Mariela Gutiérrez: Sacrificar el lucimiento personal, en aras de la salubridad del Edomex
Eso es ser un político valiente, dicho sin discriminaciones genéricas. Político o política, al final es lo mismo. Es todo aquel individuo que consagra su actividad productiva en beneficio de la colectividad, desde algún cargo público, o sin él; bajo el simple ordenamiento de su conciencia y sus principios.
Y así como desde este espacio hemos señalado con intensidad flamígera los desaciertos y despropósitos de muchos políticos y servidores públicos mexicanos, así hoy reconocemos el mérito de quien arriesga todo su capital político electoral, su imagen ante su público electoral, con tal de impulsar políticas públicas o acciones gubernamentales que en apariencia resultan impopulares pero, en el mediano o en el largo plazo, resultan vitales para la viabilidad y la convivencia armónica en una comunidad.
Es el caso de la hoy senadora por el Estado de México, Mariela Gutiérrez Escalante, quien hace cinco años gobernó el muy populoso y problemático municipio de Tecámac, al noreste de la Ciudad de México.
Municipio conurbado, con numerosos problemas propiciados por su cercanía limítrofe a la capital del país, que le transmite de facto esos siniestros sociales causados por sus dimensiones de megalópolis: el crimen y la insuficiencia de elementos de seguridad en la vía pública, la falta y a la vez necesidad creciente de servicios públicos, la falta de vivienda digna para la población y, el más terrible colofón para este listado fatal, representado por la amenaza a la salubridad territorial provocada por el crecimiento exponencial de la fauna nociva y/o no doméstica.
Sí, como lo leen ustedes bien, amables lectores, un problema que podría ser sustraído de algún texto novelesco del género surrealista, vigente en nuestros días en el Valle de México: la amenaza provocada por las tradicionales plagas de roedores propias de las grandes metrópolis… pero también por jaurías de perros abandonados y enfermos, que se han multiplicado en un ambiente de salvajismo y de deterioro, lo que provoca que la convivencia con los habitantes sea imposible, pues la agresividad que han desarrollado los animalitos en su sacrificio diario por la supervivencia, los convierte en una auténtica amenaza para las personas.
Una auténtica paradoja de la modernidad: fueron los seres humanos quienes en su inmensa mayoría los recibieron al nacer o los adoptaron siendo cachorros, pero esos mismos individuos fueron quienes los abandonaron en las calles sin el mínimo remordimiento ni recato social por las consecuencias provocadas a la armonía de la ciudad.
Fue la hoy senadora de extracción morenista, Mariela Gutiérrez Escalante, entonces alcaldesa de Tecámac, quien enfrentó valientemente el problema durante su administración al frente del gobierno municipal (2021-2024).
A la munícipe no le tembló la mano cuando de asumir una decisión en beneficio de la salubridad pública y la seguridad de los habitantes de la demarcación mexiquense se trataba, pues ya se habían registrado numerosos ataques a niños y personas de la tercera edad, de estas formas de agrupación de los perros en estado mostrenco o salvaje en las calles del municipio, además de que muchos de los ejemplares necesitaban atención veterinaria urgente por heridas supurantes y enfermedades crónicas que portaban sin haber sido atendidos.
Y es que la salubridad es un rubro que, en México como país en lo general, hemos descuidado olímpicamente…
De hecho, los últimos gobiernos federales, desde la administración 1982-1988 aproximadamente, la sacó de su léxico oficial y la sustituyó por Salud (Secretaría de Salud por Secretaría de Salubridad y Asistencia) como si hubiésemos quedado a partir de esa fecha inmunizados de los problemas de la salubridad.
Pero haciendo un recuento, tal parece que no: salubridad es el conjunto de normas, higiene y limpieza de un ambiente o lugar geográfico en específico. Es también el conjunto de servicios, disposiciones y normas sanitarias, tendientes a proteger, conservar y mejorar la salud pública de una demarcación territorial.
Y en todo el país, no solo en el Valle de México, lo que más ha hecho falta es gobierno y Estado de derecho, que se imponga para solventar estos -ya supuestamente superados- problemas de reciente reaparición.
En Tecámac, llegó el momento en que, a partir de cierta hora por la tarde, sus habitantes no podían salir a caminar o trasladarse en calidad de peatones… y menos salir sin acompañamiento, pues podían ser presa fácil del ataque de esas jaurías de perros abandonados. Se volvió un problema serio a nivel comunitario.
Era evidente que la intervención de la fuerza del Estado, a través de campañas de esterilización o de sacrificio incluso, provocaría un deterioro en la popularidad de quien encabezaba en aquel momento la titularidad del gobierno municipal, la hoy senadora Mariela Gutiérrez.
No faltaron las agrupaciones defensoras de la vida animal y “de la vela perpetua”, que se inmolaban en auténticos textos de defensa vitriólica de los pobres animalitos, que por cierto fueron mascotitas domesticadas por esos mismos defensores de los cánidos, que irresponsablemente al paso de los meses los habrían abandonado en la calle a su suerte.
Hoy esas personas, jóvenes en su mayoría, ubicados en el rango poblacional de los 12 a los 45 años, que crecieron y fueron educados en la “cresta de la ola” del prototipo clasemediero urbano norteamericano exitoso: papá, mamá, un vehículo tipo ‘guayina’ estacionado, una casita de dos aguas, con un caminito entre jardines, un hijo, una hija y un perro de mascota cargado por el niño menor. Todos sonrientes, hasta el perro: the american way of life.
El tema es que no es lo mismo tener una mascota en un pueblo con todos los servicios, la amplitud espacial y los recursos, de la estepa norteamericana… que tenerlo con las limitaciones espaciales y económicas de los habitantes de una megalópolis como la CDMX y su zona conurbada.
