supuesto descenso que vive Morena y la presidenta constitucional, Claudia Sheinbaum. No sé realmente de qué país están hablando, pues el PRI, más allá de estos resultados, sigue y seguirá desdibujado a nivel nacional. El resultado del pasado fin de semana no es para tanto: el PRI no ha ganado nada y, por ende, continúa sumergido en la degradación. En pocas palabras, están atrapados en el mismo laberinto sin salida. Eso del triunfo contundente es un espejismo que muy pronto lo hará chocar con la pared. En todo caso, Coahuila no es, en definitiva, el pulso de lo que verdaderamente se percibe en las 32 entidades federativas.
No es para tanto el resultado del PRI. Desde luego que Morena deberá hacer un estudio minucioso de lo que pasó; sin embargo, la coalición Seguimos Haciendo Historia es inmensamente favorita para ganar 15 de 17 gubernaturas que estarán en disputa, lo mismo que la mayoría de los distritos locales y federales. Todo eso, por supuesto, rompe con cualquier narrativa triunfalista que nos quiere vender Alejandro Moreno. Ahora resulta que el PRI es un fenómeno social o, de plano, es el ave fénix. De hecho, esto no lo vemos como algo que haya reconocido el grueso de la población que, en todas las encuestas, sigue repudiando al PRI, mayormente porque lo identifica por su pasado corrupto.
Viéndolo desde algo más objetivo, la lectura de los resultados fue la combinación de una operación que maniobraron para influir en la decisión colectiva. Por ese motivo, es una exageración el espectáculo que ha montado la dirigencia nacional del PRI, que anda gritando a los cuatro vientos que el dinosaurio ya resucitó. El discurso de Alito, por ejemplo, tiene una dosis de vanidad que casi casi se autonombra un referente nacional. Podemos decir, viendo las circunstancias, que se trata de una estrategia para tratar de conectar con la ciudadanía y, asimismo, intentar tener margen de maniobra para proponer una megalianza. De hecho, esa lingüística nos dice que el Revolucionario Institucional sigue siendo incapaz de hacer frente al dominante paso de la presidenta constitucional. Mientras el tiempo avance, por supuesto, el PRI continuará mostrando signos de desgaste.
El PRI, desde hace mucho tiempo, dejó de ser un contrapeso real. Su declive, al menos en los dos últimos procesos electorales para la presidencia, se ha hecho notorio, mayormente al perder una cantidad importante de militantes que han buscado refugio en otras expresiones. Esos tropiezos acumulados, por un lado, son el común denominador del pasado. De hecho, nadie quiere saber nada del PRI; es decir, ninguna fuerza política busca aliarse con ellos. Todos, de un modo o de otro, le han dicho que con ellos ni a la esquina. La realidad es otra: el PRI es, sin exagerar, la quinta o sexta fuerza política de México. Sigue arrastrando una mala reputación, sobre todo ahora que se han apropiado de la toma de decisiones de la dirigencia nacional. Siendo así, continuarán asumiendo un costo político muy elevado de un pasado del que deberían avergonzarse. Que no vengan con el cuento de que están renovando y que, como tal, “el PRI está de regreso”. Eso es una falsa narrativa que, desde luego, no es para tanto. Lo de Coahuila, por ejemplo, es un ejercicio plagado de irregularidades; sin embargo, eso no debe ser una excusa para que Morena se confíe y caiga en una zona de confort. La izquierda, hoy más que nunca, debe sellar un pacto de unidad para seguir propagando el proyecto de transformación.
Lo del PRI, simplemente, es un espejismo que explica por qué están sumergidos en la mediocridad.