El ritual de Sheinbaum para dejar estupefacta a la comentocracia

Claudia Sheinbaum no es una mujer acomplejada. Durante la contienda interna de Morena, la prensa la acusó muchísimas veces —incluso con insultos— de ser la “copia de AMLO”. A ella no le importó. Convencida de que su relación con López Obrador se basaba en una genuina identidad ideológica, no cayó en el error de intentar agradar a la comentocracia deslindándose del tabasqueño. Todo lo contrario: cada vez que venía al caso, manifestaba su orgullo por coincidir en el mismo movimiento con un político que, se piense lo que se piense de él, es un personaje de estatura histórica. Y en eso no ha cambiado la mandataria: sigue, en lo esencial, cerca de Andrés Manuel, aunque con los papeles invertidos: desde finales de 2024 ella es la jefa y él desempeña disciplinadamente un rol subordinado.

Ya en la presidencia, algunos columnistas famosos —con más insistencia que nadie, Joaquín López Dóriga— emprendieron una estrategia que me parece de nado sincronizado: intentar convencer a la mandataria de romper con AMLO bajo el argumento de que solo así asumirá plenamente el poder.

Pero, perfectamente consciente de que ella es la comandanta suprema de las Fuerzas Armadas —el título que mejor simboliza el máximo poder en México—, y con la madurez que se necesita para no dejarse seducir por elogios basados en ofender a su antecesor, la presidenta Sheinbaum ha ignorado recomendaciones que no surgen de la buena fe, sino que se originan en el odio a la 4T, a la que pretenden dividir.

El caso Coahuila

En Coahuila perdió Morena. Por “goleada ganó el PRI”, dicen algunos medios. El partido de izquierda ha denunciado irregularidades… Sí, resultan creíbles en función de la historia del priismo, dueño de la patente mundial del fraude electoral. Ya las castigará, si hay pruebas, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Sin embargo, más allá de si hubo trampas o no, el hecho es que ahora mismo Morena sufrió una dura derrota.

Así es la democracia. Este descalabro morenista tiene algo de positivo: refuta a la oposición, a los sectores empresariales, a los medios de comunicación y a destacados intelectuales que han sostenido, desde la mitad del pasado sexenio, que la 4T decidió destruir la democracia; un proceso que culminó, aseguran, con las reformas constitucionales impulsadas por la presidenta Sheinbaum.

¿No hay democracia en un país donde el partido en el poder federal pierde una elección local “por goleada”, con o sin trampas priistas?

En la democracia se gana y se pierde; eso es lo que ocurre en México. El próximo año, cuando se celebren numerosos procesos electorales, Morena ganará y perderá posiciones de acuerdo con lo que la ciudadanía decida en las urnas. Según las encuestas, el morenismo triunfará casi en todas partes. Y las encuestas no suelen fallar: no fallaron, por cierto, en Coahuila.

Coahuila como instrumento para que intentar que rompan Claudia y Andrés Manuel

Como el ejemplo de Coahuila no sirve para calificar de antidemocrática a la 4T —al contrario, define al gobierno de izquierda como absolutamente respetuoso de la legalidad—, los medios y la oposición manejan ya la tesis que mejor se acomoda a su objetivo principal: dividir a Morena. Es decir, buscan que Claudia, ante la derrota de Coahuila, decida al fin deslindarse de AMLO.

Debido a que Andrés Manuel López Beltrán, segundo hijo del tabasqueño, participó en la organización de las actividades preelectorales en Coahuila, la rabia de la comentocracia se dirigirá contra él.

Quien lo dude, que lea la metáfora beisbolera de Ciro Gómez Leyva sobre la derrota coahuilense: “Morena le encargó esta elección a Andrés Manuel López Beltrán, quien tiró el arpa hace dos semanas. Pero, como en el beisbol, el 16 a 0 en contra queda en su récord. La mayor paliza en la historia de la franela guinda ocurrió con él en el dugout durante ocho entradas y media”.

Imposible negar que el trabajo de López Beltrán para nada resultó exitoso en Coahuila, pero no fue solo un tropiezo de él: se trató de un resbalón —útil como lección, si se analiza seriamente—de toda la militancia. Tanto victorias como derrotas electorales son logros colectivos.

Lo positivo para Morena: “Si la opción es el viejo PRI, apoyaré todavía más a la izquierda”

Existe otro análisis posible de las elecciones de Coahuila que, de hecho, favorece a Morena a nivel nacional. La de ayer fue, en efecto, una victoria del PRI, pero no de cualquier PRI, sino del PRI de Rubén Moreira, el cacique coahuilense que es el principal estratega del impresentable Alejandro Alito Moreno. Pura mafia política.

Si el gobierno de México fuese antidemocrático, habría intervenido de forma indebida en ese proceso electoral, por ejemplo empezado por operar, hace unos meses, para impedir que el nuevo líder de la CTM fuera Tereso Medina, un muy desprestigiado sindicalista del mismo grupo de Moreira y quien seguramente metió sus no muy limpias manos para favorecer al tricolor.

¿Por qué digo que hay un beneficio para Morena? Porque si el electorado advierte que la única alternativa a la 4T es el PRI de Moreira y Alito —disfrazado en Coahuila de joven tecnócrata con cara de niño bien portado, el gobernador Manolo Jiménez—, crecerá el apoyo a la izquierda.

La verdad sea dicha: el pueblo de México no ha terminado de perdonar el daño que durante décadas causó el priismo.

Frente a la posibilidad de un retorno del peor PRI —una opción remota, afortunadamente, pero que la propaganda anti-4T intentará inflar—, y teniendo en la presidencia a una mujer ciento por ciento honesta y con un modo de vida ejemplarmente austero, la sociedad mexicana no vacilará: con sus defectos, verá que es un millón de veces preferible la continuación del proyecto de izquierda.

En fin, la comentocracia no subrayará que la 4T encabeza una democracia funcional en la que se gana y se pierde —algo que rechazan incluso intelectuales obligados a la objetividad, pero que en este tema la pierden, como Enrique Krauze—. Más bien, la prensa se lanzará a linchar a López Beltrán para presentarlo, junto con su padre, como el mayor lastre del que debe deshacerse la presidenta Sheinbaum.

Tanto molestan a Claudia Sheinbaum con esa fantasía que ella, guiada por su falta de complejos, quizá debería invitar a AMLO a una conferencia mañanera. Pero esta vez, con Andrés Manuel sentado en las sillas de los invitados, esperando a que la presidenta le cediera la palabra. Habría un gran escándalo, pero valdría la pena descolocar a la opinión pública, con un gesto que particularmente alborotaría al columnismo mexicano.

AMLO escuchando la mañanera mientras la presidenta Sheinbaum encabeza el diálogo circular sería el gran ritual político para dejar estupefacta y con la boca abierta a la comentocracia.

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