Porque mucha gente en México, fanática de domesticar animalitos, los adopta al nacer o los recoge de la calle también, pero no tiene los medios ni condiciones en su modus vivendi para mantenerlo.
Así que los alimenta con los residuos de su propia comida durante el día y por la noche, permite que pernocten debajo de los coches estacionados en el barrio o la colonia y que hagan “sus necesidades” también en la calle, aunque de día reclamen su “propiedad” o afinidad.
Tener una mascota implica responsabilidad, gasto no es precisamente un lujo muy expansivo, pero sí constante y serio. Que hay que asumir.
Pues más temprano que tarde, la entonces alcaldesa Gutiérrez fue objeto de la denostación pública por partidos de oposición: el PRI del Estado de México, que al parecer debiese tener demasiados problemas en su interior, propicios para empezar a corregirse en el plano local y nacional, se soltó contra la hoy senadora y emprendió una campaña en redes. Es evidente que la identificó como un cuadro auténticamente competitivo de Morena en esa que es la entidad más poblada del país y le vio el filón de la oportunidad para el tiro al blanco y desde entonces la mezquina campaña persiste, no obstante que ha quedado perfectamente aclarado y asimilado en el grueso de la población de Tecámac, que tanto las campañas de esterilización -al principio- como de sacrificio- al final, cuando ya los ejemplares constituían auténtica fauna nociva, fueron totalmente justificadas y producto del clamor ciudadano a su gobierno.
Pero cabe destacar que, hasta en este tipo de campañas, la oposición se vuelve errática torpe.
En redes sociales, la semiótica de la opinión pública se puede medir o pulsar (medición aproximada) por el predominio de uno de los sentidos de la opinión de los propios cibernautas sobre el hecho o fenómeno: a favor o en contra.
Y sobre este particular, hay que decir, en honor a la verdad, que desde entonces, cuando Mariela Gutiérrez estaba al frente del gobierno de Tecámac, se han hecho estudios de opinión muy serios y con un sustento científico con instrumental de medición avanzado. El resultado, por ejemplo, en el que se practicó en fechas recientes por el Despacho Pulso Estratégico (Consultoría Política y Sondeos de Opinión) evaluando la opinión pormenorizada de los cibernautas sobre el particular, arroja que, por el contrario, la hoy senadora Mariela Gutiérrez contó en todo momento con el respaldo de la población de Tecámac, para implementar esa política pública, muy a pesar quizá de su personal motivación y de su propia moralidad incluso, pues adora las mascotas.
El resultado arrojó que:
De un universo de 3 millones 794 mil 680 comentarios, el 42.4%, equivalente a 1 millón, 608 mil 801 cibernautas que comentaron el tema, estuvieron a favor del programa de sacrificio canino en Tecámac, durante la administración de Gutiérrez Escalante.
Así mismo, el 39.4% se manifestó en contra de la medida, equivalente a 1 millón 495 mil 456 cibernautas.
Cabe señalar que, el 8.3% (315 mil 662) de los comentarios insaculados fueron neutrales y el 9.9% (374 mil 743) fueron detectados como bots o producto de la inteligencia artificial, para dañar el resultado a favor de la hoy senadora. Curioso, pero real: la abrumadora mayoría de los equipos usados para subir a la plataforma sus pseudocomentarios emitidos por esos bots fueron detectados en el Estado de Guerrero…. ¿Acaso fuego amigo?
Del mismo modo y en una ponderación de medición, de las cuatro principales redes sociales, el resultado fue como sigue:
En Facebook, la red social más influyente, la de mayor acceso a la población, hubo un 47% a favor y un 32% en contra de comentarios.
En Tiktok, la red con un estándar muy alto de uso informativo e interacción internacional, se registró un 44% a favor y un 41% en contra.
En Instagram, un 43% a favor y un 18% en contra de la campaña de sacrificio canino.
Y en X (antes Twiter), que desde hace tiempo dejó de ser la más influyente en la conversación en redes y hoy día, es la séptima en importancia, por su volumen y su engagement, el 32% resultó a favor y el 51% en contra. Cabe señalar que hace cinco años, la discusión más informada se daba por esta red. O ya no es así.
Con esa seriedad de la hoy senadora Mariela Gutiérrez Escalante y con ese compromiso, es como reaccionan a sus deberes los grandes estadistas.
Winston Churchill, el “gran héroe de los países aliados” durante la Segunda Guerra Mundial, primer ministro de Gran Bretaña, dijo con su singular profundidad: “no es suficiente que hagamos nuestro mejor esfuerzo; a veces tenemos que hacer lo que es necesario”.
También dijo, en otra ocasión: “no tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.
Así entonces, el patrimonio ético de cualquier partido político… como el de cualquier institución o gobierno, como nos lo demuestra Churchill, en momentos difíciles de la ocupación “nazi” de su país, se construye muchas veces asumiendo posiciones difíciles, políticas públicas aparentemente impopulares y crueles pero, sobre todo, sacrificando la imagen personal ante el público elector.
Así lo tiene muy claro la senadora Mariela Gutiérrez Escalante, de Morena, quien trabaja afanosamente en los temas que construyen unidad y buenos resultados a sus representados, mientras que, desafortunadamente otros, enfrentan la fuerza de su pasado y la furia de sus representados inconformes, por la nula moralidad y la escasa ética de sus procederes al frente de las instituciones de la Nación.
Así pasa en los partidos grandes.
Así pasa cuando sucede.
Héctor Calderón Hallal
@pequenialdo; @CalderonHallal1