Mario Delgado y su calendario Montessori
“Libres son quienes crean, no quienes copian;
libres son quienes piensan, no quienes obedecen.
Enseñar es enseñar a dudar.”
Eduardo Galeano
“En el método Montessori, la preparación exigida al maestro es el examen de sí mismo.”
María Montessori
Mario Delgado tuvo la oportunidad de convertirse en un secretario de Educación serio y prefirió transformarse en meme administrativo. No es poca cosa. La oficina que ocuparon José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet o Jesús Reyes Heroles hoy parece utilizada como set de improvisación pedagógica. El señor Delgado ha conseguido una hazaña política rarísima en México: unir a oficialistas y opositores en la misma pregunta existencial. ¿Cómo alguien puede decir semejantes barbaridades siendo secretario de Educación? El consenso nacional alrededor de su posible salida no nace del sectarismo, sino del espanto absoluto.
La propia presidenta tuvo que arroparlo públicamente, para luego reiterar que el calendario escolar oficial se mantiene. Lo notable no fue solo la enmienda. Fue que debiera repetirse varias veces, como cuando una maestra explica lentamente algo al alumno que sigue sin entender nada de nada.
Pero Delgado, terco y/o manipulador profesional, decidió insistir. Acusó que las escuelas se han convertido en “resguardo de niñas y niños por conveniencia del mercado”. Curiosa crítica viniendo del mismo funcionario que pretendía modificar el calendario escolar para favorecer ver… ¡un Mundial! Parece que la “conveniencia del mercado” solo le incomoda cuando no trae patrocinio de la FIFA…
Más grave todavía: el secretario aceptó públicamente que muchas escuelas ya NO están enseñando como deberían durante el último tramo del ciclo escolar. Y aun así no presentó una sola propuesta seria para corregir este hecho. Ni reforzamiento académico. Ni evaluación docente. Ni recuperación de aprendizajes. Ni combate al rezago educativo. Nada. La confesión quedó reducida a coartada burocrática.
Eso es lo verdaderamente alarmante. No la ocurrencia. La resignación.
Cuando fue momento de enfrentar el desastre educativo heredado, Delgado se achicó. No removió perfiles ideologizados que deterioraron contenidos, no defendió la excelencia académica y, ahora, frente a las presiones de la CNTE, la salida propuesta fue reducir horas clase. Es decir: sacrificar aprendizaje para administrar conflictos políticos. La pedagogía convertida en simple control de daños.
Y el mensaje fue demoledor para maestros y alumnos. A los estudiantes prácticamente les dijo que junio es un mes perdido. A los docentes, que su trabajo durante ese periodo es IRRELEVANTE. Resulta fascinante observar cómo el secretario de Educación logró degradar simultáneamente la autoridad de la escuela y la del maestro… desde la propia propia SEP. Casi una innovación administrativa.
Y todo ocurre mientras México vive uno de los peores momentos educativos de su historia reciente. En la prueba PISA 2022, el país quedó en el lugar 51 de 81 naciones evaluadas. Dos de cada tres estudiantes mexicanos no alcanzan el nivel mínimo en matemáticas y cerca de la mitad tampoco lo logra en lectura y ciencias. En la OCDE, además, México aparece entre los países con menor proporción de jóvenes con título universitario: apenas 22%.
Con semejantes resultados, Delgado todavía se permitió comparar a México con Francia para presumir supuestos más días de clase. El problema es que la comparación no resiste demasiada revisión. Porque no se trata solo de contar días en un calendario, sino horas efectivas de aprendizaje, calidad educativa y resultados reales. Pero el secretario parece convencido de que una crisis educativa puede maquillarse igual que un PowerPoint.
Así que la tragedia de fondo es otra: la educación dejó de ser prioridad nacional y pasó a convertirse en variable negociable de operación política. Se ajusta, se recorta o se modifica dependiendo de marchas, presiones sindicales, coyunturas electorales o espectáculos deportivos. El alumno quedó al final de la cola. Y eso sí debería escandalizar.
Delgado pasó de la mentira del Mundial a una cadena de declaraciones cada vez más absurdas. Ha firmado anticipadamente su salida política. La pregunta ya no es si quedará debilitado. La pregunta es cuánto daño adicional puede provocar en los estudiantes antes de irse.
Giro de la Perinola
(1) Tiene algo especial ver los partidos de México en la escuela. El grito colectivo del gol. El televisor entrando al salón. El recreo convertido en fiesta improvisada. Hay recuerdos escolares que duran más que muchas clases. Qué curiosa modernización educativa la de esta administración: quieren quitarles incluso eso a los niños.
(2) Y aun así, la polémica dejó dos revelaciones interesantes. La primera: rara vez México había coincidido tanto en exigir menos ausencias y más clases. La segunda: durante varios días se dejó de hablar de otros escándalos políticos relevantes. T R E M E N D A casualidad. Aunque quizá el verdadero proyecto piloto de la SEP no era el calendario Montessori, sino la cortina de humo con orientación “constructivista”.