El debate Nuño-Arriaga
El martes pasado, Aurelio Nuño, ex secretario de Educación Pública, y Marx Arriaga, actual director General de Materiales Educativos de la misma dependencia, se enfrentaron en un debate organizado por Joaquín López- Dóriga en Radio Fórmula.
El objetivo de la conversación fue presentar al público los distintos puntos de vista sobre el estado de la educación en México, y cuáles han sido los cambios en la materia desde el inicio de la administración de AMLO, y sobre todo, desde el desmantelamiento de la reforma educativa implementada durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Aurelio Nuño, hoy candidato a diputado plurinominal por el PRI, muy bien puesto y seguro de sí mismo, presentó cifras. Mencionó, entre otros rubros, la caída de la inversión pública en educación en términos del PIB y la disminución de la cobertura general.
También señaló el sentido filosófico de la reforma bajo su cargo, y mencionó el valor de la libertad como eje toral de una transformación en ciernes que chocó contra el muro de las prioridades políticas de unos cuantos.
El ex ministro no omitió, desde luego, las profundas afectaciones impuestas a los docentes tras la abrogación de la Reforma de 2013. Señaló que desde el desmantelamiento de la “mal llamada” reforma educativa, Marx Arriaga y el resto de los funcionarios de la SEP habían devuelto el control de la asignación de las plazas docentes a los líderes sindicales, lastimando a su paso a los valiosos maestros miembros del sindicato.
Nuño no dejó de señalar, como parte de sus argumentos, que Arriaga o el “mal llamado Marx” era un alfil de los intereses del “sindicalismo charro mexicano”, y que habían rehabilitado al sindicato para la movilización política de los docentes en favor del partido en el gobierno.
Arriaga, por su parte, vestido de un color guinda que evocó el partido al que pertenece, intentó sin éxito refutar los argumentos de Aurelio con la conocida retahíla de descalificaciones contra una reforma que era bien valorada por los mexicanos.
Hizo alusión al supuesto plan de los organismos internacionales como el Banco Mundial y la OCDE de buscar la privatización de la educación pública en México, a la vez que aludió al daño que Peña Nieto y su gobierno infligieron al gremio magisterial.
No resulta sorprendente que los propagandistas de la 4T hayan aplaudido como focas la intervención de Marx Arriaga, y que hayan buscado presentarlo como el ganador indiscutible del debate.
Sin embargo, a la luz de los sucesos y del contenido de la reforma de 2013 (los cambios al 3o. Constitucional, la Ley del Servicio Profesional Docente y la Ley del INEE) se concluye que Aurelio Nuño defendió una exitosa reforma que hizo posible, al menos por algunos años, que el Estado mexicano recuperase la rectoría de la educación, en un valiente intento de desterrar las malsanas prácticas de un puñado de líderes sindicales corruptos.
Desafortunadamente, los intereses de AMLO o de personajes como Delfina Gómez, Leticia Ramírez o Marx Arriaga difícilmente coinciden con el interés general de los niños y jóvenes mexicanos.