El municipio no es un botín, es el corazón de lo público
La política más real, la que se siente al salir de casa, es la municipal. Ahí no hay abstracciones: o hay luz en la calle o hay oscuridad; o el parque es seguro o es un foco de abandono. Por eso, es urgente elevar la conversación sobre lo que significa gobernar en lo local. El municipio es la primera línea de batalla contra la desigualdad y el desencanto democrático, pero para que funcione, debemos dejar de verlo como una agencia de empleos o una moneda de cambio electoral.
Históricamente, la administración pública municipal ha cargado con el estigma de ser una “bolsa de trabajo” para quienes pegaron carteles o caminaron en campaña. Ese modelo de “votos por puestos” es el cáncer de la gestión local. Cuando un cargo público se entrega como recompensa y no por capacidad, quien termina pagando el costo es la población. Se necesita más que buena voluntad, entender de la técnica, la planeación y la profesionalización.
Gobernar es, ante todo, cumplir la palabra. Pero la confianza no se recupera solo con buenas intenciones, sino con resultados tangibles. Para que una promesa de campaña se convierta en una política pública exitosa, se requiere de servidoras y servidores públicos que entiendan la complejidad de lo técnico, lo jurídico y lo financiero. Necesitamos una administración pública municipal profesionalizada, donde el mérito y la especialización sean la regla y no la excepción.
Una servidora o servidor público especializado no es una o un burócrata frío, es alguien que tiene las herramientas para que los recursos, que siempre son limitados, lleguen a donde más se necesitan. Profesionalizar el municipio significa que el conocimiento se quede en la institución, que los procesos no se inventen cada tres años y que la curva de aprendizaje no sea a costa del bienestar de la gente.
El municipio es el espacio donde las causas y las luchas ciudadanas encuentran su primer eco. Si la puerta de entrada al Estado es ineficiente o está ocupada por personas sin el perfil adecuado, el mensaje que le enviamos a la ciudadanía es que sus problemas no importan.
Es momento de entender que la política municipal es cosa seria. No podemos exigir localidades de vanguardia con administraciones de improvisación. El compromiso debe ser doble: de la autoridad, para dignificar el servicio público y honrar sus promesas; y de la ciudadanía, para exigir que quienes nos gobiernan estén a la altura técnica y ética que nuestras calles y nuestras familias demandan. Al final del día, el municipio es nuestra casa común, y nadie quiere que su casa sea administrada por manos que no saben cómo cuidarla.
Juntas y juntos impulsemos gobiernos municipales capaces, humanos, cercanos, comprometidos y profesionales que den resultados reales.
Jennifer Islas. Política y conferencista.