La victoria del PRI en Coahuila exhibe la soberbia del PAN y proyecta a Manolo para el 2030

Con todo y los negativos de su impresentable dirigente, Alejandro Moreno Cárdenas, el Partido Revolucionario Institucional sacó la aplanadora de la cochera y aplastó en las urnas a la oposición de Coahuila. Una victoria que se explica en buena medida, por el buen gobierno de Manolo Jiménez Salinas y la incapacidad de Morena para encontrar la cuadratura al círculo del tricolor.

Así, Coahuila se mantiene como el único estado del país sin ser gobernado por un partido diferente al PRI. Y así estrena su dirigencia Ariadna Montiel Reyes, con una derrota anunciada por las encuestas desde que inició el proceso electoral, en donde Morena no pintó de guinda ninguno de los 16 distritos electorales.

Igualmente, el carro completo del tricolor en Coahuila, exhibió la pobreza de las candidaturas del Partido Acción Nacional y la soberbia de su dirigente nacional, Jorge Romero Herrera, de cerrar la puerta a los acuerdos con otros partidos, para enfrentar en las urnas al partido en el poder.

La clave de la apabullante victoria del PRI en Coahuila tiene cuatro elementos que la explican. El primero, la percepción de buen gobierno que ha logrado mantener Manolo entre la ciudadanía, desde el inicio de su sexenio.

Segundo, el mandatario de Coahuila le pintó la raya a los ex gobernadores de su partido, para evitar que sus negativos lo afectaran, pero, sobre todo, Manolo ha logrado mantener fuera del estado a Alejandro Moreno Cárdenas, el impresentable dirigente priista que ahora se cuelga del triunfo haciéndolo suyo. ¡Hágame usted el recabrón favor!

Además, el mandatario supo leer rápido la postura egocéntrica del PAN y su dirigente nacional, lo cual evitó que los negativos azules le salpicaran en las urnas coahuilenses a su partido. El tercer elemento explicativo del “zapato” tricolor, se encuentra en la incapacidad que han mostrado los liderazgos de Morena para construir acuerdos y enfrentar unidos al PRI-Gobierno.

Finalmente, el cuarto elemento que mantiene bien aceitada a la aplanadora en el estado norteño, es el ADN priista de una ciudadanía que no ha permito la llega de otro partido al Poder Ejecutivo. No sé si sea para orgullo, pero Coahuila es la única entidad federativa del país, que mantiene su fidelidad al PRI impidiendo la alternancia gubernamental.

Debo decir que, a estas alturas de la política nacional, no fue una sorpresa lo que sucedió en las urnas de Coahuila el domingo pasado. Las encuestas lo anticiparon desde que inició el proceso electoral. La intención del voto estuvo siempre a favor del tricolor en los 16 distritos.

Los números del PREP no mienten: el tricolor obtuvo 684,515 votos, el 55% del total emitidos, de los cuales una ínfima parte los aportó el partido Unidad Democrática de Coahuila. El PAN dejó de ser la segunda fuerza política en el estado, al cosechar apenas el 2.16% (26,877), cediendo este sitio a Morena, en coalición con el PT, con 326,012 votos (26.20%).

Tomando en cuenta los resultados de las elecciones anteriores, lo sucedido en Coahuila no fue sorpresivo: fue la confirmación de que, en este estado, el ADN priista sigue mostrando su músculo, gracias a mantenerse distante del sinvergüenza de Alito Moreno Cárdenas. El PRI se mantiene invicto en este estado, que se consolida como su principal bastión.

Así, Manolo Jiménez Salinas sale bien librado de su elección intermedia, la que se considera como un plebiscito para los gobiernos. No fue un coscorrón el que recibió en las urnas, sino un voto de confianza a favor de su mandato, dándole una mayoría legislativa más cómoda. A querer o no, este triunfo lo proyecta como una opción de la derecha para la presidencial de 2030.

Por cierto, Morena no perdió ningún distrito en Coahuila el domingo pasado, por la sencilla razón de que no ganó ninguno en la elección de 2023. Es más, no ha ganado ninguna diputación local de mayoría, desde que el movimiento obradorista se convirtió en partido. Ni en 2017 ni en 2020. Pero avanzó en la cosecha de votos, respecto a la elección intermedia anterior de 2020, cuando obtuvo 170,820 sufragios (20.13%).

No nos equivoquemos, el gran perdedor en Coahuila fue el PAN. Mientras que el PVEM da la campanada superando al blanquiazul, en un estado en donde el panismo había sido la segunda fuerza política.

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