Slim ya vio el naufragio

Carlos Slim Helú, el hombre más rico de México y uno de los empresarios más poderosos del planeta, supo poner el dedo en la llaga de la llamada Cuarta Transformación. En su conferencia anual abordó dos temas especialmente sensibles para el gobierno de Claudia Sheinbaum y para el legado de Andrés Manuel López Obrador: la crisis de Pemex y la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Las declaraciones de uno de los empresarios más beneficiados en los gobiernos de la 4T, aliado político y económico tanto de López Obrador como de Sheinbaum, llegan justo cuando Estados Unidos incrementa la presión sobre México en materia de seguridad, comercio y cumplimiento del T-MEC, y mientras la economía comienza a mostrar señales claras de desaceleración.

Pemex, la bomba financiera

De manera contundente Slim señaló que la situación de Pemex representa “quizá el problema más importante” del país. Recordó que México hoy produce apenas millón y medio de barriles diarios, muy lejos de los más de tres millones alcanzados en otros sexenios. Sus palabras golpean uno de los pilares ideológicos del obradorismo: la supuesta soberanía energética.

Aunque Sheinbaum insiste en que Pemex atraviesa un proceso de consolidación financiera, Slim desmonta el discurso con una sola frase, “el punto débil de Pemex y del país son las deudas, la baja producción y la falta de pagos”. Traducción: es una empresa quebrada financieramente, sobreendeudada y sostenida artificialmente con recursos públicos.

Advirtió: “Lo que debe hacer es producir petróleo”. La frase parece simple, pero representa una crítica directa a una política energética basada en propaganda nacionalista y no en eficiencia, inversión y rentabilidad.

Texcoco, el error histórico

Pero el golpe contundente vino cuando afirmó que el NAIM “debió construirse” y que su cancelación fue un error histórico. Defendió el proyecto de Texcoco no sólo como una obra aeroportuaria, sino como un detonador de desarrollo económico para el oriente del Valle de México.

Sus palabras tienen enorme peso político. El aeropuerto fue destruido por López Obrador como emblema de combate a la corrupción y símbolo de ruptura con el viejo régimen. Pero cancelarlo costó cientos de miles de millones de pesos y el AIFA sigue lejos de convertirse en el gran centro aéreo prometido.

Slim fue uno de los principales inversionistas del proyecto. Su entonces yerno, Fernando Romero, junto con Norman Foster, diseñó el aeropuerto que llegó a ser reconocido internacionalmente.

En 2018 criticó duramente la cancelación y advirtió que sustituir Texcoco por Santa Lucía respondía a “criterios equivocados de inversión”. Sin embargo, luego de ser indemnizado generosamente y ya como uno de los empresarios favoritos del régimen, cambió de opinión. Cuando el AIFA fue inaugurado en 2022, lo calificó como “espectacular” y aseguró que estaba “a nivel internacional”.

Una postura que exhibe el verdadero modelo de relación entre el poder político y económico en México: empresarios que primero critican, negocian, cobran y luego aplauden.

No fue casualidad que los premios Nobel de Economía Daron Acemoglu y James A. Robinson utilizaran a Carlos Slim como ejemplo de las “instituciones extractivas” en México en su libro Por qué fracasan los países, donde sostienen que su fortuna no nació de la libre competencia, sino de monopolios construidos al amparo del poder político, particularmente tras la privatización de Telmex durante el gobierno de Carlos Salinas.

Lo definieron como “capitalismo de cuates”: una élite empresarial que prospera gracias a sus conexiones con el gobierno y no necesariamente por competir en igualdad de condiciones.

Las declaraciones de Slim despiertan muchas interrogantes: ¿es un verdadero rompimiento con la 4T o estamos simplemente frente al viejo instinto de supervivencia del empresario más poderoso del país?

Tomar distancia

Slim siempre ha sabido acomodarse con el poder. Lo hizo con Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto y, sobre todo, con López Obrador. Ha sobrevivido porque entiende mejor que nadie hacia dónde sopla el viento político y económico.

Hoy el viento parece cambiar. Estados Unidos endurece su posición, Pemex se hunde financieramente, el T-MEC entra en una etapa crítica y los inversionistas observan con creciente preocupación la concentración de poder político y la incertidumbre jurídica.

Entonces Slim comienza a marcar distancia. No es por convicción democrática ni por una preocupación nacional, sino por cálculo político y económico.

Porque Carlos Slim nunca apuesta por causas perdidas.

X: @diaz_manuel

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