México con X, España con Ñ
La Ñ es letra más emblemática de la lengua española, pero no es exclusiva de nuestro idioma. Por influencia del castellano existe en el gallego, el asturiano o el bretón. También, por la misma razón, aparece en lenguas indígenas de América: quechua, aimara, guaraní, mixteco, zapoteco y mapudungun. Lo mismo ocurre con el filipino, el bubí, el chamorro y el wólof.
En los años noventa del siglo pasado, España exigió incluir la Ñ en los lenguajes de computadoras. Fue un ejemplo de resistencia cultural, una verdadera guerra de la Ñ.
En 1991, Europa intentó estandarizar los teclados. La idea era eliminar caracteres locales (como la Ñ o la Ç) para que los fabricantes pudieran vender el mismo modelo sin sobrecostos. Microsoft y otros gigantes tecnológicos apoyaron la medida.
España no se quedó de brazos cruzados. Hubo una intensa reacción cultural en defensa de la Ñ. La Real Academia Española y numerosos intelectuales respaldaron la idea de que tal letra formaba parte del patrimonio cultural inmaterial de ese país y de muchos de América Latina. Fue una defensa de la identidad lingüística de más de cientos de millones de personas.
En abril de 1993, el gobierno español aprobó un decreto que prohibía la comercialización en España de cualquier computadora que no incluyera la Ñ en su teclado.
España se amparó en el Tratado de Maastricht, que permite excepciones a la libre circulación de bienes si se trata de proteger el patrimonio cultural.
Bill Gates capituló
En octubre de 1999, Bill Gates visitó España para firmar un acuerdo con la Real Academia Española. Y en 2007 se aprobó finalmente el uso de la Ñ en los dominios de internet, lo que permitió webs como españa.es.
España defendió su identidad y obligó a Silicon Valley a reconocer que una simple letra equivale a toda la patria.
La X de México, otro ejemplo de resistencia cultural
Nuestra X es una declaración de soberanía lingüística frente a siglos de intentos de corrección desde Madrid.
México se escribe con X y nuestro gobierno debería exigir respeto con fuerza diplomática y otro tipo de presiones. Esto es, obligar a la RAE a eliminar su tesis de que la forma preferida es México, aunque no sea incorrecto Méjico. De plano, Méjico tendría que ser una incorrección y hasta un insulto. México puede y debe pelearlo. Algo así como lo que hizo España al prohibir la venta de computadoras sin Ñ.
La resistencia mexicana
En 1992 la RAE aceptó que, aunque la pronunciación sea Méjico, la forma recomendada y preferente de escritura es México con X.
Desde muchos años antes, la X de México se convirtió en un acto de patriotismo. Escribir su nombre con J es sumisión a las reglas impuestas desde España. Hoy, cuando vemos escrito Méjico, nos suena ajeno y aun ofensivo.
Presidenta y comandanta
Otro ejemplo de resistencia cultural es lo que ha dicho Claudia Sheinbaum de presidenta con A. Aunque presidenta ya es bastante aceptado, todavía hay gente que insiste en llamar presidente a Sheinbaum.
Pero, sobre todo, la resistencia cultural se manifiesta en comandanta con A de las fuerzas armadas, habida cuenta de que comandanta en los diccionarios de la RAE —no actualizados en internet— es la mujer del comandante o una nave que va adelante.
La resistencia a decir presidenta o comandanta es la utilización de la gramática como arma en la lucha política. Quienes así lo hacen se refugian en un argumento lingüístico sin sentido: que presidente es el que preside y que no varía en cuanto al género.
La RAE ha aclarado que, en español, las palabras terminadas en -ente pueden generar femeninos en -enta si la lengua lo demanda por uso. Aplica para comandanta, pero en las versiones de internet de los diccionarios de la Real Academia Española no hay ninguna modificación en ese sentido.
Comandanta es la barrera final a superar porque el grado militar es históricamente masculino, y los ejércitos son instituciones conservadoras. No en México, donde el general secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, sin complejos habla de la comandanta Sheinbaum.
El problema aparece al consultar la RAE en internet: define comandanta principalmente como la mujer del comandante. Terrible.
México con J no es aceptable
La derecha mexicana dice México; en nuestro país nadie escribe Méjico. Pero, lamentablemente, sobra gente que justifica a la madrileña ultraconservadora Isabel Díaz Ayuso, quien anduvo por aquí para provocar a la 4T y a la presidenta Claudia Sheinbaum de varias maneras; una de ellas, escribiendo, en México, Méjico con j.
Particularmente lamentable fue el artículo “Méjico con j” de Sergio Sarmiento. El colaborador de Reforma utilizó una supuesta objetividad gramatical para encubrir lo que es, en el fondo, un gesto de desprecio cultural a su patria.
Al citar a Fernando Pessoa —un poeta que concebía la lengua como patria:“Minha pátria é a língua portuguesa”—, el columnista intentó llevar la discusión a un plano intelectual, pero ignoró que la ortografía de los nombres de las naciones es una expresión de autodeterminación cultural.
Sarmiento asocia la J con el liberalismo de las Cortes de Cádiz y la X con el conservadurismo alfonsino. Es una pirueta cursi y antimexicana. Olvida que en México la X dejó de ser un tema de conservadores contra liberales para convertirse en razón de identidad nacional.
