Los tibios panistas

La escena parece extraída de una película sobre el viejo México autoritario: un alcalde irrumpe en un espacio privado acompañado de hombres armados, se produce un altercado con un ciudadano, y en cuestión de horas, el país entero observa cómo el poder vuelve a comportarse por encima de la ley.

No ocurrió en los años del caciquismo priista; no fue en los tiempos de Gonzalo N. Santos ni en el universo de ficción de La Ley de Herodes. Acaba de pasar en pleno 2026 y el protagonista fue el alcalde panista de Metepec, Fernando Flores.

Preocupante la conducta del edil, pero más alarmante la normalización del abuso de poder, un mal que parece extenderse por toda la clase política mexicana sin importar los colores del partido.

Morena ha sido señalado por tolerar, proteger o minimizar conductas que van en contra de vida democrática, casos como la cercanía de políticos con personajes ligados al crimen organizado, escándalos de corrupción, nepotismo y abusos de autoridad han sido justificados sistemáticamente bajo argumentos de guerra sucia.

Por eso el caso de Metepec resulta tan relevante para Acción Nacional.

Porque si el PAN pretende presentarse como una alternativa ética frente a la corrupción del oficialismo, no puede responder a sus propios escándalos con las mismas evasivas que critica.

La prepotencia no tiene partido

México vive una etapa de degradación de la cultura democrática. La política dejó de premiar la prudencia y comenzó a recompensar la confrontación. La arrogancia se confunde con liderazgo y la agresividad y el alarde de poder como fortaleza.

Una generación de funcionarios que llegaron enarbolando un discurso de ser diferentes, pero parecen convencidos de que el cargo público les otorga privilegios especiales frente a los ciudadanos.

Lo hemos visto en gobernadores, alcaldes, legisladores y funcionarios de prácticamente todos los partidos.

Lo vimos cuando siendo gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco acumuló escándalos de toda naturaleza sin enfrentar consecuencias significativas o en múltiples episodios protagonizados por el exgobernador de Veracruz, Cuitláhuac García.

Y ahora lo vemos en Metepec. La diferencia es que esta vez el protagonista pertenece a un partido que construyó su identidad en torno a conceptos como legalidad, institucionalidad y respeto al Estado de derecho.

Por eso la reacción del PAN es tan importante. Sin embargo, la respuesta inicial de su dirigencia nacional pareció diseñada para administrar daños políticos, no para enviar un contundente mensaje de rechazo a una conducta incompatible con el ejercicio democrático del poder y con sus principios.

Llamado al PAN

Frente a la tibieza de la dirigencia nacional, Morena salió rápidamente a exigir la separación del cargo del alcalde de Metepec, que se investigue y que los hechos no queden impunes, revelando cómo los partidos salen a proteger sus intereses por conveniencia electoral.

Sin embargo, voces del PAN, como la diputada federal Adriana Dávila sintetizan la exigencia que muchos ciudadanos comparten: el PAN debe aplicar sus principios y estatutos sin excepciones. Y tiene razón.

La crisis de confianza en la política mexicana no se resolverá porque un partido denuncie los excesos de otro, sino cuando cada fuerza política sea capaz de sancionar los abusos cometidos por sus propios integrantes.

Si como sostienen numerosos críticos, Morena institucionalizó y normalizó la cercanía de personajes con el crimen organizado, el PAN no puede permitirse normalizar la prepotencia, el abuso de poder, el nepotismo o la impunidad solo porque los protagonistas militen en sus filas.

Lo dicho por Lilly Téllez apunta en esa dirección: la decencia pública debe volver a convertirse en un requisito y no en un discurso de campaña.

El problema no es solo el alcalde de Metepec. Es el mensaje que reciben miles de funcionarios públicos cuando observan que los partidos por interés electoral, reaccionan con cautela frente a conductas que deberían condenarse.

Cuando la oposición se pregunte por qué razón buena parte de la clase media terminó respaldando a Morena, una de las respuestas está precisamente en episodios como este: ciudadanos cansados de privilegios, arrogancia y conductas de políticos desconectados de la realidad.

Si el PAN quiere recuperar credibilidad, necesita demostrar que aprendió esa lección y que la ley no puede interpretarse a conveniencia.

Lo que pasó en Metepec debe investigarse y sancionarse sin miramientos ni colores de partido.

En una democracia la ley se aplica exactamente igual para todos. La prueba que enfrenta Acción Nacional, no es defender a Fernando Flores, sino demostrar que todavía es capaz de defender sus principios.

X: @diaz_manuel

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