Xóchitl y los deseos del PRI y el PAN
Dicen algunos medios y comentaristas que los debates no se ganan o se pierden; otros dicen que lo más importante de un debate es el postdebate y el posicionamiento que respecto a él mantengan los equipos de campaña y quienes asesoren a las candidaturas.
Lo que es verdad es que la mayoría ciudadana percibió qué hubo una ganadora del debate: Claudia Sheinbaum. La candidata que se mantiene arriba en las encuestas no descendió ni un ápice y es posible que haya ganado algunos puntos por su desempeño en este ejercicio ciudadano.
Así pues, no será motivo de esta columna ahondar más en los resultados electorales del debate. Pero claro, si hubo una triunfadora, es evidente que dos personas perdieron.
Álvarez Máynez representa a un equipo político que se estrena en una contienda presidencial sin ninguna alianza, Movimiento Ciudadano, con un candidato propio, no tiene nada que perder; gobierna dos entidades y, aunque después de la ciudad de México revisten una importancia mayor, Dante Delgado, el dueño de la membresía, no ha logrado integrar en una sola propuesta electoral a sus dos gobernadores. En el debate Máynez podía darse el lujo de intentar comunicarse en lengua de señas, chiflar o contar un chiste, su participación en el debate ya era ganancia para ellos.
Para Xóchitl Gálvez fue distinto; su participación, absolutamente descolocada da pie a hacer algunas breves reflexiones:
Gálvez, como la mayoría de candidatas y candidatos a estas alturas de la campaña, cree en la posibilidad de revertir la tendencia de las últimas encuestas, alcanzar a su contrincante, rebasar y triunfar, ese es su anhelo, hacia allá encamina su discurso y acción política individual; pero no sólo fue incapaz de articular un discurso único y coherente, además, durante todas sus participaciones su lenguaje corporal, se tartamudeo, su visible enojo y su permanente incomodidad, dejaron ver su impostura como candidata pero, ¿cuál es el deseo de quienes llevaron a Xóchitl Gálvez a competir por la presidencia de la república, cuál es el deseo del PRI, del PAN, del PRD?
El PRI de Alito Moreno, perdió con el Estado de México la joya de la corona priista; sostuvo en una alianza amañada, según Marko Cortés, las gubernaturas de Coahuila y Durango que aun conserva, Sus candidatos fuertes, cómo Beatriz Paredes o De la Madrid, leyeron a tiempo las intenciones de Alito y prefirieron bajarse de la contienda.
Con una campaña trasnochada, que añora los fuertes gobiernos del priismo nacionalista, intentan convencer a los nuevos electores de las bondades de un régimen asistencialista, autoritario y anti democrático.
El Partido Revolucionario institucional, por primera vez desde su fundación, está en riesgo de perder el registro nacional y, por eso, en los spots publicitarios enfatiza el voto por el partido; y no importa si Xóchitl gana o no, hay qué mantener el registro, y hay que ganar los espacios de representación proporcional que la dirigencia encabeza porque de alguna forma hay que mantener los privilegios de lo que queda de esa anquilosada elite.
El PAN de Marko Cortés, pudo apostar por alguna candidata o candidato con más marketing, con más carisma y con menos cola que le pisen, pero Xóchitl era la candidata ideal para dar una batalla que no se podía a ganar pero que le permitirá, sin duda, reafirmar la presencia y el voto duro que el PAN ha construido en los últimos treinta años.
Las intervenciones cómicas y desagradables de Vicente Fox o de Felipe Calderón, no son gratuitas; el PAN le apuesta a volverse el partido republicano de este lado de la frontera, ya no hay temor de esconder los verdaderos objetivos y principios de derecha qué sustentan a Acción Nacional; ya no hay pudor en formar parte de esa ultraderecha internacional que a veces gana espacios en España otras en América Latina y que no abandonara la plaza gratuitamente.
El semblante de Xóchitl Gálvez no es el de una ganadora, es un semblante falso, el de la sonrisa fingida, el de un rostro que busca transmitir seguridad pero que sólo comparte los complejos qué arrastra su incierto destino.
Su semblante, el de la impostura, es el de una candidata que no debió serlo; es el semblante de quien ocupa un lugar por el deseo y confort de otros, no para alcanzar la presidencia, sino por el deseo de otros de mantener sus cuotas y privilegios. Los anhelos de Xóchitl Gálvez no se verán satisfechos, los deseos de los otros seguirán ahí, siendo deseos.