Para el mexicano, la X es el vínculo con el origen náhuatl (Mexihco). Escribirlo con J es aceptar una castellanización que borra la raíz indígena, y esto no es aceptable.
El uso de la J como herramienta política
Díaz Ayuso escribe Méjico con J estando en suelo mexicano para enviar un mensaje de jerarquía. Dice implícitamente que la norma de Madrid sigue siendo la medida de todas las cosas. Pero no lo es ni siquiera en España —Cataluña y el País Vasco no se someten a tal tiranía cultural—. Si el nombre oficial es México, que una política española use la J es una provocación denunciable.
Sarmiento dice que la X de México es un anacronismo. Llevada al extremo, esa lógica obligaría a considerar a la Ñ como una rareza innecesaria: surgió de una antigua abreviatura medieval de la doble N.
La lengua es patria, y es historia. Usar la X en México, Oaxaca o Xalapa es mantener vivo el sonido que los invasores españoles no pudieron (o no quisieron) procesar correctamente, pero que el pueblo mexicano decidió rescatar como propio. Sarmiento no logra entender que el lenguaje es un organismo vivo que responde a la dignidad de las personas y de las naciones.
Sarmiento se dice nacionalista, pero defiende la ortografía de una madrileña que vino a cuestionar la identidad del país que la recibió.
Ojalá Sergio Sarmiento reflexione y comprenda que, en términos éticos y en ciertos contextos, la corrección gramatical es complicidad política. Al decir que mi patria es mi lengua, Pessoa se refería al valor histórico profundo de las letras; por lo tanto, agredir la grafía de un nombre propio es, de plano, una falta de respeto a la patria. Cuando un mexicano defiende la J para Méjico, cae inclusive en la traición.
Sarmiento y la RAE pecan de un legalismo lingüístico que ignora la soberanía cultural.
En el derecho internacional, y en la cortesía elemental, el nombre de una nación lo decide esa nación. Si el Estado mexicano establece que el nombre es México, cualquier intento externo de corregirlo es un acto de paternalismo colonial.
La X no es solo un fonema
El error de Sarmiento es tratar a la X como un tema ortográfico, cuando para México es la patria. Justificar la J de Díaz Ayuso bajo la excusa de que “así se pronuncia” es tan absurdo como decir que deberíamos escribir Pari en lugar de París solo porque en francés no suena la S.
Contra la RAE
México no debe respetar, sino combatir, a una institución que concede desde la superioridad.
La Real Academia Española ha tenido históricamente una actitud de dueña de la lengua. Cuando, no hace mucho tiempo, los académicos pusieron la X como preferente en México, lo hicieron como quien otorga un regalo o hace una concesión tras mucha insistencia. El hecho de que sigan diciendo que la forma con J es correcta aunque no preferente deja una puerta abierta al hispanismo más rancio.
Sarmiento sabe perfectamente que la visita de Díaz Ayuso a México no era un viaje de estudios lingüísticos, sino una misión de provocación política. Apoyar el uso de la J es apoyar su gesto de arrogante dominio —arrogante e imposible: no tiene fuerza; está a años luz de ser Donald Trump o Xi Jinping—.
Es inmoral usar la ortografía para negar el valor de la historia patria. La X de México no pertenece al dominio de la RAE; pertenece a la historia de la resistencia mexicana. Escribirla con J en una visita política, es una declaración de hostilidad.
México contra la España conservadora
¿No debería México recurrir a una acción dura, como la de España al prohibir la venta de computadoras con teclados sin Ñ?
En lógica de la reciprocidad histórica, si España utilizó la fuerza del Estado para proteger la Ñ, México tiene el mismo derecho soberano de proteger la X de cualquier intento de corrección colonialista.
Hay que abrir una disputa diplomática, editorial y digital. Para empezar, si una figura política extranjera insistiera en usar la J en sus comunicaciones oficiales, el Estado mexicano debería emitir una nota de extrañamiento formal exigiendo respeto a la denominación oficial de una nación soberana.
México podría legislar para que cualquier software comercializado en el país priorizara la X, de tal que en sus versiones para el mercado mexicano, marcar la J en el nombre de nuestra nación no fuese opcional, sino ¡error! Al mismo tiempo, se deberían hacer gestiones para que eso ocurriera en todo el mundo, sobre todo en España.
¿Por qué duele tanto la X a la gente de derecha?
Es la nostalgia de la subordinación. Admitir que México se escribe con X y que en este país manda una presidenta o comandanta, Claudia Sheinbaum, les obliga a aceptar dos realidades que detestan: (i) que México ya no es una extensión cultural de Madrid y (ii) que el poder ha cambiado de género… y hasta de ortografía.
La patria es el idioma; y en el idioma de México, la X de la nación y la A de la victoria feminista son territorio sagrado.
Bloquear en México el sitio de internet de la RAE
Esta sería una medida dura para llevar la resistencia cultural al terreno de la soberanía digital. Un bloqueo de ese tipo enviaría un mensaje contundente: México no reconoce la tutela de una institución extranjera sobre su identidad.
Al afirmar la RAE que Méjico con J es una forma “válida” (aunque no preferente), invalida la denominación oficial del Estado mexicano.
El sitio de la RAE difunde información que atenta contra el patrimonio cultural inmaterial y la dignidad nacionales, lo que justificaría restricciones de acceso en el territorio mexicano.
Y no, no sería censura, sino defensa de la letra X, sinónimo de patria en México.