Las escuelas no son guardería
“Para qué abre las patas.”
“Se hubiera fijado mejor en el padre que le escogía a sus hijos.”
“Calladita te ves más bonita.”
“Así son los hombres, que le vamos a hacer.”
Exclaman desde su privilegio los varones y mujeres que no han tenido que, jamás, tomar decisiones basadas en la supervivencia y el cuidado de los más vulnerables.
En un sistema en donde nadie elige ser madre desde el libre albedrio (porque elegir desde la libertad seria elegir desde la verdad), la verdad que nadie quiere mencionar en donde:
La crianza es el sistema de esclavitud más perverso jamás inventado porque nos condena mediante el amor a sostener los cuidados, la limpieza y la economía por nuestra cuenta y sin ninguna red de apoyo, con la exigencia a tope y un trabajo 24/7 sin vacaciones ni descansos, mientras nos culpabiliza por desear algo diferente y nos castiga por no elegirla.Nos enseñan desde niñas a desear la maternidad sin hablarnos del inciso A, solo diciéndonos que es la realización femenina, que es lo mas maravilloso del mundo y que el amor real radica en maternar.
Se atreven a decir que las escuelas no son guarderías, porque claro, las mujeres debemos serlo solas. Los niños son nuestros, los niños que tuvimos porque el sistema así lo exige y necesita no son responsabilidad de nadie más al cien por ciento, sólo de las madres, los padres están muy cómodos brindando un máximo de 20% en dinero, un 0% en carga mental, cuidados, crianza y habitabilidad del espacio de las niñeces.
¿Dónde está la red que debe sostener el tejido social? Una red que no descanse únicamente sobre nuestras espaldas. ¿Una red real, no una que solo vaya y despoje a las madres de sus hijos cuando se les desborda la situación de las manos? ¿Dónde están las herramientas para conciliar laboralmente la crianza y los cuidados, el salario universal para personas cuidadoras, las pensiones justas con base a las necesidades del niño y no a las capacidades del padre, dónde están los castigos ejemplares a los deudores que dejan a los niños morir de hambre para que sus madres hagan un 300% de esfuerzo extra y lo impidan?
Les abrimos el alma y el cuerpo a los hombres que nos conquistan haciéndose pasar por hombres que merecen nuestros afectos y al final resulta que abandonan o violentan, ¿y se atreven a preguntar por qué abrimos las piernas? Cuando el aborto no debería ser una exigencia feminista sino un derecho fundamental y garantizado desde el sistema público. Se atreven a echarnos en cara que elegimos mal al padre de nuestros hijos cuando todos los métodos anticonceptivos tienen más de un metro de letras pequeñas de advertencias, pero estos hombres en quienes confiamos no vienen con banderas rojas desde el inicio, las enmascaran demasiado bien.
Que así son los hombres, que a ti te tocó criar a diez sin ayuda. Que tú no te recargabas en la escuela para criarlos, que pudiste sola. Pues lamento tanto, tanto, que hayas tenido que hacerlo sola cuando todo un sistema debió sostenerte, cuando el hombre que abandonó y te dejó sola debió ser castigado por agresor y algún tipo de herramienta gubernamental debió ayudarte a preservar la justicia y no la soledad. Lo lamento, pero tu experiencia no justifica que otras debamos sentarnos y callar y asumirlo todo solas.
Hoy estamos aquí exigiendo lo que es justo, dicen por ahí que deberían estar contentos que exigimos justicia y no venganza y es cierto.
Justicia.
Una palabra que según la RAE (otra institución colonialista y violenta) significa:
Según la Real Academia Española (RAE), la justicia se define como un principio moral que impone a cada uno lo que le corresponde, promoviendo la equidad y la rectitud. Además, se refiere a la actividad del estado que resuelve conflictos entre ciudadanos, garantizando el cumplimiento de las leyes. La justicia también se considera una de las virtudes cardinales, esencial para el buen funcionamiento de la sociedad y la armonía social.
Nosotras queremos más que justicia. Queremos disculpas públicas. Queremos instituciones competentes que reconozcan la escuela como un espacio para los cuidados colectivos, sistemas de salud públicos que garanticen el aborto seguro y gratuito, estudios científicos bien financiados para la anticoncepción masculina y la mejora de la femenina, queremos que nuestras hijas sepan la verdad sobre la maternidad y elijan si quieren asumirla desde la transparencia y la realidad. Queremos que dejen de construir el capital sobre nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestros corazones.
Queremos ser libres, y la libertad viene desde muchos espacios, pero primero, primero queremos que estas frases llenas de misoginia y violencia dejen de repetirse tan libremente y sin ninguna consecuencia en los discursos públicos.