Ecocidios nivel Pemex
Inconscientes de la fragilidad humana y más inconscientes aún de la fragilidad ecosistémica, la ambición vestida de autosuficiencia se puso las galas de la mentira para ocultar accidentes terribles en la extracción. Convencidos de que todo era narrativa y opinión pública, negaron por semanas que hubiese un derrame en las costas del Golfo de México. Pero los sistemas son precisos, su equilibrio se rompe con gotitas de petróleo y sus corrientes los conectan con otros sistemas. La contaminación de 600 kilómetros de litoral llegó hasta Tabasco y a Campeche.
Entonces la creación les recordó que somos accidente perfecto de un equilibrio preciso y justo en ello radica lo que nos hace tan parecidos a los ecosistemas: la fragilidad. Peces, tortugas y especies naturales con plumas comenzaron a vivir tormentos, perdieron la batalla que no fue provocada por ellos y sus cadáveres fueron la primera señal. La siguiente fue la de los humanos, que insisten en negar su pertenencia a un eslabón de la cadena alimenticia porque ahora son sofisticados y usan pantallas pero en la realidad, comunidades pesqueras dejaron de poder suministrar sus propios alimentos y gestionar sus negocios de venta de lo pescado. Nadie quiere un filete a la chapopote y consumirlo sería letal. La prohibición durará años y la toxicidad podría prolongarse más.
La fuga provino de un ducto en el complejo Cantarell, tras semanas de presión pública y evidencia satelital las autoridades por fin reconocieron que no basta con la narrativa, la opinión pública y negar los hechos intentando ocultar la realidad. Justamente, todos habitamos este espacio compartido al que llamamos verdadera realidad y sería atroz decirle a los cientos de pescadores y sus familias que lo que ven es falso, que lo que tocan es un invento, que ese aceite difícil de quitar de la piel son fakenews y que seguro aquellos animales muertos son un montaje.
La emergencia es ecocida. Las costas de Tabasco, Veracruz, Tamaulipas y Campeche con sus ecosistemas marinos y fauna sensible como tortugas y peces están naturalmente conectados con otros mares, con otras especies y otras comunidades. Es arrogancia humana creer que con poco o nada, negar los hechos contiene una crisis de esta magnitud.
El punto más crítico es que pareciera que en los espacios técnicos y especializados del Estado se hubiese desmantelado el conocimiento, normalizado la curva de aprendizaje como un estado permanente de gestión pública y sistematizado los errores como parte de la operatividad diaria.
Entre el 4 y el 8 de febrero se detectó una fuga en un oleoducto de 36 pulgadas cercano a la plataforma Abkatún (Cantarell). Algunos reportes sugieren que personal de niveles operativos en Pemex tienen conocimiento del incidente, lo indican a superiores pero no lo reportan públicamente.
A mediados de febrero se realizan reparaciones internas; la fuga se prolonga durante días sin transparencia institucional.
Desde principios de marzo, las comunidades pesqueras detectaron manchas de crudo en costas de Veracruz y Tabasco. Los pescadores, armados con celulares que pudieron captar imágenes a baja o media resolución pudieron evidenciar el derrame y todo comienza a visibilizarse como crisis ambiental.
En marzo el fenómeno alcanzó su máxima expansión, una tragedia ecocida en la plena palabra pues las válvulas no habían sido cerradas… algunos analistas calculan esto como una pérdida económica, más en el contexto de crisis energética por la guerra con Irán que tuvo cerrado el estrecho de Ormuz provocando un alza en precios de barril. Para mí, esto se traduce completamente en una agresión directa al mar como ente sin derechos reconocidos pero con derechos naturales básicos como existir en equilibrio y albergar la vida. Para mí, esto es un crimen directo contra miles de especies que habitan o dependen de la estabilidad en el Golfo de México. Tortugas en peligro de extinción, pelícanos, aves que visitan la zona, animales que migran por temporadas y que simplemente, no van a volver. La mancha alcanza aproximadamente 600–630 km de litoral con 51 localidades que reportan afectaciones económicas y ambientales.
Algún día escribí en este espacio sobre los países que avanzan en reconocer los derechos de los ecosistemas y el desarrollo del concepto que tiene un ecosistema como sujeto de derechos. Luego la ciencia hizo algunas propuestas a partir de la investigación en donde sugieren que la Tierra es un ser vivo en sí mismo, que sus ecosistemas son como sus órganos, pero nuestro país está muy lejos de eso.
Marzo y abril han sido meses de negación institucional hasta esta semana, en la que por fin, se admitieron responsabilidades pues el sol no puede taparse con un dedo. Anteriormente, Pemex y autoridades federales atribuyeron el fenómeno a causas naturales o terceros que eran buques privados.
Entre el 16 y el 17 de abril se discutió y concluyó la admisión oficial. El gobierno mexicano reconoce que el derrame se originó en instalaciones de Pemex. La solución propuesta fue la destitución de funcionarios por ocultamiento de información.
México tiene una larga historia de desastres petroleros. El caso de 2026 se inserta en la lista:
Pozo Ixtoc-I en 1979, uno de los mayores derrames del mundo; derrames recurrentes en Cantarell (2023–2024) con al menos 14 vertidos detectados por satélite; más de 13 mil fugas y derrames registrados en México de 2000 a 2024 y el 79% de incidentes vinculados a Pemex en ciertos periodos. O se extingue Pemex, o su modelo extractivista, o nosotros todos, incluyendo el ecosistema. No hay lugar para todos.