Mexicanos al grito de ¿España?… De los malinchistas a los hispanchistas

La visita (non grata) de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid y una de las representantes más recalcitrantes de la ultraderecha española, en recientes días a nuestra nación ha dado mucho de qué hablar y reflexionar, puesto que muchas veces se ha opinado del tema desde narrativas centradas en la xenofobia, el clasismo, la ignorancia, el malinchismo o desde una supuesta reconciliación con nuestro pasado histórico, pero lo más lamentable es ver una vez más a las y los carroñeros políticos aplaudir el intervencionismo en nuestra nación, siendo el entreguismo y el antinacionalismo parte de su discurso, y luego se preguntan el porqué no conectan con los electorados.

En consecuencia a ello, el repudio que se ganó en su viaje a México no fue fortuito, es decir, ¿a qué cabeza tan retorcida se le ocurrió que era una “buena idea” venir a un país donde existe un amplio consenso (sea real o fabricado) sobre el rechazo o animadversión hacia el conquistador español Hernán Cortés a hablar sobre que hemos vivido equivocados en nuestra concepción acerca de él, derivado de una “historia mal contada” por los gobiernos e historiadores mexicanos? ¿Qué esperaba la señora Díaz Ayuso con sus clases de historia, moral y de reivindicación hacia un personaje tan controversial en estos días?

La ultraderecha tiene ideas bien raras, por no decirles peor; aunque en Méjico como dijera doña Isabel, les llamemos comúnmente: ocurrencias o simplemente pendejadas.

En España, existe un término para referirse despectivamente a las y los latinoamericanos (pero principalmente a las y los mexicanos), al considerarnos a nosotros como panchitos o panchitas, o indios de manera genérica y despreciativa, como muchas veces fue escuchado ese grito racista hacia el pentapichichi mexicano Hugo Sánchez en los estadios de futbol soccer de la madre patria.

Con lo anteriormente explicado, no quiero hacer apología del odio hacia las y los españoles, porque sería caer en ese juego maniqueo del cual no quiero ser partícipe, pero sí alzaré la voz cada vez que algún extranjero (o connacional) venga con intereses facciosos de cualquier naturaleza a querer vulnerar nuestra soberanía y autodeterminación.

Por eso, las y los HisPANchitos (porque no son hispanistas) que aplaudieron y propiciaron la gira de la presidenta de la Comunidad de Madrid son bien chistosos, por no decirles malinchistas; en otras palabras, ¿qué necesidad había de instaurar dicha narrativa a su proyecto político en este momento? La señora Díaz Ayuso salió corriendo del país, ya que tuvo que terminar su tour antes de lo pensado ante la ola de hate que le llegó, junto con las amenazas de boicotear los eventos en donde se iba a presentar.

Nunca aplaudiré el odio, a pesar de que en muchas ocasiones pareciera merecido por sus actos negligentes y nefastos, porque lo que no se ve, pero es preocupante, es que se generaliza el odio por culpa de una persona, donde justos pagan por pecadores. México siempre ha sido un país de puertas abiertas para las y los extranjeros; prueba de ello fue cuando miles de españoles salieron huyendo de la dictadura del caudillo Franco para encontrar refugio en este suelo.

Gracias a Dios, la voz y participación de la señora Isabel solo la representaba a ella y a su fascista partido político, y esta ocurrencia no afectará las relaciones diplomáticas entre México y España, que se vieron deterioradas el sexenio pasado por culpa del expresidente Andrés Manuel López Obrador por su exigencia (e insistencia innecesaria) de que el gobierno español debería pedir disculpas a nuestra nación por los atropellos realizados por Hernán Cortés y los años subsecuentes que vivió nuestro país durante la colonia y el virreinato; ambos actos igual de innecesarios e incongruentes.

México debe seguir por el camino de ser un buen vecino y casa para todas las naciones del planeta; esa es nuestra esencia y no la debemos cambiar por un falso patrioterismo ni por una hispanidad mal entendida o enfocada por conveniencia política.

¡Nos leemos pronto!

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