Gran trabajo de la oposición… construyendo un partido hegemónico
En México, el experimento de la transición democrática no ha sido un éxito. Comenzando porque en los primeros 18 años de alternancia, los ciudadanos no ganamos absolutamente nada. Si nos ponemos a pensar a conciencia, perdimos nuestra paz social por décadas gozada. “Ganamos”, sí, un aumento exponencial de la corrupción en estados y municipios (con la obvia disminución en la calidad de todos los servicios públicos) y solo nos han vendido que ganamos al poder escoger, en las urnas, entre inmundicia A, inmundicia B, C, D, E, etc… ¿Y cuál es el resultado en esa “gran conquista de participar en elecciones libres”?, pues es que (¡oh, sorpresa!) las más de las veces gana… ¡la inmundicia!”. No pocas ocasiones el que más dinero le mete al asunto, con origen estos recursos en poderes fácticos, que al llegar estas administraciones al poder lo hacen con las manos atadas.
¿Que ha ganado, específicamente en su vida diaria, estimado lector, gracias a los tan inflados “organismos autónomos”, tan onerosos y tan poco eficaces para la vida pública del país?
Veamos, si no es por un líder (de esos que nacen uno cada siglo, sino es que menos) como el presidente Andrés Manuel, que ni con nuestra supuesta democracia consolidada pudo (por poco) nunca llegar a la primera magistratura y efectuar los cambios urgentes y posibles, el Estado mexicano seguiría siendo un valiosísimo instrumento para todo tipo de bajezas, remate de nuestros recursos a empresas nacionales y sobre todo, extranjeras trasnacionales incluido.
Así que, abordando luego de largo preámbulo el tema toral de este texto, el hecho de que la extraviada, cínica y torpe hoy oposición en México, vaya trabajando muy bien, pero en su colaboración a que el país vuelva a un sistema de partido cuasi hegemónico, porque es lo que está logrando, los spots de Xóchitl Gálvez provocan hastío en millones. Los traspiés de los dirigentes partidistas, como el más reciente diferendo por la repartición de Coahuila, causan asco. Más aún que indignación, su prácticamente nula suma a acertadas políticas públicas, tienen como resultado un rechazo prácticamente ya generalizado.
Así que al parecer, México se dirige hacia la vuelta de los tiempos del PRI como partido de Estado, donde cabían todas las fuerzas e ideologías y hacia su seno se dirimían diferencias y se equilibraban las fuerzas. Pero donde el Estado nunca perdió su esencia, donde empresarios, clero y crimen organizado y otros, sabían que había una frontera, que después se borró por completo y hoy, de a poco, se recupera.
Entonces, no nos sorprenda ver dentro de poco a Movimiento Ciudadano (ya a veces actúa como tal) sumado al PRI y PRD, tipo lo que eran en tiempos del PRI viejo el PPS y el PARM, con el soso, burgués, corrupto y muy torpe PAN haciendo el juego de TONTO ÚTIL para que México no se mueva de su sitio dentro de los países con una normalidad democrática por sistema, y con Morena partiendo y repartiendo el pastel en el país, pero eso sí, sin un Estado cooptado y tomado por los poderes fácticos, sin la proliferación de organismos autónomos de mero membrete simulador y casi nulos resultados en positivo para los ciudadanos de a pie. Por supuesto que no sería un sistema idéntico al del anterior PRI monolítico, sino que, eso sí, tomando los avances positivos producto de la lucha de décadas, pero eliminando los cambios en retroceso y en perjuicio de la cosa pública en México. Hacia allá es a dónde, al parecer y gracias a una clase política, gobierno durante casi dos décadas y oposición durante un sexenio, se tiene por inexorable destino a corto y mediano plazos.