¿Qué pueden esperar los pasajeros de Magnicharters?

Antes de responder la pregunta, vamos a actualizar lo que está pasando con Magnicharters. El sábado 11 de abril esta línea aérea publicó un comunicado informando que en las próximas dos semanas no iba a dar servicio debido a “problemas logísticos”, y que cualquier queja la presentaran ante la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), por favorcito.

Deben saber ustedes que dos semanas antes de que este comunicado se hiciera público, la “Asociación Mexicana de Trabajadores de Autotransportes Aero-Transportes Similares y Conexos de la República Mexicana” a través de su secretario general Alejandro González Forastieri, presentó un emplazamiento a huelga, en representación del personal de tierra y de estaciones de la aerolínea Magnicharters,

El emplazamiento sirve para poder estallar la huelga y garantizar con ello que los trabajadores sean considerados como “acreedores preferentes”, cuando se liquiden los bienes de la empresa. Un caso similar sucedió con Interjet en 2020, pero ahí los trabajadores estallaron la huelga meses después del cese de operaciones de la línea aérea.

Es importante dejar esto muy claro, porque la gente suele decir -y sobre todo culpar- a los trabajadores que estallan una huelga en un contexto de quiebra, haciéndolos ver como los culpables, pero no, en el caso de Magnicharters no es así (ni tampoco lo fue en el de Interjet). Los trabajadores tomaron esa medida para protegerse y poder recibir los salarios e indemnizaciones correspondientes.

Por eso el día 13 de abril fueron citados tanto el sindicato como los miembros de Grupo Aéreo Monterrey S.A. de C.V. en el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (CFCRL), con la finalidad de llevar a cabo “pláticas conciliatorias”. Y hasta ahora, lo que ha trascendido es que, al personal por lo menos el de mantenimiento y tierra, se les iban a pagar la mitad de sus salarios.

Mientras tanto, los pilotos por su lado sacaron un comunicado el sábado 11 de abril explicando por qué dejaban de prestar sus servicios, al verse vulnerado el Artículo 236, inciso B) de la Ley Federal del Trabajo, donde denuncian un adeudo de 6 meses de pago de viáticos.

Y para ponerle la cereza al pastel, la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), revisó el contrato de concesión de Magnicharters, y aplicando la cláusula de incumplimiento del mismo, pues le acaban de cancelar de forma temporal el Certificado de Operador Aéreo (AOC, por sus siglas en inglés: Air Operator Certificate), e incluso tal cancelación podría llegar a ser definitiva, si los dueños de Magnicharters no presentan a la brevedad un plan financiero viable para la aerolínea.

Tengo 28 años de experiencia dentro del medio aeronáutico, y viví en carne propia el cese de operaciones de una línea aérea (Mexicana de Aviación, en 2010), y he acompañado a varios de mis compañeros en los cierres de sus aerolíneas. Por eso debo decirles a los pasajeros que aún esperan un milagro: no creo Magnicharters vuelva a volar.

Y explico los motivos: actualmente la flota que estaba prestando el servicio de Magni son tres aviones Boeing 737; yo sé que en la página de Wikipedia, de donde muchos copian sin investigar, dice que tienen 12 aviones, pero esa es información falsa, o desactualizada, en el mejor de los casos.

Las aeronaves no son propias, como sucede con la gran mayoría de las líneas aéreas; en la actualidad todo se renta, y esas tres aeronaves son arrendadas a compañías extranjeras, establecidas en Estados Unidos. En ese sentido, es previsible que los arrendadores no tarden en venir por sus aeronaves.

Además, según la Federación Mexicana de Asociaciones Turísticas al día de hoy, Magnicharters le adeuda a las agencias de viajes más de 150 millones de pesos. El Diario Milenio entrevistó a los dueños de Viajes Bojorquez, primos de los dueños de la línea aérea, y declararon que a ellos también les deben dinero, alrededor de 2 millones de pesos, y que tienen a 300 clientes como afectados.

Y no son todas las aristas del caso, falta saber si Magni entrará o no a un juicio de concurso mercantil; hay varios escenarios posibles, la empresa podría hacerlo de manera voluntaria, o podría no recurrir a él, como sucedió con Transportes Aeromar. Otra posibilidad es que sea demandado por un tercero interesado (un acreedor, por ejemplo), como en el caso de Interjet y se vea obligado a comparecer.

