Olvida las encuestas. Mejor apuesta si estás tan seguro
La oposición mexicana —esa que vive entre hilos de X, programas de radio matutinos y columnas de opinión pagadas— ha encontrado una estrategia infalible para no ganar elecciones: la guerra de encuestas. Una táctica tan predecible como infructuosa. En lugar de mirar a la calle, escuchar a la gente o construir una oferta política creíble, prefieren refugiarse en números manipulados, cámaras de eco y pronósticos que, una y otra vez, se estrellan contra la realidad material del país.
Lo vimos con toda crudeza en 2024 con Xóchitl Gálvez. Mientras la candidata de la alianza opositora recorría plazas vacías y sus simpatizantes más ruidosos celebraban encuestas de Massive Caller, Oraculus y otras encuestadoras de bolsillo, la nación votaba con los pies. Las calles, las colonias populares, los mercados, los pueblos, los jóvenes, las mujeres, los adultos mayores: todos hablaban un idioma distinto al de los paneles de televisión. La oposición decidió creer en sus propias burbujas. El resultado fue histórico y contundente. Pero aprendieron poco. O mejor dicho: aprendieron a repetir el mismo error con más convicción.
Desde el momento en que Claudia Sheinbaum dejó la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México para buscar la candidatura presidencial, el guion opositor se repitió como un disco rayado: “Claudia no es AMLO”, “nunca tendrá su carisma”, “a Claudia se le va a caer el país”, “será la Dilma Rousseff mexicana”, “necesitamos un hombre fuerte”. Narrativas desesperadas que buscaban deslegitimar no solo a una persona, sino al proyecto de transformación que millones de mexicanos habían ratificado en las urnas. No se trataba de debatir ideas. Se trataba de negar la realidad: que un amplio sector del país sigue prefiriendo el proyecto de la Cuarta Transformación por encima de una oposición desorganizada, sin identidad clara y sin propuesta que logre conectar con las mayorías.
Ahora, con las elecciones intermedias de 2027 en el horizonte, la guerra de encuestas regresa con más fuerza. Otra vez las mismas voces asegurando que Morena perderá la mayoría en la Cámara de Diputados, que el “hartazgo” está a punto de explotar, que México “despertará”. Sacan las encuestas que quieran. La realidad, como siempre, tiene otros datos.
Y esta vez no son solo encuestas. Es algo más crudo, más directo, más revelador: el dinero. Polymarket, la plataforma de mercados de predicción descentralizada más grande del mundo, ha abierto un mercado sobre las elecciones legislativas mexicanas de junio de 2027. Para quienes no la conocen, Polymarket no es una casa de encuestas tradicional. Es un casino digital donde la gente apuesta dinero real sobre el resultado de eventos futuros. Los precios de las acciones “sí” o “no” reflejan la probabilidad implícita que el mercado asigna a cada resultado. En teoría, como hay dinero en juego, se supone que la “sabiduría de la multitud” es más precisa que las encuestas telefónicas.
Incluso en este terreno fangoso, la tendencia es aplastante. Al momento de escribir estas líneas, más del 91% del dinero apostado en Polymarket está puesto en que Morena obtendrá la mayoría —amplia o reducida— en la Cámara de Diputados tras las elecciones de 2027. Movimiento Ciudadano aparece en un lejano segundo lugar con alrededor del 4 por ciento. PRI, PAN, PT y PVEM se reparten migajas del 2% cada uno. Leyeron bien: más gente está dispuesta a poner su dinero en que Movimiento Ciudadano tenga un mejor desempeño que en que el PAN o el PRI reviertan su decadencia histórica. La confianza de la oposición tradicional está literalmente por los suelos.Puede revisar los datos completos en esta liga: https://polymarket.com/es/event/mexico-legislative-election-winner
Esto no es una encuesta pagada por un partido. Es gente dispuesta a perder dinero si se equivoca. Es dinero hablando. Y el dinero, en este caso, está diciendo lo mismo que las calles han venido diciendo desde hace años: la mayoría del país sigue respaldando el proyecto de la 4T. No porque sea perfecto. No porque no existan errores, críticas legítimas o áreas de mejora. Sino porque, frente a una oposición que no ha sabido reinventarse, que sigue ofreciendo lo mismo de siempre con distinto empaque, la gente prefiere continuar con lo que conoce y que, en términos generales, ha significado estabilidad, programas sociales ampliados, inversión en infraestructura y una narrativa de orgullo nacional.
Saquen las encuestas que quieran. Publiquen los gráficos que más les consuelen. Sigan creyendo que “la gente no sabe” o que “está manipulada”. Pero si de verdad tienen la convicción plena de que la presidenta miente, de que el país se está cayendo a pedazos, de que México está a un paso de “despertar” y sacar a Morena del poder… entonces demuéstrenlo con algo más que tuits y columnas indignadas.
Pongan su dinero donde está su boca.
Si están tan seguros de que Acción Nacional va a vencer a Morena en 2027, adelante: compren las acciones “sí” en Polymarket. Con 100 dólares invertidos en la opción de que el PAN gane la mayoría, podrían llevarse más de 4,000 dólares si tuvieran razón. Imagínense: no solo ganarían dinero, sino que además demostrarían que su análisis no es solo ruido ideológico, sino convicción real.
¿Cuántos opositores están dispuestos a hacerlo? Muy pocos, me temo. Porque en el fondo saben que la realidad tiene otros datos. Y esos datos no están en las encuestas pagadas ni en los grupos de WhatsApp. Están en las urnas del pasado y, según el mercado más crudo que existe, seguirán estando en las urnas del futuro.
La oposición mexicana necesita algo más urgente que una buena encuesta: necesita una identidad, una propuesta, un proyecto que realmente convenza a las mayorías. Mientras siga apostando todo a la negación y a la guerra de números, seguirá perdiendo. No porque el pueblo esté ciego, sino porque ha decidido, una y otra vez, mirar hacia otro lado.
La calle, las urnas y ahora hasta el dinero lo siguen diciendo claro: la 4T no es un espejismo. Es la preferencia mayoritaria de un país que, por ahora, no está dispuesto a regresar al pasado.