Entre la ignorancia y la traición: Ayuso, Cortés y la derecha mexicana entreguista

La visita de la presidenta madrileña a México fue, en esencia, un desprecio colonialista envuelto en banderas y una muestra de ignorancia política de quienes aquí la aplauden.

Hay gestos que, por su torpeza, revelan más de lo que pretenden esconder. La reciente participación de Isabel Díaz Ayuso en México, además de ser un despropósito diplomático, es una muestra de ignorancia pura, muy al estilo de la derecha más conservadora.

Ayuso ejecutó un acto de profunda indignidad defendiendo al conquistador como heraldo de una “civilización”, lo que implica, ni más ni menos, defender un proceso de exterminio demográfico y cultural. Eso, señora Ayuso, no es civilización, es un genocidio. Aunque siendo honesta, tampoco se puede exigir dignidad ni rigor histórico o político a quien defiende a Netanyahu mientras bombardea hospitales y escuelas, se arrodilla dócilmente ante Trump y aplaude a Milei mientras miente y destruye al pueblo argentino. Quien celebra al conquistador genocida de ayer, celebra al genocida de hoy. Estas son las caras del fascismo contemporáneo.

Las palabras de esta política española no solo intentan insultar a las y los mexicanos, a los indígenas vivos, a los mestizos que sabemos de dónde venimos, sino que son indignantes y ridículas para quienes con un poco de conciencia histórica, política y económica las escucha. Ayuso piensa, así como las facciones fascistas con las que simpatiza, que la “libertad” es una libertad para el mercado, para el grupo poderoso, es la impunidad del genocida, la explotación de los recursos, de los pueblos, pero jamás la libertad para la justicia social, la memoria o la disidencia. Esa libertad es incompatible con la democracia, es, más bien, la cara del neoliberalismo.

Pero detengámonos aquí, porque el despropósito no viene solo de fuera. Lo más lamentable, lo que produce un sonrojo que raya en la náusea, es ver a la derecha mexicana haciendo de anfitriona servil. Esa derecha que hoy aplaude a Ayuso es la misma que justificó el intervencionismo estadounidense. Su entreguismo es deliberado, cobarde y profundamente ignorante. Solo la ignorancia puede llevar a alguien a creer que defender a Cortés es defender “la hispanidad”, cuando en realidad es defender la lógica del conquistador, la del saqueo, la de la violación como herramienta de poder. Esa derecha mexicana no merece llamarse nacionalista.

La vergonzosa participación de Ayuso fue una muestra errante, indigna y colonizadora de quien confunde la libertad. Y a ustedes, derecha mexicana, les recordamos que la historia no perdona a los serviles. Cada vez que aplauden a quien defiende un genocidio, cavan su propia tumba política. La memoria de los pueblos es larga, mucho más que sus mezquinas campañas. Como dijo la presidenta Claudia Sheinbaum, quienes reviven la conquista como salvación, están destinados a la derrota.

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