Lamentablemente en estos casos, los últimos en la lista de acreedores son precisamente los pasajeros, primero están los trabajadores, luego están una serie de proveedores, y hasta el final los usuarios.

A pesar de que desde el año 2019 hubo reformas a la Ley de Concursos Mercantiles, buscando agilizar la reestructuración de empresas en insolvencia, la verdad es que no se ha logrado. El juicio de concurso mercantil en México ha demostrado que es lento e ineficaz, sobre todo dentro de la industria aérea, y tengo ejemplos para dar y regalar, comenzando con el caso de Compañía Mexicana de Aviación, en el que llevamos más de 15 años sin poder finiquitar.

Aquí debemos detenernos en un punto, en enero pasado la AFAC, después de una auditoria a Magnicharters, encontró que no estaba cumpliendo con sus obligaciones financieras; ¡ese era el momento de parar operaciones! Uno de los grandes problemas a que se enfrenta la industria aérea nacional es que es reactiva, no preventiva.

En 2007, tres años antes del cese de operaciones de Mexicana, los sobrecargos pedimos a la -entonces- Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) una “Verificación Mayor”, para saber si la empresa estaba realmente en quiebra, porque nos habían demandado por un Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica (CCNE). El resultado de la misma fue que Mexicana gozaba de una excelente salud financiera.

Tres años después, gracias a una alquimia financiera de la administración de Gastón Azcárraga, donde cargaba las pérdidas de los hoteles de Grupo Posadas a Mexicana, y las ganancias de esta, las traspasaba a sus hoteles, consiguió la “quiebra fraudulenta” de la aerolínea, y las autoridades (panistas) de ese momento no intervinieron en lo absoluto.

Hoy celebro que las autoridades aeronáuticas correspondientes estén actuando, ese es su deber; pero (sí, hay un “pero” gigantesco) no podemos seguir perdiendo líneas aéreas. Requerimos muchísima más supervisión previa, y no estoy invocando a un Estado totalitario y represor. La verificación debe hacerse antes y no después, cuando el camino hacia la quiebra es inevitable. Estamos hablando de una concesión para utilizar el espacio aéreo mexicano; les aseguro que no es un tema menor.

Sobre todo, por el entorno geopolítico actual, donde el alza de la turbosina está haciendo verdaderos estragos en la aviación a nivel internacional. Recortes de vuelos, de rutas, de flotas e incluso, hay quienes no van a sobrevivir esta crisis energética y van a terminar quebrando, como el caso de Magnicharters.

Sin embargo, el problema en México es que no existen los mecanismos que verdaderamente protejan tanto a los trabajadores como a los usuarios.

Hasta aquí la diatriba; es momento de responder ¿qué pueden esperar los pasajeros de Magnicharters? En realidad, nada, ya perdieron sus vuelos, viajes y su dinero. Bajo las actuales leyes, resulta imposible que puedan cobrar algo, y precisamente en eso nuestros legisladores deberían de ponerse a trabajar, en cómo las leyes no sean letra muerta e inservible.

Porque, aunque se tengan todos los mecanismos jurídicos, sabemos que una quiebra termina llevándose al baile a todos por igual. Es increíble que después de tantas quiebras que ha tenido la industria aérea de México, no se haya analizado qué es lo que hace que las leyes, además de lentas sean “la mar” de ineficientes, y que los trabajadores y usuarios, sean los que salgan perdiendo.

Mientras, los responsables nunca pagan, así se apelliden, Azcárraga, Alemán o Katz, a ellos la justicia no los incomoda y no los toca “ni con el pétalo de una rosa”. Y no son los únicos, hemos tenido casos como el de Avolar, de los hijastros de Fox, que vivieron cinco años del subsidio gubernamental y cuando les quitaron las ayudas, quebraron la línea aérea sin ninguna consecuencia.

Ya es momento de que quienes quiebren una línea en este país paguen los platos rotos, que cumplan con sus obligaciones y no dejen al “garete” a quienes confiaron en ellos: trabajadores y usuarios, principalmente.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *