Jóvenes: uno de los grandes pendientes de la política actual

Hay algo que ya no se puede ignorar: las y los jóvenes están presentes en la conversación pública. Participan, opinan, y votan, pero, cuando se trata de decidir, siguen quedándose fuera. Y ese es uno de los grandes pendientes de la política actual.

México es un país joven. Basta ver cualquier espacio público, cualquier universidad o cualquier colonia para entenderlo. Las nuevas generaciones no solo están ahí, están activas, informadas y con una enorme disposición para involucrarse. Sin embargo, esa participación no se traduce en espacios reales dentro de la toma de decisiones. Se les escucha, sí. Pero pocas veces se les incluye.

Ahí es donde está el problema. Porque no se trata de un tema simbólico ni de discursos bien intencionados. Se trata de cambiar la forma en la que entendemos la política. Si queremos resultados distintos, necesitamos integrar nuevas voces, nuevas ideas y nuevas formas de ver el mundo.

Durante muchos años, se dijo que las juventudes eran el futuro, pero no es así, son el presente. Y cuando ese presente no tiene acceso a decidir, lo que tenemos es un sistema que se queda corto frente a la realidad.

Hoy, miles de jóvenes en el Estado de México participan en causas sociales, en proyectos comunitarios, en iniciativas ambientales, en emprendimientos y en actividades políticas. Hay talento, hay preparación y, sobre todo, hay una enorme voluntad de hacer las cosas diferentes. Pero esa energía muchas veces se topa con una barrera: la falta de oportunidades reales.

No basta con invitarlos a eventos, tomarse la foto o darles un espacio en campaña. Lo que se necesita es abrir estructuras, generar condiciones y construir mecanismos que les permitan incidir de verdad. Porque cuando las juventudes participan en serio, las cosas cambian.

Cambian las prioridades, el lenguaje, la cercanía con la gente. Se vuelve una política más sensible, más directa y más conectada con lo que realmente está pasando en la calle.

Hemos notado que las nuevas generaciones viven los problemas de otra manera: el acceso al agua, la seguridad, la salud, el medio ambiente o las oportunidades laborales no son temas abstractos, son parte de su día a día. Por eso sus propuestas suelen ser más prácticas, aterrizadas y con una visión de largo plazo.

Incorporarlas no es una concesión. Es una necesidad.

Por eso, hablar de juventudes en política no debería quedarse en un discurso aspiracional. Tiene que convertirse en acciones concretas: abrir espacios, generar formación, impulsar liderazgos y, sobre todo, garantizar que puedan competir en condiciones reales.

Si queremos una democracia más representativa, tenemos que empezar por incluir a quienes hoy no están siendo considerados como deberían. Porque no faltan jóvenes, lo que faltan son oportunidades.

Y ese es el verdadero reto: construir un sistema donde las puertas no estén cerradas por costumbre, por inercia o por intereses, sino abiertas para quien tenga ganas de trabajar, de aportar y de transformar. Lo que dio vida a una iniciativa que presentamos en el congreso mexiquense: más oportunidades para las juventudes en diputaciones y ayuntamientos.

Porque política necesita renovarse, y esa renovación no va a venir sola. Cuando las juventudes tienen voz y voto en las decisiones, no solo se fortalece la política, se fortalece todo el país.

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